“Marchan por el Choripán, el legado francés”

(Etimología del término populista, originario de Esquel)

Si bien la tradición conservadora de la Argentina, otrora afín a los golpes de estado, en la actualidad ha evolucionado al menos unos escalones en el entendimiento que a la democracia se la construye entre todos, incluso con aquello con lo cual no sentimos afinidad ni pertenencia, cada tanto suele ser traicionada por su inconsciente o bien darle rienda suelta a discursos cuyo esquemas discriminatorios, raciales y de clase son propios de una pieza fotográfica vintage digna de un museo de historia, pongamos el caso la desafortunada frase:

“Marchan por el Choripán”

Es responsabilidad de quienes han tenido la oportunidad de cultivarse en los claustros universitarios intentar compartir, acercar o en el mayor de los casos educar al ciudadano republicano que se precia de tal, pero que no pudo acceder al conocimiento adecuado, por ende y en pos de lograr la unión de los argentinos en su maravillosa diversidad es que considero necesario socializar el carácter civilizatorio, sublime y honroso del origen de la frase anteriormente mencionada.
Situados a principios del siglo XX, en los albores del nacimiento de nuestro pueblo, Esquel, llegó a este rincón de la Patagonia el científico y sociólogo francés, Marchand Boel Shoripuan, quien culminó su tesis doctoral en nuestra comuna consiguiendo el Nobel, por un lado el relación al logro científico y por el otro el galardón al máximo exponente en defensa de la paz.
Trasladamos sintéticamente el bosquejo del manuscrito que Marchand Boel Shoripuan con el cual describía su maravillosa invención:

“…Si imaginamos la sociedad, cualquiera de ellas, por caso nuestro querido Esquel, pensemos en un espacio geográfico determinado por donde un conjunto de individuos, familias, de distintos sectores ideológicos , etnias, edades y condiciones sociales. Este territorio lo vamos a delimitar en este envase natural o piel transparente que va a contener sus ingredientes, es decir, sus habitantes con sus diversidades, llámese carne, trozos de grasa, más los condimentos que vendrían a ser las circunstancias socio políticas de una época como así también las vicisitudes foráneas que influyen de un modo u otro a esta comunidad. Tenemos entonces a la sociedad en su conjunto expresada en esta especie de tubo de ensayo un poco más gordo que el conocido y utilizado por la ciencia.
Hasta acá mucho no nos dice, pero para ahondar en esta teoría, debemos colocar al elemento que hemos fabricado sobre un sostén que permita dejar llegar desde abajo el calor del fuego, entendido éste como el calor de la vida. Podremos notar que al calor de la vida, nuestro tubo de ensayo comenzará a hervir por dentro precipitando el cruce e interacción de los jugos gastronómicos, grasa, carne condimentos, generando un acontecimiento ulterior mucho más elevado socialmente que las partes o individualidades que la componen. Dicho en pocas palabras, si una sociedad comprende su complejidad, no descalificando ni discriminando al otro, sino todo lo contrario, entendiendo que el otro construye el yo y el nosotros, habremos desarrollado nuestra democrática calidad de ciudadanos que a veces nos sitúa en un extremo de ese menjunje, en otras al medio y en ocasiones hacia la otra extremidad, pero que la transformación de las inequidades se logran entre el trabajo y el esfuerzo de una sociedad que debe incluir en sus diferencias y no excluir en pos del prejuicio.
Para terminar y no aburrir al lector con mi insolvente tesis, traigamos a colación los recientes acontecimientos de la guerra entre el Norte y el Sur en los Estados Unidos, imagínense que un trozo de pan por encima de este objeto cuasi gastronómico que hemos creado simboliza el pensamiento ideológico del Norte de aquel País y a la inversa, el pedazo de pan que sostiene el tubo cárnico corresponden a los del Sur. Tenemos, entonces, la base y contención de un producto que nos permite obtener como punto de partida una tensión ideológica contrapuesta apretando a una sociedad diversa en constante conflicto de intereses, pero que si ponemos la lupa en que cada uno de esos componentes son vitales más allá de sus posiciones sectoriales, deberíamos bregar por el desarrollo de cada uno de ellos para lograr la óptima realización de un exquisito producto filosófico y gastronómico y por ende un objeto de referencia filosófica y política…”

Así fue que Marchand Boel Shoripuan expuso su teoría, fue premiado con el premio Nobel y distinguido por centenares de universidades y mandatarios de todos los países del planeta y el pueblo de Esquel, a su llegada honrosa, salió a las calles a festejar, coreando el nombre del científico a su manera:

“¡¡¡¡¡Marchan por el Choripán…Marchan por el Choripán,…Marchan por el Choripán…!!!”

Cocinando esa invención del francés en las calles, con mucho humo, música y vino para honrar la Paz, el Amor de y hacia todas las personas del pueblo con la convicción férrea que hay que trabajar por la inclusión y la igualdad de oportunidades sin distinción alguna.
Dicho esto, creemos que aquellos (muy pocos ya en el siglo XXI) que tergiversan la historia y las palabras y utilizan la frase “Marchan por el Choripán” para discriminar, estigmatizar y descalificar no sólo están faltando el respeto a Esquel y su historia, sino también al esfuerzo y al trabajador que, como Marchand Boel Shoripaun, dedicó su vida a honrar la dignidad del ser humano.
De este modo, resignado el francés Shoripuan, ante la insistencia de los esquelenses, esgrimió la lucha en favor de los desclazados y los trabajadores bajo el lema que los opresores descalifican como populistas, pero que Esquel y sus luchas reivindican como un faro de lucha, igualdad y libertad:

«Trabajadores de Esquel, Patagonia y el mundo, unios en pos de la revolución, sean junto a nosotros los que Marchan por el Choripán» 
(Marchand Boel Shoripuan)

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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“El humo cósmico del Loco Mario”

(Leyenda patagónica)

En las tardes de verano, cuando el sol se calza el pijama, los abuelos y abuelas en los barrios Ceferino y Estación de Esquel, suelen juntarse con sus nietos y caminar hasta las esquinas menos concurridas. Se sientan orientados hacia el oeste, observando el ocaso.
Cuando las primeras pálidas estrellas asoman el cogote a los lejos de lo lejos, cuentan a sus nietos que cierta vez, cuando Esquel mantenía el misterio de los pueblos, existía un hombre. El Loco Mario, le decían los chicos que se burlaban de el, como así también las señoras de tapado de piel por fuera y por dentro que cerraban las persianas a su paso.
Todas las tardes, en silencio, en la hora que establece la frontera entre el día y la noche, El Loco Mario caminaba las veredas de la calle principal del Pueblo en dirección del Cerro La Cruz. Trepaba con la agilidad de un gato rengo las rocas y se sentaba en una de ellas a fumar un cigarro grande, desprolijo, sucio. Sólo miraba – como si esa acción no fuera por si misma la vida – y fumaba.
El humo espeso danzaba en derredor del Loco Mario, lo abrazaba suavemente y ascendía en dispersos movimientos hasta confundirse con el cielo de luz breve. Cuando el cigarro moría, causalmente o tal vez casualmente, la noche cobraba su señoría y se erguía dueña de sus súbditos.
Entre el humo y la noche, todas las tardes, el Loco Mario desaparecía para retomar el día posterior su peregrinación circular y rutinaria.
El progreso, la adrenalina de estos tiempos conspiran contra las leyendas y los mitos, como así también contra la observación y la magia. Pero estos abuelos y abuelas del Barrio Ceferino y Estación aun mantienen una secreta tradición; enseñarles a sus nietos a observar las rocas del Cerro La Cruz con prudencia zen.
Los niños más poetas y osados logran distinguir de tanto en tanto, entre las piedras, la silueta de un hombre que se confunde con el color del suelo, la noche y un humo casi impenetrable.
La tradición oral de esta leyenda en Esquel, sólo reservada para los poetas y alquimistas guarda en su interior el secreto que, en rigor de verdad, día tras día, tarde tras tarde, ocaso tras ocaso, El Loco Mario era el Duende encargado de la difícil tarea de crear con el humo de su cigarro la noche cósmica.
Cuando la magia vuelva a ser el lenguaje de las calles y los vecinos, todas las tardes volveremos a ver al Loco Mario caminando hacia el Cerro La cruz para reiniciar su labor misteriosa.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Asombroso”

Las sombras no sobran, pero si asombran, las sombras no zozobran, pero asombran las sombras, a veces usan sombreros y nos asombran las sombras, a veces, son sombrías y nos asombran las hijas de las sombras son las sombrillas que asombran.
Sobre las sombras sobran pensamientos y narraciones, pero esto los asombrará, la sombras no ensombrecen ni son sobrenaturales, las sombras guardan cual sobre cerrado el misterio de nuestro inconsciente, de nuestro pasado, nuestros miedos, miserias y dolores y secretos más íntimos.
Quien pierde o confunde su sombra con la sombra de otro, y sobre eso no se asombra, sobran motivos para pensar que hasta la mismísima sombra se asombra de la oscuridad de su asombrador y huye despavorida para buscar protección en sombras más responsables de sus propias sombras.
¿Asombroso, no?

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Dulces miradas”

En la esquina de una de mis pupilas hay un puntito rojo.
Al principio me asusté, pensé que se trataba de una pena que se había desangrado esperando que el mimo de un pañuelo la rescate, pero al cabo de algunos días sin sol y algunas noches sin luna, finalmente comprendí, se trataba de una frutilla muy pequeña, minúscula.
Quise limpiarla con agua, pero se aferró a las pestañas, la froté con un pañuelo, pero se abstuvo de subirse.
En la esquina de una de mis pupilas hay un puntito rojo. Es una frutilla muy pequeña. Minúscula.
No me molesta la frutilla, sino todo lo contrario, me ayuda a ver las tristezas con más dulzura.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Carta de Julia Roberts a Calaverita Mateos”

New York, 3 de julio de 2018

Amado, Calaverita…

Te escribo desde New York, precisamente desde la suite presidencial del hotel Hyatt, tirada en la cama jugando al jueguito ese que me enseñaste aquella noche mientras dormíamos cerca de Gualjaina que consistía en hacer rollitos con las pelusas que se juntan en el pupo, meterlas en la boca y hacerlas más compactas con la saliva, para luego escupirlas y embocarlas en los vasos.
Te extraño tanto, tengo tantas ganas de verte que anoche mientras cenábamos con Tom Hanks, Steven Spielberg y Catherine Zeta Jones, me di cuenta que ésta guacha turra contaba que había tenido un affaire con vos en un viaje de pesca al río Corinto cruce con el camino que va al lago Rosario, que fueron a juntar bosta de vaca para prender fuego al lado de la carpa ya que los jejenes les estaban picando hasta el ojete, sólo para darme celos, pero yo apropósito les conté a Spielberg y Hanks como nos conocimos y la razón de mi amor eterno e incondicional hacia vos.

“…Año 2001, plena crisis argentina, yo andaba por la Patagonia como embajadora de UNICEF y me mandaron a cubrir la vida de los pueblos más recónditos y decidieron llevarme para el lado de Piedra Parada donde me decían que encontraríamos rastros de las antiguas formas de cazar de los habitantes locales. Promediando el viaje, a unos kilómetros del destino se nos cruza por delante de la comitiva internacional en frente de la fila de camionetas un hombre, calzoncillos a la altura de los pies y desde su entrepierna un cacho de cuero estirado hasta el cogote de un choique que corría a unos 60 kilómetros por hora arrastrando al pobre individuo. A los 330 metros el ñandú cae rendido y el personaje que lo había atrapado llega a su lado y empieza a proferir cánticos aparentemente ancestrales en modo de agradecimiento a la tierra madre…”

Maravillosa historia y como sigue, Julia, preguntó Steven Spielberg:

…Nos acercamos hasta al lado del cazador y la presa junto a un traductor de la lengua esquelense que es muy compleja y requiere de técnicos específicos, y mientras aquel hombre, hoy mi hombre vociferaba, el traductor realizó su traducción simultanea:

“…Ma qué caza ancestral ni que ocho cuarto, gringos pelotudos, no se dan cuenta que no es ninguna boleadora la que se le enganchó en el cogote al choique, sino que es mi huevo izquierdo y me viene arrastrando desde hace una legua el concha de su madre y no cayó rendido al piso, sino que yo estaba tomando sol solamente con el calzoncillo puesto y el bicharraco del orto quiso meter la cabeza en un hoyo para descansar y la metió por debajo del calzoncillo y al asustarse salió corriendo con la mitad de mi par testicular hecho un lazo en su cuello, por supuesto ustedes imagínense que después de una legua de oler ese testículo sin orear te fulmina si o si…”

Increíble, si me permiten tomo nota para guión y vos Steven me producís la película, dijo Tom Hanks, mientras bebía una botella de caña con ruda de Momi Pugh

Bueno, mi Calaverita, luego de la cena ellos se fueron a terminar de cranear la película y financiamiento de la misma que hablará de tu vida, mi vida y nuestro amor desde las tierras patagónicas, y yo me quedé recordando aquella noche luego del fortuito encuentro en la meseta. Recuerdo que Rodrigoo Espinosa nos llevó hasta lo de su abuelo Martín Moncada, donde pernotamos y yo a la noche te puse el huevo izquierdo a remojo en agua y después te lo encremé con betún de perca del río Chubut y te lo envolví en cuero de piche, que según la medicina ancestral sirve para reponer dolores de bolas.
Al día siguiente me desperté y en los azulejos del baño escrito en un amarillo color pis estaba el poema que selló mi corazón a tu corazón y por el cual te busqué hasta lograr que seas mi pareja y futuro marido:

“Oh, Julia, luz de la Patagonia tu eres mi anhelo
encontrarse nuestras almas era en la historia un hecho
te agradezco curarme el bochín de cuero con pelos
Me voy al campo a ver si encuentro el derecho”

Bueno mi gordito como ñaco seco con azúcar, desde esta inmensa y fría habitación de un hotel de la gran manzana en Estados Unidos, te mando mil besos, cien caricias y cincuenta frotadas de huevo por si aún te duele el que enguachó al choique y otros cincuenta al que recuperaste atado a un alambrado y que lo cociste con tanza de pesca.

Te ama hasta el fin de los tiempos, tu gringa bocona, Julia Roberts….

– fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Calle pena, barquito coraje”

En Esquel, en el Barrio Estación, cerca del tanque de agua de la Cooperativa, existe una calle. Mejor dicho, un pasaje sin nombre. Su extensión oscila entre los cien y los doscientos metros dependiendo de la temperatura ambiente.
El Pasaje tiene una inclinación, una pendiente que desemboca en una gran avenida. A los pies de los cordones constantemente circulan dos hilos de agua. Uno por cada cordón. El agua aparentemente es salada y no se debe aninguna perdida ni desagote.
Las breves corrientes son en realidad, las lagrimas de los hijos y nietos que no alcanzaron a conocer o a despedir a sus padres y abuelos fallecidos.
En las tardes de sol o de lluvia, los niños de Esquel tienen permiso para subir solos hasta el barrio Estación, caminar hacia arriba el pasaje sin nombre. Una vez arriba, escriben una carta para el abuelo o padre que no tuvieron la gracia de conocer. Les cuentan los nombres de los compañeritos de escuela, las travesuras en los baldíos de sus respectivos barrios, los goles convertidos el fin de semana pasado y los primeros amores que nacen ya.
Con la misma construyen improvisados y simpáticos barquitos de papel y los depositan en los hilos de agua salada al borde de ambos cordones.
Los barquitos navegan hasta desembocar en la gran Avenida, cerca del tanque, y se pierden en alocado descenso sobre la superficie del río de lagrimas que pretenden hablar a los seres queridos que ya no están.
Gracias a esta calle, los niños de Esquel no lloran en vano.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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«Dúo Folclórico Los Novas & Castillo»

Tiemblan los músicos folclóricos de la Patagonia, se armó el dúo folclórico Novas & Castillo. Este es un mensaje para el CalidezCultural Alejandro Sbil y Raices Esquel…qué se preparen las peñas que en algún momento Claudio Andres Castillo y Francisco Novas arrasan con todo, eh!!! Gracias Claudio y Club Alocaditos!!!
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