“El ajuste de la dignidad”

(Dedicado a los Jubilados que siempre son olvidados)

Plaza de barrio con fiaca bosteza sus memorias en las cortezas de sus árboles memoriosos y en esa isla asediada por el oleaje de concreto, un viejito sentado en el banco mastica los primeros rayos del sol, bebe los silencios que hablan, observa una flor entre sus manos, mientras una lágrima que enjaula broncas sin estallar le galopa sus mejillas aradas por el tiempo. Sostiene con firmeza el tallo, aprieta los labios y traza en el aire un esbozo de la carta que le dejará a su nieto en el arbolito de navidad enroscada a un antiguo frasco de vidrio lleno de bolitas coleccionadas desde su niñez:

“Pocho, anoche fui a visitar a Papá Noel y le pedí permiso para dejar en el pinito un regalo mío para vos en medio de los suyos y me dijo que si. Leí tu carta Pochito, bicicleta de cross, una cosa de esas que le llaman tableta donde juegan a los juegos electrónicos, creo que tableta le dicen, o algo por así. Seguramente el panzón barbudo tendrá alguno de esos deseos en su bolsa gigante de regalos; pero yo quería obsequiarte unas cositas que son parte de mi niñez que aún me habita cuando sonrío al verte. Te juro por el recuerdo de tu abuela que quise comprarte alguno de tus pedidos a Papá Noel, pero estrujé la billetera y no tosió ni una moneda, fui al banco a ver si en el rincón oxidado de mi cuenta de jubilación se agazapaba algún pesito, pero el cajero me miró y en su voz que parecía atada a un nudo de la garganta me dijo que el saldo era cero y según altas autoridades había una decisión de bajarnos aun mas lo poco que recibo mes a mes luego de haber trabajado más de la mitad de mi vida levantando con mis manos llenas de callos las paredes de las mansiones de los que hoy me niegan la dignidad.
Espero que no pienses que no quise regalarte juguetes más caros, realmente no puedo comprarlos, es por eso que quise dejarte mi colección bolitas que conservo desde mi niñez, son lo más lindo que atesoro para recordar los años que ahora son tus años”.

En ese mismo momento, en su cuarto, debajo de la cama, como ocultándose de espías caseros, Pocho escribe su cartita a Papá Noel con lápiz negro en el interior de un papel de alfajor Jorgito:

“Señor Papá Noel, este año le pido dos cosas, quiero tener la fuerza de Superman, quiero volar alto alto hasta las casas gigantes como castillos con paredes altas como los arboles grandes, donde viven esos señores malos con cara de sapo vestidos como robot con corbata y que no se rien y miran enojados, quiero entrar sin que me puedan detener y sacarles sus chanchitos alcancías donde tienen la plata que le sacaron a mi Abuelito; y así le devuelvo a mi Abuelito lo que los señores casa de sapo le robaron, mi Abuelito va a estar mejor, va a tener los remedios para su nana, va a comer alfajores como yo y va a sonreír más y capaz que me pueda regalar su colección de bolitas que tiene escondido en la alacena de su cocina y así, practicando y jugando con esas bolitas de colores capaz nomas que cuando sea grande pueda ser tan fuerte y bueno como mi Abuelito que es mucho más mejor que Superman”

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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“El bajo que habla”


En el año 2013, Auditorio Municipal de Esquel, en un esfuerzo en conjunto logramos traer a este fucking power trío cordobés Sur Oculto quienes brindaron un recital tremendo junto a ChamaneS.
Aquí una impro de este monstruo del bajo, el amigo Seba Tevez haciendo pasar al bajo por todas las emociones posibles.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“El viento patagónico”


Como una tos universal, esa patota de aires prepotentes me pasó a llevar silbando heavy metals con el filo de las hojas de los arboles de mi barrio, y en mi descuido somnoliento me arrebató dos recuerdos de desengaños, un viejo amor del que no recuerdo sus besos y un no quiero ser tu novia en la vereda del cine Coliseo. Pero el mismo viento musculoso, sin pedir permiso, dejó enredado en el maitén de mi jardín, un par de historias de amor con final feliz que le devuelven al viento patagónico su razón de ser.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Bariloche no esistí, el Chocolate en rama es de Esquel”


Durante décadas en Argentina se creyó que el chocolate en rama era invento de los ciudadanos de Bariloche, pues bien, en esta foto está el verdadero creador, Calaverita Mateos quien recomendaba saborear el chocolate de la siguiente manera hace más de un siglo; fumarse un porro de orégano escandinavo, colgarse con la pera de un árbol alto y sostener las gambas en el aire, mientras se recita el poema:

“Chocolate en rama”

Patagonia, tierra mística de nieve, viento y frío
si estás sola y tu calor es el que me llama
observame, corazón, que vengo sin calzoncillos,
pero entre las manos esta barra de chocolate en rama

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Las miradas de mis ayeres”


No me miren, ayeres…permitanme que el mañana gire su huidiza mirada sólo una vez hacia mi, que tus calles sean mis calles, que tu amanecer sea mi amanecer, que los ojos que simulan no verme para no verse se animen a ser reflejo carne en el espejo de los perjuicios trizados.

(Basado en una imagen de Senovia, tomada por la Fotógrafa Veronica Moyano)

Calaverita Mateos (Esquel)
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