«Los zapatos de mi abuelo”

Están ahí, masticando el polvo de los años, tosiendo melancolías, como inquilino vitalicio del galpón de atrás de la vieja casa. No mendiga luz ni reclama una posición más favorable, como queriendo decirnos que junto a las herramientas en la mesa de madera dura prefiere la compañía del obrero a los privilegios de esa nueva cortadora de césped automática reluciente.
Las arrugas de la piel son el mapa de los fríos ríos patagónicos cruzados a pie y los pechazos a los tobillos que las rocas celosas de las montañas le demostraban en su celosa custodia del bosque. Los cordones ya tiraron la toalla y muerden la lona, sólo mantienen la comunión con los pequeños ojales sujetando con esfuerzo añejo el porte estoico de los señores de los caminos.
Cada vez que abro la puerta de lata vencida del viejo galpón de la casa de ladrillos, son los primeros en verme fijamente a los ojos entre tantos bártulos y recuerdos con telarañas, como queriéndome decir, pichón, vení , vamos a construir un coche de madera con rulemanes de camión y vamos a ser los Fangios del baldío de la cuadra.

“Dos Macetas con Pincel”

(Maradona, la subversión del deporte y el arte)

De tanto en tanto, Doña Parca acierta un guadañazo y se lleva consigo algún wacho o wacha de esos que pasan por la vida con ganas de jugarle una pulseada a la trascendencia; pues bien, por estos días anduvo con puntería la muy turra y nos pungueó los rulos más queridos de esta enrulada Latinoamérica.

No voy a entrar en análisis sociológicos, políticos ni morales, creo que en el chabón de Fiorito habitaron las mismas virtudes y miserias de la ensalada humanidad, pero potenciadas con un acoplado y medio de TNT. Aunque me voy a permitir rascarle el lomo a las palabras, para que se desperecen de aquello que nombran y nos devuelvan un cacho del más allá de sus mismas significaciones.

Diego Armando Maradona ejerció de manera única, tal vez irrepetible, la subversión de los términos contemporáneos “Arte” y “Deporte”, por un lado zapateando un chamamé sobre línea divisoria entre estos dos compartimentos aparentemente estancos, logrando que sus piernas, esas dos Macetas con Pincel, en lugar de botines, esgrimieran con desfachatez sobre el lienzo rectangular de pedregullo y más tarde de césped, trazos que gambeteaban por momentos las duras instrucciones de las leyes físicas  y en otras ocasiones generara posibilidades fácticas desde las imposibilidades abstractas del razonamiento de quienes aún andamos haciendo pan y queso para ver quien elige primero los compañeros de equipo en un picado.

Esas dos Macetas con Pincel permitieron de manera gratarola acercarnos el sentido de la estética y la belleza del cuerpo en comunión simétricamente equilibrada, salvo cuando algún medio de comunicación con la panza gorda y el culo sucio, metía el hocico en la pantalla y garroneaba la accesibilidad a los partidos donde el Diego dibujaba sus cuadros.

Estoy convencido que esas dos Macetas con Pincel, eran capaces de cancherear la ostentación de ese ramo de dones que le tocó en la repartija y abonados con laburo de sol a sol, al tener  también otra cualidad extraordinaria, la de poder, cual dron,  despegar del cogote su privilegiada capocha y hacerla planear o colgarla de algún gancho invisible del cielo y, desde allí, calzarse los calzones de un Kasparov o Bobby Fischer para chusmear la cancha como si se tratara de un observador foráneo de la partida, pero con el joystick conectado al desarrollo del juego.

Se fue Diego Armando Maradona y con él, dos Macetas con Pincel que sublevaron los conceptos de Arte y Deporte. Como dije alguna vez, Borges, el cieguito volador, es una herramienta infinita para desactivar el ingenio y la imaginación al servicio de las mayorías. El Diego es, también, otra de nuestras herramientas latinoamericanas para derribar los cánones y limites que otras perspectivas culturales diagraman, expanden e instalan como verdades y encuadres de lo posible.

Dos Macetas con Pincel nacieron desde donde el barrio se subleva y, desde esa orilla de las orillas, gambeteó el positivismo occidental desde su adoctrinamiento racional y hegemónico, mirando el todo desde las piernas y éstas reescribiendo en perfecta sincronía con una lengua compleja que se expresa a través del oficio del cuerpo, la mente, el espíritu, plasmando un sentido de la estética que logra hacer tambalear el podio de lo establecido, brindando el canal para reescribir la historia desde las páginas del deporte, del arte, del pensamiento mismo que emana de esas dos esferas que fueron usadas por las Dos Macetas con Pincel crear un planeta que recién empezamos a descubrir.

Fin

Ilustración del gran Costhanzo, basado en el gol a los ingleses con relato de Victor Hugo Morales.

“La Meseta Patagónica y el Todo o Nada”

(Una deconstrucción para un No a la Mina)

Las cosas, desde las más simples hasta las más complejas, están ahí por sí mismas y también, desde otra perspectiva, porque las palabras las nombran. En esta ocasión pido permiso para aferrarme a esta última teoría, con la salvedad que estos rústicos decires que usted leerá están ayunos de las amorosas e infinitamente útiles herramientas del pensamiento histórico académico, sólo un puñado de miradas con horizontes sin horizontes (Como la mística Meseta me enseñó a ver), que van moldeando las palabras con la gubia del viento y la esperanza del tiempo sin tiempo, con el cual la Meseta también me educó y me educa.

Desde pequeños fuimos edificados desde los dispositivos de los “pensamientos oficiales” en algunos términos, frases que, al pasar, parecen ser simples, inocentes, pero podemos rascar en la superficie e intentar observar desde que posibles fuentes abrevan algunas, más precisamente una de lo que a mi humilde entender es la que más ha calado en una gran parte de la tradición perceptiva occidental, prisma hegemónico a través del cual se construyó un ideario colectivo sobre la región patagónica conocida como Meseta:

“En la Meseta patagónica no hay nada, es un desierto”

Para mi insolvente entender, dos variables (Entre otras) operaron aquí. Por un lado, el canon occidental, tal vez con gran influencia del capitalismo,  por el cual la estética, el goce y “lo mejor” está determinado por la acumulación, cantidad y ostentación. ¿Quien puede negar lo bello, extraordinariamente bello del paisaje cordillerano patagónico?  Su desbordante fuente de vida, espejos de agua, bosques, que nos hace sentir la sensación de vivir en esos clásicos de la literatura fantástica europea.

Ese magnífico escenario del cual nos enorgullecemos de vivir, donde vivieron nuestros abuelos, padres y donde nosotres hemos elegido parir nuestos hijes ha sido históricamente tomado por el marketing turístico como el espacio visible hacia el turista como la “imagen de la Patagonia”, obviando las otras realidades geográfico históricas tales como la mencionada “Meseta Patagónica”. Por suerte, desde hace un par de décadas , algunos locos y locas han desarrollado una tarea muy solitaria, sumando a la ya preexistente propia mirada de los pobladores originarios y rurales, poniendo una lupa, un micrófono, un altavoz para intentar doblar el canon occidental de lo “bello, lindo, majestuoso, estético, productivo, histórico, etc” interpelando el ojo hegemónico, para que éste se permita ver, desplegar, ampliar y disfrutar de otras posibles percepciones de las realidades circundantes.

Volvemos unos pasos atrás y tomamos por un ratito dos téminos: “Desierto” y “Nada”. Por un lado, la categoría desierto alude, en gran parte del imaginario creado por los dispositivos culturales occidentales, a un espacio geográfico hostil, improductivo, casi invivible. Por otra parte, el término “Nada” nos coloca frente a un escenario vacío, carente de vida, historia, objetos inertes y objetos vitales, pasibles de ser “llenados” de cualquier forma.

Bien, estas dos simples palabras, conjugadas en un engranaje “marketinero” desde los poderes reales, permitió llevar adelante con la mal llamada (Uso claro y tendencioso del lenguaje) Campaña del “desierto”, que como ya casi todes sabemos, se trató de uno de los genocidios y robo más brutal conocido hasta el momento, arrasando con gran parte de la vida e historia de las naciones preexistentes al estado argentino y, curiosamente, allanando el camino para que intereses económicos foráneos, linkeados con poderes entreguistas locales, pudieran desarrollar sus intereses productivos precisamente en esas supuestas tierras improductivas.

Para no aburrir, por último tomo la palabra “Nada” con la que se describe de tanto en tanto la Meseta patagónica. Aquí, no voy a ahondar en detalles ni observaciones históricos, sino una simple invitación a que usted imagine lo que, quien aquí escribe junto a sus hijes y compañera, pueden observar en un simple paseo, entre tantos otros que venimos haciendo hace décadas, atesorando amistades de familias originarias y pobladores rurales que nos han tallado en una deconstrucción por la Meseta Patagónica, que no para de sorprendernos, de crecer, de desplegarse constantemente ante nosotres en una infinita serie de sorpresas que se multiplican sin cesar. Por ejemplo, esta “Nada” desde una simple ventanilla de un auto o de una breve caminata nos permite observar, más allá de la ganadería de los pobladores. Entre otros,  paisajes y colores en una geografía que hipnotiza, entre cañadones rocosos, sierras pintadas naturalmente por una gama de colores que no cesan y planicies que nos educan en el horizonte de las posibilidades. cóndores, jotes, águilas, halcones y una variedad inagotable de ave, también  chinchillones, choiques, reptiles de varias especies, pumas, guanacos, decenas y decenas de insectos, peces diversos en su columna vertebral liquida llamada Rio Chubut, como en sus arroyitos e hilos de agua dispersos por su extensa geografía. Súmele a esto una conjugación de materia prima, entre la originaria y la producida por sus habitantes,  la  que he tenido y tengo la suerte de disfrutar cada vez que voy, entre otras, legumbres, cereales, hortalizas y verduras de las más variadas, uvas de viñedos que prosperan, guindas, cerezas, frambuesas; tengo aun el sabor de las sandías, melones y no muchos saben, el placer de comer kiwis (Aparentemente solo aptos en el caribe) y podría seguir así durante horas.

“En la Meseta patagónica no hay nada, es un desierto”. Parafraseando la actualidad, qué “fake news” tan instalada que ha permitido hacernos creer que ese espacio geográfico histórico puede ser llenado con cualquier cosa y a cualquier costo. 

Bueno, disculpe si lo aburrí con este planear por estos sentires y decires de poca monta que, no tiene otro humilde objetivo que contribuir a deconstruir, al menos un poquito, esa construcción cultural que han realizado estratégica e históricamente sobre un rincón del mundo tan, pero tan rico, ocultando sus mismos potenciales, para no permitir que lo llenen con cualquier cosa y que esa cosa se lleve lo que ocultó, para dejarnos de ese modo una verdadera “nada” y “desierto”, que no podamos disfrutar desde nuestra expansión del Ser, nosotros y nuestras próximas generaciones.

⛱Proyecto Punta Lashot De’Jara⛱

☀️Vacaciones gratis gracias a Benetton☀️

Proyecto «Lashot De’Jara», para pasar el bajón de la pandemia, este año seguramente la inteligencia y compromiso con la comunidad, el Gobierno de Esquel y la provincia de Chubú ya están llegando a un acuerdo con el solidario y bondadoso Benetton para recuperar el acceso público para los vecinos y vecinas de Esquel, Nahuelpan y alrededores, tal como lo hacíamos en la niñez, disfrutando de la pesca, remo, caminatas, en un entorno bello, rodeado de una Flora y fauna maravillosa.
Proyecto «Punta Lashot De’Jara», seguramente la capacidad anticipatoria e imaginación de los gobernantes de Esquel y Chubú, ya le deben haber puesto los puntos en claro con firmeza al generoso empresario Benetton que por encima de la propiedad privada y los intereses foráneos está el bien público y la salud de la población y claro está, la amabilidad y empatía de Benetton entendió inmediatamente.
Seguramente en pocos días el entusiasta gobierno de Esquel y el progresista gobierno del Chubú nos darán la grata sorpresa que, para contrarrestar la merma de turistas que, en tiempos de pandemia, mermaran sus viajes a otros puntos, dispondremos de manera gratis y pública a la laguna Esquel, cerca del Aeropuerto de Esquel, como así también a otros espejos de agua gentilmente alambrados y regados de tranqueras y de esta manera descongestionar los puntos de recreación cercanos a nuestra ciudad.
Proyecto «Punta Lashot De’Jara» para el acceso público a los espejos de agua en nuestra región⛱

🎬El Resplandor se filmó en Esquel🎬

Es poco conocida la historia de amistad entre Calaverita Mateos y dos íconos de la filmografía universal, @stanleykubrick y Jack Nicholson. Menos conocido es el hecho que una de las escenas más emblemáticas del clásico «El Resplandor» de Kubrick fue filmado en Esquel y se conserva una imagen que luego daría forma al emblemático afiche de la película. Aquí el recuerdo de Jack Nicholson:
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«…Veniamos con Jack Nicholson y Calaverita Mateos de comer un asadaso de capón con cerveza @cerveceriacerro21 de la casa de Matías Carelli, que me jodia con que filmemos una película de un loco en un hotel de montaña, lo que me parecía que no era buena idea, pero de repente en el auto Jack y Calaverita se arman un porro del tamaño del grone de WhatsApp hecho con hojas de lenga y se lo fuman de una pitada, quedando del bonete, entonces estacionan el auto en la puerta de la iglesia Sagrada Corazón de Jesús, Jack desciende con Calaverita e ingresan con los pantalones bajos y sin calzoncillos al grito de – Aquí vengo con esta ostia en rama para rezar mientras bailas la bamba – despertando la lógica ira del cura que los corre a calizasos, es entonces que al salir corriendo por la puerta de la iglesia capturo esta foto de los conch’ supico que sería la portada de El Resplandor…»
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Es así que gracias a Matías Carelli, un ícono del cine se inspira en Esquel para filmar un clásico del cine de todos los tiempos.

🌈La mirada de aquellos lápices🌈

Aquellas maderitas flacas con narices puntiagudas de grafito, maquilladas con la piel del arcoíris; usinas garabateras de monstruitos peludos, peces voladores y palomas submarinas.
Maderitas flacas, qué manera de pelarte cual cáscara de cebolla hasta ser un enanito con el culo mordido en la espera de la inspiración y la napia fatigada de sembrar imaginación en las pampas blancas.
Hoy amaneció con un día bello, colorido y aunque no soy creyente, me huele que hay un coso que qué se yo que cosa es que se levantó por este rincón del mundo con algunas maderitas flacas aquellas a pintar amaneceres para mi

«Pasión por los cachirulos»

Conversamos para Nacional Esquel con Ivan Dell un esquelense fana de los «cachirulos» (como el llama cariñosamente a los autos antiguos), que acaba de comenzar a concretar un gran e innovador sueño, combinar su pasión por los fierros en un nuevo taller de mecánica rápida o express llamado VamosMaik Garage. Vemos en el fondo del taller a Julio César Calvo dandole el toque final a la pintura del logo del taller. ¡Suerte, brodi lovi!

🧠❤Danza del zurdo y la croqueta❤🧠

¡Qué lo parió, compadre! Aunque quisiera esquivarle al bulto, el conchisumá me precede, me construye, me ubica en el universo a través de sus infinitos tentáculos perceptivos.
Es así, boló, no voy a las letras, las músicas, las diversas expresiones del arte, ellas cohabitan esta carrocería con óxido en los engranajes de la sociabilidad, son los pueblitos, provincitas y paicitos en constante nacimiento, fundación y ocaso, como comunidades dinámicas y efervescentes que necesitan, de tanto en tanto, evacuar el entripado de sus sentires con lengua a la vinagreta y sus pensares con champagne extra bruto. Como una usina bullanguera en la parte de atrás de la ciudad que fabrica posibilidades existenciales, precisamente, para tirarle una soga a la existencia y no dejarla renga de versos en su metafísica y absurda milonga vital.
¡La concha del mono! Qué manera de escribir pelotudeses más arriba, pero bue, como pa redondear, lo que quiero decirle a usted, señora psicoanalista y a usted, señor abogado, es que cada molécula de mi insolvente vitalidad vive y produce arte las 24 horas al día. ¿Cómo soluciono este dilema para adaptarme a la vida social y familiar?, pregúntele a ellos, mirelos, ahí están les guachites, el corazón y el cerebro ¡Puf! qué bardo tienen, pobres, pero se la vienen arreglando más o menos, a veces con un valcecito, otras un gotan, cada tanto un chamamé, pero le soy sincero, somos medios anarcos y postalina postalina, andamos pogueando y haciendo mosh en esta ensalada de humanidad.