“Desierto de palabras”

(La comunicación incomunicada)

En una lejana cercana aldea llamada sin ningún nombre, cierto día llegaron unos seres que se alimentaban del lenguaje, devorando los litros de tintas que inundaban los libros, fagocitando las palabras que galopaban a lomo de la oralidad.
Los aldeanos, primero perdieron la memoria, luego la poesía que los nombraba en colores, los nacía en olores, los vivía en sabores, los moría en diversas diversidades que los amanecía en el alba de las identidades que su identidad; pero un día los voraces se quedaron sin tinta, sin papel y sin las voces de los aldeanos y se vieron obligados a comerse sus propias lenguas y por ende sus recuerdos que al mismo tiempo eran su pasado y su ser presente existencia.
Al cabo de un tiempo no había aldeanos ni intrusos, sólo masas amorfas que deambulaban de aquí para allá cumpliendo apenas siquiera las funciones vitales. Murió la palabra, falleció la memoria, el olvido se olvidó de olvidar a los olvidados y la niebla cegó hasta las causas que movían la razón de la existencia de los adversarios, siendo todo tan monolíticamente igual que hasta los iguales dejaron de ser siendo.
Siento el viento del desierto que borra la fertilidad del habla, tal vez somos una sombra de una lejana aldea llamada sin ningún nombre que sin nombrarnos nos nombra.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Santa Torta Frita de Esquel”

(Oración religiosa tortafritense)

“Dios te salve Torta Frita,
llena eres de grasa;
el sabor es contigo,
bendita tú eres
entre todas las facturas,
y bendito es el gusto
entre mis dientes, salud.
Santa Torta Frita,
Madre de Dios,
ruega por nosotros morfadores,
ahora y en el horno
de nuestro vientre.
Amén”.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Labios guardianes de las lenguas patagónicas”

(Leyenda)

Quienes han pasado como simples turistas por esta zona, principalmente por Esquel o también han optado por estas tierras para vivir, suelen observar dos fuertes características. Una, el desbordante caudal de bellezas naturales que se multiplican con cada parpadear. Otra, la parla de los esquelenses con ese particular modo de hablar entre dientes dejando los labios prácticamente cerrados como puñalada de tacho por donde las palabras florecen a una velocidad notable.
Los puristas del lenguaje, el ala fundamentalista del ISER y el departamento de marketing de publicistas de la empresa de dentífricos Colgate no sólo se refieren a nuestra manera de hablar de manera peyorativa, sino que incluso algunos intrépidos han llegado más lejos aún, presentando denuncias penales contra todos los ciudadanos de Esquel por deformarel el idioma español y promover la incomunicación entre los patagónicos y el resto de la Argentina. Recordamos un tramo del prólogo escrito por el reconocido Locutor Eduardo Aliverti en su libro “Esos ñatos hablan para la mierda”:

“…Y al llegar a ese lugar en donde se dan la mano la estepa y la cordillera, estaban ellos, los esquelenses. Qué pedazos de hijos de puta, de modular los labios ni hablemos con estos conchudos…”

Si bien el libro tuvo un relativo éxito entre los alumnos más chupamedias del ISER, otro libro de menor tirada y prepotencia caló hondo en las nuevas escuelas teóricas lingüísticas de América Latina, escrito por Sergio Clitor Isabio, el Doctor en Lenguas de la Universidad de Esquel, Conches Upico, llamado “Eh, vó, Alivert ¿So pesao?” donde refuta una a una las posturas tendientes a legislar y uniformar el habla, esbozadas por el Locutor antes citado.
A continuación un extracto de la obra de Clitor Isabio, del capítulo XI, titulado “Con mi boca hago lo que se me canta el orto”:

“…En estas tierras, antes que la fauna intelectual del mundo comenzara a esbozar los peligros de la globalización, no sólo en la economía, sino en a cultura y principalmente en el lenguaje, nuestros ancestros, abuelos y padres supieron que el pensamiento único venía por nuestras simbologías, por nuestra oralidad, primer y último bastión de la identidad de los Pueblos. En virtud de este temor, por precaución, nuestros antiguos pobladores comenzaron a hablar con los labios cerrados para proteger las palabras, brindarles calor, prepararlas antes de ser evacuadas de la cavidad bucal, para que salieran con coraza y espada a defenderse del ataque globalizador y uniformante, como así también la verba rápida y ensimismada tiene su lógica en el crear lazos y unión, sin dejar mucho tiempo y espacio entre cada palabra, para que la unión y velocidad de las frases tengan más fuerza ante el embate de los malignos deseos de uniformar la lengua que el sistema globalizante ha decidido llevar adelante…”

En la actualidad, libros de Aliverti suelen verse en las bibliotecas de los gendarmes del lenguaje o como anotador de chin chon en algunos geriátricos del conurbano bonaerense. Lamentablemente, ejemplares de la obra de Sergio Clitor Isabio no se encuentran ya, tal vez están celosamente guardados en humildes y fortachonas bibliotecas populares o familiares de Esquel y la región.
Lo cierto es que el impacto de la teoría esgrimida en “Eh, vó, Alivert ¿So pesao?”, se puede saborear con la simple, exótica y bella forma de hablar de los esquelenses, en donde la verba viaja y se confunde con el mismísimo viento patagónico.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“El nacimiento de los ecos” por Daniel Viola


Gracias troesma de troesmas!!!…disfrutando en Esquel del libro “El nacimiento de los ecos” de Daniel Viola…será una compañía poética por estos días…

La hoja silenciosamente se aleja
del árbol y gira en su caída.

La tierra sabe de ese peso.
Siempre ha sido ella.

Otras formas de esperarse, de
acariciarse y combinar los días.

Tal vez secretamente de olvido
(Daniel Viola)

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Luisa y la ventana mágica”


En la joroba de la montaña está su hogar, confundiéndose con la vegetación que lame las nubes en busca de rocío.
En la cocina con aroma a pan casero con manteca y café con leche hay una ventana con el vidrio quebrado que da al bosque, lugar donde Luisa desayuna todos los días mirando como la vida florece adentro suyo, pero sin despegar su vista de ese rasguño que atraviesa el cristal de arriba hacia abajo con una atención budista. Sus padres se preparan para la rutina cotidiana, mientras Luisa y la ventana dialogan en silencio.
Por la huella modesta de tierra llegamos hasta la casa de mis amigos con mi familia por primera vez. Bajamos del auto con las facturas y torta fritas que iban a acomodarse entre mate y mate. Nos abren la puerta de la entrada, pasan mi mujer e hijos en primer lugar y cuando doy mi primer paso dentro de la casa inmediatamente me llama la atención una ventana en la cocina y un gato parado junto al vidrio del lado de afuera, pero al volver a centrar la vista, el gato no está. Continuamos la charla, mientras nos acomodamos.
Durante toda aquella tarde, por lo menos en tres o cuatro ocasiones me pareció ver nuevamente al gato en la ventana de la cocina, pero no me animaba a comentar nada por vergüenza a ser tratado de loco. Las chicas dieron vuelta el living y repasaron los juguetes una y otra vez, en tanto salimos a caminar un rato y visitar el taller artístico contiguo a la casa.
La noche extendió su primera sabana suave anunciando la hora del regreso a Esquel. Saludos, agradecimientos, ganas de volver. Cuando íbamos saliendo no me aguanté mas y les conté que durante toda la jornada me llamó la atención en la ventana con el vidrio quebrado de la cocina la visión de un gato que desaparecía cuando le fijaba la vista, pensando que llegarían los obvios chistes de ocasión, pero la respuesta de los padres me descolocó, dijeron que Luisa también ve en esa ventana un gato, siempre.
Los amantes de la lógica y la razón levantarán, ante este texto, las banderas de la ilusión óptica. Los más poéticos dirán que los locos y los niños dicen la verdad.

(Dedicado a Luisa, Belit y Jose Badiola​, por la foto del lugar exacto que dio origen a este texto y por esa verdadera “ilusión” compartida con Luisa que llega hasta este día hecha palabras)

Calaverita Mateos (Esquel)
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