“Dolor de Asiática”


Hoy me levanté con un fuerte dolor, fui a ver al kinesiólogo Martin Murillas, pero estaba viendo el partido de Boca. Toqué la puerta del traumatólogo Juan Devetak, pero no me escuchaba ya que estaba prendido al concierto lírico sinfónico de Damas Gratis en el Colón.
Pensé que se trataba de un problema del inconsciente y le consulté desde el diván a la psicóloga Celia Vallés, pero estaba ocubada leyendo un libro sobre psicoanálisis cantado por Diván Noble y al salir, en la calle me vieron muy dolorido las amigas Valerie Valerie O’Farrell y Norah Belmont quienes me recomendaron la sabiduría de Eva D. Quilodrán, quien me preparó un te de calafate con corinto que me sumió en un profundo sueño.
Al despertar lo supe inmediatamente, se trataba del recuerdo de una amante china que me había abandonado en la adolescencia y había vuelto a mi memoria. Comprendí, entonces, que se trataba de un “dolor de Asiática”.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Merengue de Amor”

(Receta hiper cursi para reposteros del corazón)

Ingredientes:

– Un paquete del más económico de anarco linyera, medio punk, ridículo e inmaduro, preferentemente calavera.
– Un litro de esencia de gringa diosa, bella, fuerte, preferiblemente única en su estilo.
– Un recipiente profundo como la vida misma.
– Un batidor quilombero de alambre de rayo de sol.
– Una cuchara de madera de los cuentos de amor de la niñez.
– Un frasquito de miel de lágrimas pasadas.
– Una cucharada flaca y alta de jugo de chifladura marca Francisco
– Una cucharada de ralladura de estrellas fugaces libres del planeta India.
– Una cucharadita de chocolate del árbol de la dicha de semillas del jardín Noá.
– 200 gramos de valentía en polvo.
– 100 gramos de problemas condensados.
– 300 gramos de carcajadas concentradas.
– Un sachet de besos y vasos borrachos de abrazos, mimos y delirios varios.
– Una tonelada de sueños, proyectos y anhelos por venir.

Procedimiento:

Verter en el recipiente de la vida misma desde bien arriba para que el golpe lo despabile el contenido anarco linyera, medio punk, ridículo e inmaduro, preferentemente calavera; agregarle suavemente un litro de esencia de gringa diosa y bella. Con un batidor quilombero de alambre de sol batir hasta dejar una masa homogénea e inmediatamente agregarle con la cuchara de los cuentos de amor de la niñez una cucharada flaca y alta de jugo de chifladura marca Francisco, más 300 gramos de carcajadas concentradas.
Luego de algún tiempo poner también en el recipiente de la vida 100 gramos de problemas condensados y antes que rompa hervor taparlo con 200 gramos de valentía en polvo.
Una vez que el menjunje se estabilice, endulzarlo con miel de lágrimas pasadas y ahí nomas continuar con los siguientes ingredientes. Una cucharada de ralladura de estrellas fugaces libres del planeta India y una cucharadita de chocolate del árbol de la dicha de semillas del jardín Noá.
Ya casi listo el postre, lo rociamos con el contenido del sachet de besos y vasos borrachos de abrazos, mimos y delirios varios, para finalmente embadurnarlo por dentro y por fuera con una tonelada de sueños, proyectos y anhelos por venir.
Darle un toquecito en el horno de la sabiduría y ya está listo para servir. Obtendrá un postre con todos los ingredientes de la vida, pero cuyo sabor que llena el alma permite nutrir el ser y las emociones con la experiencia más maravillosa del universo, haber conocido a mi compañera y amor de mi vida, Gaby Novas y desearte más risas, alegrías y vuelos de afectos desde este día de tu nuevo cumpleaños y por el resto de los que vienen decorando nuestro postre de vida.

Recomendación: No dejar este postre al alcance de quienes han olvidado el romanticismo y no se animan a trepar al balcón de los palacios leyendo poemas cursis a sus prometidas, ya que amargan la existencia.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Rancho místico de adobe en Cajón de Ginebra Chico”

(Leyenda patagónica)

Tosió el motor de la camioneta Ford F100 su última lagrima de nafta justo al costado del cartel que convidaba el nombre Cajón de Ginebra Chico.
En 1930, la ruta era un largo río de ripio que tendía entre la nariz y la espalda del horizonte.
La sed ya era quien conducía la angustia y el hambre una soga al cuello, obligando al Doctor Armando Klimberg a buscar algo para comer y tomar en un esqueleto de rancho levantado a unos doscientos metros del camino. Una protuberancia perfecta y armónica que brotaba de la tierra en paja, bosta y barro, seguramente construida por nómadas comunidades originarias.
La proverbial ausencia de comida y agua, sumada a la debilidad física del Doctor, sumada a un corazón fatigado por insolentes operaciones realizadas en la urbe que, para ese momento, sólo era sombra de palomares de concreto. Los días de sol rasgaron la garganta y la piel, mientras la noche patagónica fagocitó hasta el último escalón de la esperanza de sobrevivir.
Finalmente, en el cuarto día, cuando el pensamiento y los corrales que estructuraban las décadas de ciencia habían dejado de manotazos de razón y lógica en un océano de nada y todo, las alucinaciones entraron a tallar firmes en las pupilas del Doctor Armando.
Sentado en suelo, con la espalda sobre la pared más heroica del rancho, entre el toldo de los parpados que eran vencidos por el peso de un cielo cercano, logró observar en el filo de una tímida lomada una simétrica formación de guanacos observándolo, mientras unos diez, tal vez quince o veinte choiques danzaban en circulo a unos pasos de sus pasos ya sin pasos. De entre el polvo levantado emergió una silueta de sombra y misterio que acercándose al Doctor, recobraba el ser de un anciano Mapuche con un rostro agrietado por el viento y la sabiduría.
El viejito, mientras los guanacos observaban y los choiques danzaban entre el sol y la cabeza de los neneos, se acercó hasta el Doctor Armando Klimberg, extendiendo su mano de barro sosteniendo un trozo de seca greda con una precaria forma de un ladrillo. Sin mover los labios, le dijo en perfecto silencio que colocara el pedazo de tierra y agua donde el su alma lograría equilibrar el ser que fue con aquella entidad que regresaba del futuro para serlo siendo en el presente desplegado hacia el infinito.
Entonces, su corazón abandonó el galopar y su respiración se confundió con el sonido mudo de la meseta, y justo al colocar el ladrillo de adobe en el espacio vacío de la pared gris greda por donde el horizonte se colaba junto al sol, pudo soportar la muerte o, mejor aún, el universo en sus manifestaciones pasado y futuro jugó a acomodar sus piezas como en un gigante rompecabezas sin referencias cardinales posibles o deseables.
Ser de seres parió sabiduría.

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“X-GUARÉN” – Elongan ´-


Sensacional estreno en Esquel “X-GUARÉN” la película que fue plagiada por Holliwood a través de “X-MEN”.y la falsa copia conocida como “Logan”
“X-GUARÉN” cuenta con la participación como actor principal de Calaverita Mateos en el papel de “Elongan Woludín”

“X-GUARÉN” Cuenta la vida, lucha y pormenores de cinco humanos amigos con poderes especiales que desde la amistad que los une de la niñez, intentan ayudar a su pueblo, logrando exactamente lo contrario.

* Calaverita Mateos como “Elongan Woludín”: Con garras de escarcha capaz de filetear un capón al trote.
* Randal Williams como “Bestia Boló”: Capacidad de ingerir cien litros de cerveza en media hora y hacer el cuatro, cayéndose de ojete, obviamente.
* Cristian Bonnin como “Carlos Javier”: El poder sobrenatural de bajar del cable de la luz diez cachañas gritonas del orto de un sólo toscazo.
* Ramiro Underwood como “Sipodé”: Personalidad múltiple con la habilidad de estar presente, al mismo tiempo, en diez fiestas con canilla libre.
* Gustavo Mateos como “Golosus”: dotado de una técnica secreta que le permite armar una picada en la Fiambrería y hacer competir a un salamín, un queso, una aceituna y un picle para ver quien es el más veloz.

Sensacional estreno de “X-GUARÉN” el jueves 22 de junio en el baño sin terminar del quincho de Camilo De Bernardi.

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“A mi coraje de varón le falta una muela”


Aún se muerden los labios los te amo con chocolate y marihuana que dibujaste en el ombligo de mis cobardías, mientras me mirabas, desnuda, esperando que aquellas sabanas tuyas le pusieran arroz y ramo de flores a la cogida más campeona en aquel ring cuerpo a cuerpo con renta extraordinaria de orgasmos.
Pero qué hijo de puta soy, la concha de dios, cada vez que me abren la tranquera del corazón con alfombra roja y estadía paga en el all inclusive de los tranquilamente enamorados, se le cae la dentadura postiza a mis corajes de varón con fecha de vencimiento siempre dos días antes.
Nada me ha torturada más en esta vida, preciosa, que aquella lágrima de miel escurriéndose desde tu mejilla a mi panza y de ésta al colchón para humedecer la tristeza de una mujer que, tal vez, creyó aquella noche, de vez en cuando al universo avaro se le cuela un príncipe azul para ponerle el moño a los sueños de dulzura y susanitismo ingenuo.
Rubia más bonita que el color del té acariciado por el sol, no me alcanzarían dos vidas y media en un monasterio ni tocar siquiera con la nariz un pezón de chocolate mas para saldar la deuda de hombría que mi soledad concha de su madre te dejó sin un mañana de patio con pañales en el tendedero.
Aún se muerden los labios los te amo con chocolate y marihuana que dibujaste en el ombligo de mis cobardías, mientras me mirabas, desnuda, esperando que aquellas sabanas tuyas le pusieran arroz y ramo de flores a la cogida más campeona en aquel ring cuerpo a cuerpo con renta extraordinaria de orgasmos.

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“Afilando el Tramontina”

(Nueva clínica médica en Esquel)

Luego de sus años de estudio en Córdoba, compartiendo el mismo departamento y yerba Piporé “Marley” junto a sus primos, estos dos hermanos y estudiantes de medicina Gaston Ceballos y Joaquin Ceballos una vez recibidos y con la seriedad profesional que la imagen certifica, deciden regresar a su pueblo, Esquel, a devolverle todo lo que este lugar les brindó y lo hacen a través de la apertura de una clínica privada en principio en manos de Joaquin Ceballos.
Cortá por lo sano y visitá:

“Afilando el Tramontina”
(Clínica Médica en Esquel)

* Extirpamos juanetes a mordiscones.
* Medimos el empacho con un transportador escolar.
* El dolor de cabeza te lo quitamos, junto con la misma.
* Sanamos la churretera con el método “Teipon on the ójet”.
* Curamos el mal de ojo quitando el as de basto del mazo de carta.
* Eliminamos los Piojos (Aunque por ahí a Ciro lo perdonamos)

“Afilando el Tramontina” ubicado en Avenida Ameghino e intersección con el puente del arroyo Esquel (debajo del mismo está el consultorio).
Horarios de atención: 3:15 de la madrugada a 5:45.

Atendido por sus propios fiambreros, Gaston y Joaquin.

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“Feliz día del Arde”


Arden sus ojitos
arden mis ojos
arden sus mañas
arden las mías, también.
Arde tu sonrisa
arde mi lágrima de emoción
arde la nariz de tu olor a caquita
arden las manos de cambiar pañales
arden los ojos por no dormir
arde la mamadera por tus chuponcitos
arden tus cachetitos rojos por mis besos
arde tu encuentro con el mundo
arde mi felicidad al ver tu felicidad
arde la vida al saber que arde tu vida.
Arden las ganas de ser Padre.

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“Nieve, la Dama bella y sabia”


La nieve, esa bella, fría, sutil dama que vino a invitarnos a su fiesta tan hermosa, también nos convida a no olvidar la pulseada de la lucha de clases que sigue vigente, aunque lo blanquito, lo puro, quiera disimular la injusticia de la morocha América.
Niños jugando felices en las calles, sabiendo que al regreso hay una estufa, agua caliente y una chocolatada fortachona, mientras en un rancho de madera del otro lado del arroyo, los copos se abren paso entre las tablas mal pegadas, dos niños con mocos al borde de los labios se aferran a su jarrito de mate cocido, estiran la braza como el aliento mirando los pocos troncos de leña que le sobraron al terrateniente que desforestó su estancia para que corran tranquilos, ibres y fuertes, sus caballos de polo.
Un matrimonio cogotudo, copa de champagne en mano, brindan despechugados desde adentro de su bunker la nevada y le envían por whatsapp una foto típica navidad yanqui desde Esquel a Miami a su cuñado que cuenta dólares de la bicicleta financiera bajo una sombrilla en la playa; mientras tanto una parejita joven de changarines, sin changas, en la barriada morena, ajusta el plástico hasta que pueda cerrar el orificio que oficia de ventana por donde entra el frío, por donde se exilian las esperanzas.
La nieve, esa bella, fría, sutil dama que vino a invitarnos a su fiesta tan hermosa, también nos convida a no olvidar la pulseada de la lucha de clases que sigue vigente, aunque lo blanquito, lo puro, quiera disimular la injusticia de la morocha América.

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