“A pesar de mis cabronitudes”


Hay días, como aquel domingo, que se levantan con el pie izquierdo y nos pintan en la cara con acuarela vencidas un culo de Botero. Son las garras de la providencial cabronitud que no toma licencia ni se adhiere a los feriados de los calendarios pedorrianos.
Asoma la nariz de la mufa y no hace mas que estornudar ceños fruncidos que le echan el fardo a cuanto ñato pisa la vereda de nuestra escueta existencia. Hay días, como aquel domingo, que la mala racha nos da la mano y nos muerde el codo.
Apostamos los últimos patacones a todos los números en la quiniela y para colmo sale la letra U. El sol baja su perilla hasta piloto y las goteras de los fracasos no paran de salpicar vergüenzas en la frente marchita. Hay días, como aquel domingo, en los cuales Mormones y Testículos de Jehovà hacen fila india en la puerta de mi casa para tocar timbre y ofrecerme el último descuento con boleto para dos, sin estadía paga, al paraíso.
Se hierve el agua para el mate, la Cooperativa avisa suspensión de la luz, el gas se corta y me encuentra con la cabeza hecha un cordero de shampoo y las bolas envueltas en espuma. Hay domingos, como aquel, que me hago el Messi y le doy un derechazo descalzo a la pata de la cama con el dedo chiquito del pie.
Sin embargo, entre tantos golazos en contra y una cancha cuesta arriba, aun me queda mi bunker privado: Un cuarto en soledad, un mate amargo, libros que rascan la espalda de la imaginación, una radio am escupiendo un tango de Manzi y una lapicera que aun carga algunas gotas de tinta negra y ahí, colgada en la pared de mis Edenes, tu rostro que me salva.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“La resaca de tus besos”


Anoche, tras tres tropiezos tremendos con un Jack Daniels certero, su cabello medusiano me enlazó desde la esquina muda del bar.
Sus caderas hablaban más que su boca, pero los labios no eran menos anzuelos que esos ojos encendidos en la bengala de un tigre.
Nos quejamos de la música, alabamos el whisky, mencionamos las aventuras Aureliano Buendia, la ultima película de Woody Allen y a la media hora empañábamos los vidrios del auto en la calle del bar.
Luego, en el cuarto de su casa de madre aún no madre, con un tornado invisible desparramamos la ropa por todo el lugar y domamos la sabana montados en juego de fieras en celo.
Somier fatigado, piel, sudor, carne y miel.
Sol despertando, resaca de copiloto sentada a mi lado mientras manejo hacia mi rancho. Imagino sus muslos campeones del mundo en la ducha, su camino al trabajo y el enredo de números, facturas y contratos en la oficina de su trabajo.
Anoche, tres tropiezos tremendos con un Jack Daniels certero, un oasis al costado de la vida y mi Don Juan cascoteado por amores tuertos se pregunta si sus ojos volverán a lanzar el anzuelo con labios de carnada desde la esquina de un bar, esperando yo ser el primer pez que llegue a picar.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Marcelo Duchamo”

– Artista pop nacido en Esquel plagiado por un francés –

Los archivos históricos del arte nos revelan ciertas verdades que no son tales, un caso, tal vez el más relevante, es el Artista que cambió el concepto del arte, pero cuyo trabajo fue robado por un Francés que hasta el nombre le birló. Nos referimos al plagiador francés mundialmente conocido, Marcel Duchamp.
Marcelo Duchate nació en Esquel en 1918 en un baño del boliche de Don José Bidet. Su madre. Luciana Mingi dio a luz a Marcelo tuvo un parto que fue una cagada sumado a su padre, Rolando Torio, que no ayudó una mierda.
La pareja Mingi Torio tuvieron siempre inclinaciones hacia el arte, pero nunca pudieron finalizar una obra, si quiera.
Desde niño, Marelo Mingi Torio, le tuvo rechazo a tres elementos, el agua, el jabón y el shampoo, hecho que provocaba la ira de sus padres que a cada rato, todos los días, todos los meses, todo el año, gritaban dentro y fuera de su casa a su hijo en obvia alusión a la mugre y tufo que despedía Marcelo Mingi Torio por escaparle a la ducha:
“Marcelo, duchamo!!!”…”Marcelo…dale, dúchamo!!!”… “Roñoso, Marcelo….duchamo!!!”
Los vecinos de Esquel que veían en los gustos refinados e interés por el arte por parte de los señores Mingi y Torio, creían que se referían a su hijo en un tono afrancesado con los llamados como Marcel Duchamp.
Cierto día, en uno de sus viajes por la Patagonia un ignoto ajedrecista francés y pichón de artista se topó al costado de la vía del Trochita a un joven sentado en un inodoro reflexionando y le pareció un acto estético poético maravilloso y revolucionario.
(en realidad, Marcelo Mingi Torio, fue al baño público de la estación del viejo Expreso Patagónico que estaba ocupado y al no contener las ganas aprovechó un inodoro fuera de un terreno en construcción y cagó como es debido).
Este artista francés averiguó el nombre del artista esquelense y en su honor decidió revolucionar en Europa el concepto de arte bautizando su obra pop el Mingitorio (O la Fuente, como lo llaman los intelectuales), además le pareció escuchar en la música del nombre del artista patagónico el nombre perfecto para triunfar en el mundillo de la cultura y, apropiándose, afrancesando el nombre, se rebautizó como Marcel Duchamp y colocó un mingitorio en una muestra ya que no se animó al inodoro, como Marcelo Duchate de Esquel. Lo demás ya es historia conocida.
Es por este motivo que a los curadores de arte, los mecenas, estudiantes de carreras artísticas, deben saber la verdad. Marcel Duchamp es un plagiador y traidor al arte, en cambio, el esquelense Marcelo Duchamo es orgullo de Chubut y de Argentina por ser el artista más influyente del siglo XX en las artes conceptuales.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Looperanoides”


Las ciudades y sus culturas se retroalimentan por medio de los discursos que la componen, que la critican, por eso es que el Loop Fest es uno de esos lugares donde otras maneras de concebirnos se pone en movimiento.
Pasó la novena edición. Se viene una década de trabajo.
Gracias, Sam Kerbage Ibañez y Mark R Lucero por ayudarnos a pensar hace días en Radio Nacional Esquel las riberas de lo cultural, el under urbano de Esquel.

Calaverita Mateos (Esquel)
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