“Looperanoides”


Las ciudades y sus culturas se retroalimentan por medio de los discursos que la componen, que la critican, por eso es que el Loop Fest es uno de esos lugares donde otras maneras de concebirnos se pone en movimiento.
Pasó la novena edición. Se viene una década de trabajo.
Gracias, Sam Kerbage Ibañez y Mark R Lucero por ayudarnos a pensar hace días en Radio Nacional Esquel las riberas de lo cultural, el under urbano de Esquel.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

“Trazos del destino”


La mano de la Mano
a veces trabaja,
otras juega.

Traza las lineas de un sueño.

Las distantes paralelas,
pretensión de unión,
anhelan curvas y riesgos.

Sueña las lineas de un trazo.

El tiempo no amanece
cuando los planos vociferan
las formas, los planos.

Me imaginan las lineas
dibujando las formas que fui,
que soy, siendo ser.

Destino de trazar,
nosotros,
los trazados.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Vamoaechá Unpelao”

– Curso intensivo de sexualidad esquelense para turistas –

Temerosos voyeuristas del lenguaje que recién se asomen a estos renglones, seguramente juzgarán estos trazos de soeces y vulgares, pero nada más alejado de la realidad. Quienes recién llegan a la Patagonia, especialmente a la zona de Esquel podrán toparse con un manantial inagotable de modismos hijos de una lengua viva, portadora de una originalidad única.
Como todo recurso del idioma, el sexo no pasa inadvertido a los tentáculos de las palabras. Es aquí donde entra en juego el término que los esquelenses utilizamos de manera sofisticada para invitar a otra o a otro a compartir el deseo carnal con nosotros:

“Vamoaechá Unpelao”

Su origen se remonta a mediados del siglo XX, en Esquel, donde se sabe habitó en nuestra zona el Francés, Jean Paul Sartre, un elegante parisino de prominente calvicie que ejercía el oficio de la cinematografía, especialmente apuntada al cine pornográfico. Aunque algunos vecinos aseguran poseer casettes vhs con cortometrajes eróticos, la realidad es que lo único que se conoce es el libro del Sacerdote Umbanda Niko Bagnato llamado “Cuando se mueve la sotana es que el cura se amacana” del cual extraemos un breve párrafo:

“…El foráneo Jean Paul Sartre tenía la inmoral costumbre de andar trepando tapias de los albergues transitorios, asomándose a la mirilla de las puertas de los cuartos matrimoniales, con el objetivo de captar imágenes para sus producciones audiovisuales eróticas. Cierto es que si bien se recuerdan un par de sus cortometrajes tales como “Esta perca tuerta quiere entrar por esa puerta” o “Este pueblo del orto no tiene telo” que no trascendieron más que en algunas noches de cine, de Excedra y El Correo Pub; lo cierto que las sorpresivas apariciones del francés en ocasiones de la consumación carnal de las parejas de Esquel se habían convertido ya en una obsesión que perjudicaba el flujo libre de la sexualidad en estas tierras…”

Los pobladores de Esquel y alrededores habían tomado la costumbre de, previamente al acto sexual, asegurarse de espantar cualquier indicio de la presencia de Jean Paul Sartre con frases alusivas a su notoria escasez de cabello. Ejemplos:

• “Si, mi vida, hagamos el amor, pero antes vamo a echar al Pelao”
• “Unamos nuestros cuerpos, pero antes vamo a echá al Pelao”
• “A esta orgía de tres le falta uno, igual arranquemos, pero antes vamo a echá al Pelao”

Es de este modo que esa conjunción de simples palabras van moldeándose en la denotación e identidad del francés a quien todos los esquelenses bautizarían en un tono un tanto afrancesado “Vamoaechá Unpelao”, con la subsiguiente conformación de una manera peculiar de referirse cada vez que alguien estaba en la antesala de la lujuria con una invitación honrando al francés y su exilio forzoso de los lugares donde se quería tener sexo.
Es por esto que, aunque si bien nuestros abuelos y padres lo usaban con asidua cotidianidad, no dejemos que nuestros hijos olviden que aquí mujeres y hombres que deseamos estar en paz, armonía, sin ningún fisgón que nos interrumpa para amarnos, sólo pronunciamos las palabras mágicas que abren del amor todas las puertas…entre otras cosas:

“Vamoaechá Unpelao”

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Feliz Día del Ahdigo”


Ah, digo…para los que andábamos allá en el jardín
Ah, digo…para los de guardapolvo, tiza y pizarrón
Ah, digo…para los que hacían machetes creativos en pruebas
Ah, digo…con quienes tocamos timbres y salimos rajando
Ah, digo…para los de las primeras descorchadas beodas
Ah, digo…para los que humeamos el primer porro
Ah, digo…para los que celebraban el primer polvo
Ah, digo…para los que festejaron el primer amor
Ah, digo…para los que acompañaron en el primer desengaño
Ah, digo…para con quienes universiteamos facultades juntos
Ah, digo…para quienes lloraron por tristeza en mi hombro
Ah, digo…por los hombros donde lloré por tristeza
Ah, digo…por las carcajadas que trabajamos a diario
Ah, digo…por nuestros hijos que comienzan a comenzarnos
Ah, digo…por ese faro, ese palenque donde nos sostenemos
Ah, digo…me olvidaba…que hoy es 20 de Julio
Ah, digo…A todos mis atorrantes y atorrantas queridos digo

Feliz día del Ahdigo!!!

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

“De polleras, fútbol y estrategias”


Anoche, mientras estaba en capilla antes de entrar a rendir Whisky III con el Profesor Jack Daniels, por la puerta del bar entró Ella con un grupo de amigos y amigas que se parecían más a un pelotón de patovicas del Teatro Colón. Supuse que estaban de paso por Esquel.
El partido estaba planteado así, broda. La Princesa se resguardaba el escote detrás de una defensa compuesta por gorilas torpes, bien empilchados y sin elegancia cubriendo la primera linea toda del área grande. Seguidamente, dos trancos atrás de ellos, una muralla china de princesas charlatanas con “dueños” made in Bosta City Aires.
No lo tenia al Loco Bielsa a mi lado esa noche. Mire el equipo que tenia a mano para jugar, mis jugadores discutían en el estaño sobre la movilidad social del mediados del siglo XX en la Argentina. El tema se presentaba solo. Así que tenia que sacar del ropero al Diego con telarañas que dormía desde las ultimas gambetas junto a Claudio Campos en el San Martín contra Belgrano.
Me acerqué al dueño del bar y le dije que largara el karaoke. Anzuelo infalible para enganchar y dispersar a gorilas medio pelotudos que, con dos Cristian Castro, un par de Shakiras y dos o tres Arjonas los dejas embobados desafinando arriba de las sillas del lugar.
La primera linea estaba desarticulada. Pero las Princesas ya se habían percatado de la jugada y afilaban los colmillos, sin ladrar, para morderme los tobillos si pretendía pisar el área chica. Ella ya estaba al tanto, pero como corresponde, me ignoraba. Pensé en mandar una botella de Champagne a la mesa, pero eso se asemeja mas a un contrato de compraventa que a un ejercicio de seducción.
Del bolsillo saqué los machetes arrugados de pillos Brad Pitts, pero las pelusas y algunas vueltas en lavarropas no dejaban leer las instrucciones. Me puse el cuchillo entre los dientes y salté del barco al medio de los tiburones hambrientos.
Me abrí paso entre las relojeadas chusmas de las damas falsamente enojadas, me arrimé a la Princesa hasta la distancia que sus muslos y mis botines tienen permitido patear los penales. Quise traer a Shakespeare, Neruda, Octavio Paz, para que me tiraran letra, pero los muy cagones arrugaron, así que quedé solo, again.
“Si llegué hasta aquí con todos los jugadores de mi equipo expulsados de la cancha y no me permitís aunque mas no sea cabecear este penal en el suelo, nunca sabrás si estás para enfrentar a todos los Barcelonas y Messis del planeta”, le dije casi como una voz que saltó a la pileta sin saber si estaba llena o vacía. Soltó una leve, pero tan bella risa, que las luces del bar mermaron su intensidad. Tarea cumplida.
Lo que vino después, directamente el tercer tiempo, justifica que salgamos de los partidos cascoteados, con moretones y alguna que otra fractura expuesta de corazón.
Kamasutras improvisados detrás de vidrios de auto empañados. Casa, hall de entrada y salto olímpico en la catrera pecadora. mordiscones draculescos en cuellos entregados, entrepiernas furiosas y gemidos de hinchadas que gozan con un gol de taquito de media cancha.
La llevé hasta el hotel donde los gorilas, en la puerta, se pegaban piñas en los hombros en señal de dudosa virilidad, mientras metían valijas en la camioneta. Princesas calentando celulares recriminando a sus “dueños” for export por mas mimos y menos billetera.
Me dio el beso más esperanzador del campeonato. Sus caderas, que eclipsaban el sol de la mañana, eran música clásica para los trabajadores que iban para sus trabajos. Regresé a casa a tomar unos mates y escuchar por la radio que Riquelme seguía un año mas en Boca.
A la media hora recibí un mensaje de texto con característica de Bosta City Aires:

“Paguemos una cometa al arbitro para que se borre y este partido sea eterno”

Me gusta jugar. A veces gano, muchas pierdo, pero me gusta jugar.

Calaverita Mateos (Esquel)
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