“El Dedito Acusador”

(Rap Peronista)

Un ciruja en la esquina se zambulle en el tacho
no hay trabajo, ni changa, la cosa está compleja
revolviendo la basura mientras extraña el fratacho
en el alma un tajo, sin as en la manga y el futuro se aleja.

Ahí está señalando sin pelos en la lengua
nos quitaron la fábrica, el pan, el asado y el poncho
no es dedito acusador, sabelo, es nuestra arenga
te molesta nuestra platica, es el rap del peroncho

comedores y merenderos ya no dan abasto
la familia disgregada es tratada como mercancía
televisores, mensajeros, se van al pasto
una vida desperdiciada arrasada por la injusticia

Ahí está señalando sin pelos en la lengua
nos quitaron la fábrica, el pan, el asado y el poncho
no es dedito acusador, sabelo, es nuestra arenga
te molesta nuestra plática del rap bien peroncho

Me acuerdo de las vacaciones, el celular y el coche nuevo
no me gusta tu irónica sonrisa que el medio perverso televisa
concuerdo en oraciones, desarrollar no es derroche ni juego
te asusta la tónica bien lisa de estos versos en brisa

Ahí está señalando sin pelos en la lengua
nos quitaron la fábrica, el pan, el asado y el poncho
no es dedito acusador, sabelo, es nuestra arenga
te molesta nuestra plática, es el rap del peroncho

incomoda el morocho en tu escuela, tu negocio y el congreso
no hay revancha, rencor, ni odio en este popular clamor
descorcha el corcho de tu esquema, lo asocio y lo expreso
en la cancha el mejor podio es educar en el Amor

Ahí está señalando sin pelos en la lengua
nos quitaron la fábrica, el pan, el asado y el poncho
no es dedito acusador, sabelo, es nuestra arenga
te molesta nuestra plática, es el rap del peroncho

– Fin –

* Y que el Maestro Wos me perdone.

Calaverita Mateos (Esquel)
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«Sinfonía de la cereza»

(Obra para grillos, zorzales y locos)

Como jugando a la mancha, huye la lluvia y sus pecas de agua con melancolía, mientras el sol estiras sus pestañas de amaneceres y las enrieda en los postigos de la ventana de mi escritorio.
Entonces pega un tirón desde el centro de la galaxia y se abren los dos párpados de madera de mi ventana, se asoma una aún niña flor de cerezo junto a sus amiguitas que acababan de finalizar el juego de la mancha con la lluvia pasajera, pero no tienen deseos de desayunar rocío ni beber rayos de sol, pero si de cantarme suavemente la ópera de los obreros anarquistas que soñaron el mundo sin dios, patrón ni postigos de madera ni puertas con llave que me nublen la mirada de los textos de amor y fraternidad.
Creo que la televisión, la radio y la telaraña de doña internet no hablará hoy de este amancer, como tampoco de los amaneceres con poesía, ya que el mundo tiene miedo de la revolución de las almas, sobre todo en mano de las armas de una niña flor de cereza y sus amiguitas que, con sonrisas y aventuras, se atreven a abrir sin permiso los postigos de nuestras perezas para enseñarnos, jugando, que el rojo y exquisito sabor del fruto está próximo a cantar esta ópera en la boca de los que aún sueñan con la libertad.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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«Un Filete entre Esquel y Suecia»

El gran Fileteador Alejandro Di Rosa trabaja y brinda talleres en Europa y de paso por Argentina realizó algunas charlas en Baires, Esquel y Trevelin. También se llevó dos libros de enormes Artistas de nuestro Pueblo, Marta Sottile y Jorge Oriolaambos publicados por Remitentepatagonia.
Astrid Reichrath, revisale los bolsos…que no se los encanute!!! que son para vó!

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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“La dignidá cebada”

Llegó al puesto lejano, infinito, el hijo del patrón, arrogante, con la música ensordeciendo el silencio del campo que murmura existencia, montado en su camioneta 4×4 séxtuple tracción arando huella, salpicando barro contra las paredes del rancho construido con ladrillos amasados a mano y esperanza. Bajó el hijo del patrón, prepotente, arrojando el envoltorio de un chocolate importado en el precario jardín de Don Sebastián. Entró el hijo del patrón, sin permiso, altanero, a la rústica casita de adobe y madera vieja, tirando en el suelo un cajón con algunos paquetes de yerba, fideos baratos, vino berreta y harina para yugar un mes.

– Tómese un mate, m’hijo –

Dijo Don Sebastián al hijo del patrón, mientras un viejo mate galleta bebe el agua caliente de una pava abollada en todo su cuerpo por los golpes de viajes a la veranada, pintada color carbón en capas de inviernos aguantando bravías lenguas de fuego de leños camperos en la mitad de los montes donde pastorea la hacienda.

– No, gracias, está sucia esa pava, puede contener enfermedades al agua –

Respondió el hijo del patrón como si sus palabras fuesen la ciencia ascética que olvidó a la humanidad hace tiempo.

– Beba, hombre, beba uno solo, nomá, que de lo único que se puede contagiá es de dignidá –

Bebió el hijo del patrón, desconfiado, con un poco de cara de asco sin ocultar, pero a los pocos segundos en el segundo sorbo del mate sus ojos miraron los ojos de Don Sebastián y en esas pupilas se reflejó la pava negra y más atrás las siluetas de pobladores antiguos siendo golpeados, desalojados de una tapera parecida a la que se encontraban, en el fondo de los ojos de Don Sebastián, el puestero, también se veía gritos de niños separados de sus padres y se oían rojos sangre de golpes en las espaldas de paisanos y paisanas. Vió el hijo del patrón, la historia no silenciada en los libros de sus escuelas privadas ni en los manuales oficiales de las escuelas públicas.
Pasaron algunos años ya desde aquella cebadura en el rancho. Hoy, en un día nublado que lagrimea en los filos de las lomas lejanas, los ladrillos de barro, bosta y pasto seco ventilan verdades y memorias.
Don Sebastián ceba para su soledad un mate lavado en el mismo viejo mate galleta, pero con una pava casi nueva, mientras mira por la ventana con vidrios chicatos de eternidad, al mismo tiempo, pero a muchas leguas, el hijo del patrón está solo, sentado bajo un toldo de lona estirado entre una lenga añeja y una roca fortachona, lo acompaña un perro flaco faldero, unos viejos libros marxistas y un fueguito que calienta aquella vieja pava cubierta de hollín que Don Sebastián le regaló esa tarde de sabiduría ancestral.
El hijo del patrón no volvió más a la civilización, anda desalambrando campos de los patrones que obtuvieron tierras despojando viejos pobladores.
Un puestero, un niño hijo del derroche y la explotación, una anciana pava de mate y los ojos de la dignidá tatuaron la tierra agrietada de injusticias de la Patagonia en los huesos del futuro de un joven guerrero.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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«Sarah Kay a la criolla”

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Recuerda como la caricia del rocío en la mejilla, cuando escribió la primera poesía de amor, rudimentaria, con rimas llenas de azúcar, decorada sobre el papel con corazones, soles y otros dibujitos de colores trazados con lápices en el orden de los arcoiris que brotaban de la cajita. Esperó antes de ingresar a la escuela y, con una timidez grande como el amor que ella despertaba en él, le entregó la cartita de amor mirándola a los ojos, pero no lo abrió, sino que sonrió levemente sorprendida, lo guardó en el bolsillo y siguió corriendo con su guardapolvo blanco hasta unirse en esa mancha blanca de niñas que entran alborotadas a la clase de lengua y literatura.
Sólo un par de veces se cruzaron en el pueblo, de vereda a vereda se saludaron, sin mediar palabra de la escuela, de las manchas blancas huyendo de su declaración de amor primeriza.
Tres décadas casi han pasado desde aquella carta que, al recordarla, sigue ocasionando la misma vergüencita en quien ahora está en una carpintería con sonido serrucho ambiente y aserrín como nubes de melancolía mermando el tiempo, mientras recuerda aquel texto a los 11 años.

“Lole sos lo más lindo que me pasó en mi vida y quiero ser tu novio y vos ¿querés jugar a ser mi novia de verdad?”

A 10 cuadras de aquella carpintería, en una oficina con montañas de papeles, enjambres de sellos y documentos Excel que reproducen números agitadamente, llora Lole frente a su monitor la discusión con su marido de la noche anterior, el desierto de abrazos y el ayuno de besos han sembrado de rutinas sus días grises, de pronto, como un silencioso llamado del pasado, se acuerda de algo, mete la mano en la cartera, en el bolsillito interno, ese al cual jamás le había dado la atención merecida, sacó un papelito amarillento, cortado por el tiempo en tres o cuatro partes, lo armó como un rompecabezas sobre el escritorio.
Lole lloró y río al mismo tiempo, su cara era la cara de la niña en la puerta de la escuela, suturó con cintex el papel y lo pegó en la parte superior de la pantalla de su computadora, frente a ella y lo leyó una y otra vez hasta el mediodía, cuando su trabajo llegaba al final de la jornada, ese papel que decía casi como una tos amarilla del ayer:

“Lole sos lo más lindo que me pasó en mi vida y quiero ser tu novio y vos ¿querés jugar a ser mi novia de verdad?”

A veces el amor es caprichoso y no nos regala el cartón de bingo ganador, pero talla su querer en la memoria y su labor de humanidad.
En una oficina casi sin ventanas, Lole lloró y río de amor; en una carpintería él volvió a imaginar su mano con las mano de ella.
Afuera llueve, la mayoría de los trabajadores toman taxis y colectivos o regresan a sus casas en sus autos, pero Lole y el carpintero, cada uno por su lado, eligieron caminar bajo la cascada de lagrimas del cielo.
Si el amor ya se curó de su capricho, hoy ambos se encontrarán en la misma vereda, bajo la lluvia, tal vez nunca se enteren que compartieron un día las mismas baldosas, la misma melancolía.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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«Rosa Mosqueta en la Patagonia»

Como siempre el agradecimiento a la Dra. María Eugenia Salgado Salomón por compartir sus conocimientos y en este caso junto a Estudiantes de 4° año de la carrera Ingeniería Forestal de la Universidad, sede Esquel, Agustin Vazquez y Mario Mellado, para conversar sobre la problemática de la Rosa Mosqueta en la Patagonia, específicamente en la región. Cátedra Libre Unpsjb CONICET Dialoga Ciencia, tecnología E Innovación Productiva de Chubut
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