Cartógrafo de tus deseos

Midiendo la distancia de la vida, calculo que me encuentro a ciento veinte tangas del abrazo final de la parca, mientras miro por el espejo retrovisor del tiempo, observo una manada de corpiños sedientos de venganza mordiéndome las llantas de mis infidelidades de matiné.
Mis pupilas son dos pezones con timbre haciéndole ring raje a las puertas con cruces, santas y ángeles, encabronando sotanas y desvistiendo perversiones de cotillón en los altares de vino y leche sagrada.
Sonrío con la alegría de un clítoris que canta hasta ser rosa roja loca, brotando jugo de sus labios carne y piel, bebiendo de esa sabiduría recorreré a punta de fantasías las caderas pronunciadas de esta tierra, para ser el cartógrafo ciego de tus deseos.

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