🥴 Rascarse el ojete es saludable 🥴

(Teoría psicoanalítica del Dr. Rodolfo Ortello)

La “Temblereque Nalgutem Corporis” es un nervio corporal sutil, descubierto por el esquelense Rodolfo Ortello y expuesto en su Teoría y demostración del nervio antes mencionado.
El Doctor Ortello, descubrió que este nervio conecta mediante dos extremos, de un lado, con ambas nalgas, y de éstas parte un recorrido que asciende por la espalda hasta la mitad, aproximadamente, debajo del omóplato se ubica un nudo de este nervio que contiene el primer corazón de dicho filamento, en este corazón se materializa mediante un cosquilleo que abarca, prácticamente, toda la mitad superior de la espalda la sensación de placer y satisfacción ante el rascado de alguna de las nalgas en virtud de la picazón esgrimida por las mismas. Continúa el nervio hasta la nuca donde se deposita el segundo corazón del nervio en cuestión que, por el rascado de las nalgas en situación de picazón, promueve además de la sensación de placer, el erizado de la pelambre ubicada en esa zona geográfica.
Según el Doctor Ortello, la vía nerviosa culmina su recorrido en el dorso de las pupilas, sujetando los parpados desde atrás causando, ante el rascado nalgal, el cierre de los parpados en empírica demostración de placer sublime.
En palabras de Ortello, apoyado en su teoría por el Psicoanalista Juan Delort, este nervio, el “Temblereque Nalgutem Corporis”, es medular en la estabilidad emocional de las personas, como lo rezaba en el último párrafo de su exposición en la Universidad de Oxford titulada “No le mezquinen uña a los cachetes del culo”:

“…Y finalmente los exhorto a rascarse el tuje sin prejuicio y con total libertad, ya que en el mismo rascado, en la acción rascaril, está el secreto de la libertad del inconsciente que puja por liberar sus demonios estancados a lo largo y a lo ancho de nuestra alma alojada en el cuerpo. Cada vez que nos pica el ojete, nuestro subconsciente nos está avisando o diagnosticando un problema psicológico anclado en nuestro ser, por ende, libre rascado de las nalgas activa el nervio Temblereque Nalgutem Corporis, que abre esa especie de temblereque o cosquilleo que exorciza los dramas psicológicos arrastrados desde la niñez…”

🌳 La bailarina de la laguna Terraplén 🌳

(Leyenda patagónica)

Históricamente, la cartelería e información turística ha prescindido de brindar datos acerca de las experiencias místicas de la Patagonia, un poco por pudor institucional y otro poco por miedo a posibles respuestas del más allá. Mi deber moral es, por supuesto, no dejar en el olvido las manifestaciones que la vida, y la muerte, van sembrando en los surcos de la existencia como mapas en la oscuridad del destino.
Pues bien, quienes suelen ir al Parque Nacional los Alerces, sobre todo aquellos de almas sensibles, la han visto a orillas de la laguna Terraplén, o como algunos afortunados que han sido testigos de sus desplazamientos artísticos al son de la música del viento y las olas de la laguna.
Nuestros abuelos cuentan que en aquella zona vivía la familia Napaiman, originarios del lugar. Elvira y Eusebio tuvieron sólo una hija, Aneley.
La familia de la Terraplén recibió, a principios del siglo XIX, la visita de un explorador y fotógrafo argentino del cual aún no se tienen datos fehacientes. Entre muchas horas de compartir las culturas, Aneley quedó hipnotizada por unas fotografías en sepia de una bailarina en un teatro de Buenos Aires, mientras el explorador le contaba que algunas personas danzaban músicas para expresar historias, pensamientos y emociones.
La hija de los Napaiman, todos los días, corría feliz hasta la orilla de la laguna vestida con algunas telas que hacían de tutu al estilo de la bailarina color sepia. Nada la hacía más dichosa que bailar e interpretar naturalmente lo que el viento, la tierra y el agua le transmitían en notas musicales.
Pero aquella zona en aquel siglo, también fue víctima de la cruel mal llamada «campaña del desierto».
La familia Napaiman fue desalojada a la fuerza, algunos historiadores aducen que fueron muertos para sacarles las tierras, al igual que el explorador que había elegido aquel territorio de los Napaiman para vivir y aprender de la sabiduría ancestral.
Maitén al son del viento, junto a flamencos y una laguna que resisten al olvido y no cesan de contarnos las penas que otros pretenden callar.

«Juntamos piedregullo y equilibramos el universo»

(Leyenda Patagonia)

Los turistas y los recién arrimados a Esquel solían (suelen) mofarse de las palabras escritas en la carreta, algo tuerta de estabilidad, que reza:

“Juntamos piedregullo y…”

…sin poderse observar la completud de la rustica publicidad, aparentemente, estos gendarmes del lenguaje, superponían el orden y estructura de la ortografía por sobre la belleza estética y la nobleza de un trabajo ejercido por dos hombres a quienes el tiempo tirano que nos rige no pudo alcanzarlos con su zarpazo de agujas y engranajes. Lo cierto es que fueron pocos, me atrevo a contarlos con los dedos de las manos y los del pie izquierdo, quienes se acercaron hasta la mejilla derecha escrita de la precaria carreta para esforzarse en leer o preguntarle a ambos trabajadores, cuales eran las palabras que no alcanzaban a divisarse luego de “Juntamos Piedregullo y…”.
Una vez, junto a Artemio Bock, mientras estábamos realizando un mapa cartográfico de los postes de luz de la ciudad más propicios para escribir declaraciones de amor, vimos pasar la carreta y no desperdiciamos la oportunidad. Una vez al lado del carruaje ya detenido, ante la pregunta sobre el faltante de la frase, el amable hombre respondió con el tiempo de la Patagonia que ahí dice (o decía):

“Juntamos Piedregullo y mantenemos el equilibrio del mundo”

Continuó el señor, comentando que todas las localidades del planeta tienen una o mas carretas, dependiendo de la cantidad de habitantes, que están encargados de trasladar, mover, cambiar de posiciones las piedras (de todos los tamaños) de una calle a otra, de una casa a otra, de barrio en barrio, para que el eje del globo terráqueo no cambie y mantenga su estabilidad en la órbita de la galaxia y de ésta en el complejo mundo en expansión. Inmediatamente recordé que, efectivamente, siempre andaban de acá para allá con la carreta trasladando escombros, piedras, pero sin perseguir fines de lucro, sino un fin muchísimo mas altruista, resguardar la seguridad de un planeta, en este caso, la Tierra.
El querido Artemio Bock se llevó este secreto consigo a otros planos de la existencia, yo lo mantuve hasta ayer, ya que al salir de la terminal me tope con la carreta heroica y su no menos heroico conductor, me sorprendió ver sólo a uno de sus ocupantes, me acerqué, me reconoció con una débil, pero honesta sonrisa y antes que alcanzara a preguntarle sobre su compañero, el hombre me dijo que su amigo había cumplido una tarea colosal y efectiva en Esquel, por este hecho, las fuerzas que diagraman el universo le habían encomendado una labor de mayor responsabilidad, la de mantener el equilibrio de la Vía Láctea y, que si me esforzaba yo en las noches despejadas, podía observar en aquella constelación pequeños movimientos de las estrellas.
Pues bien, era la señal que la labor se estaba llevando a cabo como corresponde, no estoy plenamente convencido si hago bien en revelar este secreto que mantuve durante tantos años, pero creo que si un porteño apurado que no comprende el tiempo y el lenguaje de los coirones, o un turista que solo anda de paso, se ríe de una falla ortográfica en una carreta, me gustaría que regrese a su casa sabiendo que hay oficios en el mundo que están más allá de los gendarmes del lenguaje.
Antenoche faltó una estrella en la Cruz del Sur, pero anoche colocaron otra en el lugar faltante. Gran labor la del vecino de la carreta que junta piedregullo y…