«Ver guita desvía la atención»

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En las construcciones colectivas, el sueño de la inclusión, la ampliación de derechos, la movilidad social, la expansión de las culturas y el andar hacia ese horizonte es precedente a la búsqueda del dinero para la consolidación de esas utopías.
Cuando la relación se invierte, es decir, obtener el dinero pasa a ser el fin desde donde por un tiempo se aportan soluciones, pero se va vaciando la génesis a través de la cual se intentaba erosionar las ruedas del neoliberalismo, necesariamente estamos en presencia de otro triunfo del capitalismo, pero algo maquillado, hasta una «Mauriciomacriada» o un «Mauriciomacriado» puede estar alardeando discursos populares, pasando imperceptible para una multitud.
Estamos en presencia de lideres latinoamericanos que, con sus matices y contradicciones, en esta última década, nos han salpicado de esta alegría transformadora que pone bajo la mira crítica a las finanzas, la circulación de la riqueza y la simbología del dinero, aún debiendo forzosamente tener que lidiar con tensiones económicas propias del sistema en el que se está viviendo, pero sin dejar de resaltar sus miserias y falencias.
La tarea más digna y fortalecedora consiste en liberar las fuerzas creativas políticas, culturales con la salvaje sed de amor por el Otro, el que nos complementa, el que nos constituye, el que nos brinda nuestra propia identidad. Luego de estas acciones hijas de una natural energía transformadora sin la intermediación de la maquinaria estructuradora que produce el dinero como fin último para la consecución de los fines altruistas, podemos situarnos en relación de poder por encima de la economía, teniendo a la cultura y la política por arriba y digitando las direcciones del capital, empujando necesariamente hacia el cambio, la revolución de paradigmas que venza, definitivamente, al capital.
La educación de los cuadros políticos modernos, que nacen, por ejemplo, en la lucha de los que anhelan los estados pluriculturales, tienen que generar el hambre de igualdad de oportunidades, el fervor por la justicia social, el el amor por el otro, por los otros, casi como un mandato de un adn revolucionario.
Dirían nuestros abuelos «con yuyo cualquiera es brujo», y creo que la frase es de una contundencia filosófica magistral.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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