“Vatonio de San Anquita”

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Al lado de mi casa hay una obra en construcción, ahí mismo trabaja Don Braulio Dominguez.
Todas las tardes, al regresar de mi trabajo, lo veo agachado con sus dos manos sobre las rodillas como queriendo aguantar sobre su lomo cada trozo de gravedad que nos toca a cada uno.
Acerca su débil mirada con tela de araña a un rosal desteñido por el desgano del tiempo. También arrima su dedo índice y en la punta del mismo una gota de agua mezclada con azúcar. Acerca el dedo, lo acerca suavemente hasta la boca, diminuta como el universo, de una Vaquita de San Antonio, viejita, que a duras penas sobrevive en la rama más alta del rosal.

El bichito bebe de la gota el amor de Don Braulio.

Estos últimos años me pareció percibir que hay menos vaquitas de san Antonio en los jardines, en los rosales, en las macetas de nuestros patios. Son más tristes esos espacios sin los bichitos rojo fuego con lunares en la espalda.
Tengo deseos de despertarme temprano mañana en la mañana y antes que lleguen los obreros para comenzar su jornada laboral, dejarle una tapita de gaseosa con agua y azúcar debajo del rosal. Quizás Don Braulio se de cuenta que quiero ayudarle.
Él, ya me ayudó.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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