“Buen día, Yo”


Hoy es un buen día para sacarse el sombrero por ese otro yo que se atreve a decir lo que quienes andamos por la vereda no nos animamos, pero que sin embargo coincidimos casi plenamente ante sus dichos; y de paso agradecer la sacada de sombrero de ese otro yo que anda por la calle quien no se atreve a poner la trucha de la cotidianidad y que, prácticamente, coincide con todo lo que decimos.
Que tal, Yo, lo saludo a usted y a Mi, que tengan un lindo día, se lo merecen.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Cementerio de platos voladores”


Las tapitas de gaseosas envases de vidrio, son viejos platos voladores que caducaron su vida útil en un planea lejano. Sus tripulantes, jubilados choferes interestelares cuyo carnet de conducir cósmico no les fue renovado en sus galaxias de origen y lo hacen aquí, en la Tierra, habitan en el interior de las burbujas de gas y suelen llorar cuando los humanos destapamos las gaseosas y arrojamos las tapitas lejos, dejándolos con la tristeza del destierro y la imposibilidad de seguir haciendo lo que les gusta, manejar diminutos platos voladores.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Nazco naciendo”

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En cada pensamiento nacen mis naceres que me nacieron desde el nacer, algunos han nacido en el sueño que se nace a si mismo, otros nacieron en la loca vigilia nacedora del pensar, algunos de los pensamientos, pensamientos tímidos, aún no se animan a nacer, pero hay muchos pensares que son socios vitalicios de los sentires y las libertades.
Un nuevo día con pensares de ayeres que me nacieron hoy, me ayudan a nacer naciendo hacia mañana, abrazandome a los nacimientos diversos de los pensares que no cesan de nacer.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Devoción”


Hoy voy a observarme desde la cima de un eucalipto, mientras duermo, como deshojando la cebolla, las capas de piel de los siglos que nos habitan.
Tengo fe que, entre el alba y el atardecer, cuando menos lo espere, me miraré a los ojos mirando el mundo, comprendiendo el universo, muriendo, al fin.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“De divanes y ventiladores”

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En la vereda sin baldosas de mi conciencia, las vecinas moralistas con ruleros, baldes y escoba en mano, entre chisme y lenguas afiladas, baldean las hojas secas de la memoria, las tucas de amores mal apagados hasta dejarlas en el abismo de la ochava de mi vida.
Por las dudas, me cuelgo de la medianera del inconsciente y al trepar salpico escombros de recuerdos mal arreados.
Una vez en la azotea, intento posesión del timón y empiezo a surfear la cresta de la ola, con una pata con talco del lado de la lógica y otra pata con uñas largas rasguña la tierrita de la locura.
Eso le dije a mi Psicoanalista, mientras daba vueltas aferrado al ventilador de su consultorio. El, con los lentes “resfalando” la punta de la napia, me dijo: “El problema radica en el enchufe del ventilador, tiene usted que comprarse uno para su casa”, y lo desenchufó.
No regresé nunca más al profesional de la capocheta; aunque algunos amigos que se creen napoleones de sus barrios, me dijeron que lo vieron vendiendo enchufes y ventiladores en una modesta casa de electrodomésticos.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Despertarse con caprichos en las pestañas”


Damas y caballeros, discúlpenme si hoy no los saludo al entrar a este nuevo día. Mientras me limpio el yute de las alpargatas de esta fiaca en el felpudo del amanecer, confieso que aun me anda mordiendo los talones de la lógica un sueño con fecha vencida.
Envidio al sol que nos interpela desde el horizonte y al árbol de la vecina que no se enoja con los pájaritos que le cagan sus ramas.
A veces pienso que no nos cepillamos los dientes por razones higiénicas, sino que la cerda del cepillo remueve los escombros oníricos que se acurrucan en los dientes y las muelas para ligar de rebote las sobras de los deseos no cumplidos.
Ya se, claro, no hace falta que me digan que este texto no tiene mucho sentido y carece de belleza estética, pero mientras me rasco un huevo, les aseguro que las pequeñas líneas con olor a tierra mojada que se doblan hasta ser líneas, que se retuercen hasta ser letras, que se aparean hasta parir palabras, no hacen mas que confirmar su previa existencia a la razón chabacana e ignorante que se falopea con la lógica, dirigiendo mis torpes dedos en el teclado que escribe esta inutilidad de la literatura que, de vez en cuando, a vos que lees hasta aquí, te sirve de espejo que escupe tus virtudes y miserias en tu jeta sin pedirte permiso.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“La Oruga Maruja”


En la maceta más vieja y sucia del jardín de mis broncas vive la vieja oruga Maruja, que no arruga ni se estruja
si me escondo en mi burbuja.
Cuando me enojo me convida te de hinojo, si me brota berrinche me canta canciones en cocoliche, cuando me pongo cabrón sopla una suite con su trombón; a veces se me pira la ira y me calma con un tango en su lira.
Señor jardinero, no se lleve la maceta más vieja y sucia
del jardín de mis broncas, la vieja oruga Maruja no es bruja
y me ayuda a salir de la burbuja.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“La noche de las palabras”

(Sueño surrealista sobre los medios de comunicación)

Noche de las palabras, fueron los dientes de las carabelas del viejo mundo, que mordieron las miradas que nos devolvían el universo en tantas formas como lenguas caminaban estos diversos suelos, hasta ahogarlas abajo de las sabanas del olvido de la historia oficial.
Regresan la noche y las carabelas vestida de hambre de dinero, chorreando grasa añeja, vuelven masticando con voracidad las miradas que nos multiplican, que nos crean, que nos complementan en el ser siendo con el ser es del otro ser que nos es siendo.
El capitalismo nos ha acorralado en el baldío del simbolismo, pero aun nos queda el fueguito en la esquina del barrio de las esperanzas de los Pueblos, desde donde empezamos a pensar, crear, amamantar los nuevos símbolos que nos contendrán y defenderán del avance de las inescrupulosas inmobiliarias uniformes de la distribución de la comunicación, y en el amanecer de los libres nutrirán nuestra lucha la savia de los sabios ancestros que muertos no han muerto y desde las esquinas de los barrios comenzarán a latir los tambores de las voces milenarias en comunión con las voces que gritan en silencio libertad y la palabra volverá a ser palabras y el todo volverá a ser todos y las carabelas levantarán las velas para regresar al viejo mundo asustadas por los rayos diversos del sol de las palabras.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Los Colgaus Club Social”


Anoche, aprovechando la cercanía de las nubes que bajaban a beber calor de las chimeneas, pude atrapar algunas de ellas. Les di de beber, comer y calor de hogar.
Hoy me levanté y las saqué a pasear por la ciudad. Las llevé a las oficinas de mis amigos, al mercado y al contador que me tenia que entregar una rendición de cuentas atrasadas.
Varios de ellos, sorprendidos, me dijeron que ahora entendían la razón de mi “colgadez”, así que se tomaron el día libre. Les regalé una nube a cada uno y salimos a flotar por los aires sobre la ciudad de Esquel en busca de más colgados.
Si sos uno de esos románticos, locos de mierda, incurables chiflados calaveras que le cantan a la luna, aun cuando hay sol, mira para arriba hoy, tal vez nos veas y si andamos con el talonario de adscripción, hasta te podemos hacer socio del Club de los Colgaus.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Cielo lloró humanidad”


Anoche, en el cuarto piso de la madrugada, comenzó el cielo a estornudar lagrimas enojadas.
Empecinadas, las gotas kamikazes fenecían contra el vidrio, obligando a divorciarme de la sabana, levantarme y observar por la ventana.
Una desganada luz de neón del alumbrado público abría la posibilidad de ver la lluvia.
La sorpresa, no sin algo de miedo, me asistió.
No se trataban de gotas de agua, eran pequeños seres humanos del tamaño de las mismas. Sus miradas también denotaban cierto aire de sorpresa, pero no miedo.
Las gotitas humanas se estrolaban contra la calle, los techos de las casas y los autos. Vi algunos rostros conocidos. Puedo jurar que Chesterton y Leonardo Da Vinci fueron a parar a un charco, y dos o tres parientes de frente contra una bolsa de basura.
Anoche, en el cuarto piso de la madrugada, comenzó el cielo a estornudar lagrimas enojadas.
Cada tanto, el Tiempo y el Espacio son los dados con los que juega Dios. Precisamente, bajo esa oscuridad atravesada por el filo del neón urbano, tuve la oportunidad de asistir a una lluvia histórica.
Anoche, en el cuarto piso de la madrugada, el cielo lloró historia. Lloró humanidad.

Calaverita Mateos (Esquel)
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