“Nazco naciendo”

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En cada pensamiento nacen mis naceres que me nacieron desde el nacer, algunos han nacido en el sueño que se nace a si mismo, otros nacieron en la loca vigilia nacedora del pensar, algunos de los pensamientos, pensamientos tímidos, aún no se animan a nacer, pero hay muchos pensares que son socios vitalicios de los sentires y las libertades.
Un nuevo día con pensares de ayeres que me nacieron hoy, me ayudan a nacer naciendo hacia mañana, abrazandome a los nacimientos diversos de los pensares que no cesan de nacer.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Devoción”


Hoy voy a observarme desde la cima de un eucalipto, mientras duermo, como deshojando la cebolla, las capas de piel de los siglos que nos habitan.
Tengo fe que, entre el alba y el atardecer, cuando menos lo espere, me miraré a los ojos mirando el mundo, comprendiendo el universo, muriendo, al fin.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“La Oruga Maruja”


En la maceta más vieja y sucia del jardín de mis broncas vive la vieja oruga Maruja, que no arruga ni se estruja
si me escondo en mi burbuja.
Cuando me enojo me convida te de hinojo, si me brota berrinche me canta canciones en cocoliche, cuando me pongo cabrón sopla una suite con su trombón; a veces se me pira la ira y me calma con un tango en su lira.
Señor jardinero, no se lleve la maceta más vieja y sucia
del jardín de mis broncas, la vieja oruga Maruja no es bruja
y me ayuda a salir de la burbuja.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“La noche de las palabras”

(Sueño surrealista sobre los medios de comunicación)

Noche de las palabras, fueron los dientes de las carabelas del viejo mundo, que mordieron las miradas que nos devolvían el universo en tantas formas como lenguas caminaban estos diversos suelos, hasta ahogarlas abajo de las sabanas del olvido de la historia oficial.
Regresan la noche y las carabelas vestida de hambre de dinero, chorreando grasa añeja, vuelven masticando con voracidad las miradas que nos multiplican, que nos crean, que nos complementan en el ser siendo con el ser es del otro ser que nos es siendo.
El capitalismo nos ha acorralado en el baldío del simbolismo, pero aun nos queda el fueguito en la esquina del barrio de las esperanzas de los Pueblos, desde donde empezamos a pensar, crear, amamantar los nuevos símbolos que nos contendrán y defenderán del avance de las inescrupulosas inmobiliarias uniformes de la distribución de la comunicación, y en el amanecer de los libres nutrirán nuestra lucha la savia de los sabios ancestros que muertos no han muerto y desde las esquinas de los barrios comenzarán a latir los tambores de las voces milenarias en comunión con las voces que gritan en silencio libertad y la palabra volverá a ser palabras y el todo volverá a ser todos y las carabelas levantarán las velas para regresar al viejo mundo asustadas por los rayos diversos del sol de las palabras.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Los Colgaus Club Social”


Anoche, aprovechando la cercanía de las nubes que bajaban a beber calor de las chimeneas, pude atrapar algunas de ellas. Les di de beber, comer y calor de hogar.
Hoy me levanté y las saqué a pasear por la ciudad. Las llevé a las oficinas de mis amigos, al mercado y al contador que me tenia que entregar una rendición de cuentas atrasadas.
Varios de ellos, sorprendidos, me dijeron que ahora entendían la razón de mi “colgadez”, así que se tomaron el día libre. Les regalé una nube a cada uno y salimos a flotar por los aires sobre la ciudad de Esquel en busca de más colgados.
Si sos uno de esos románticos, locos de mierda, incurables chiflados calaveras que le cantan a la luna, aun cuando hay sol, mira para arriba hoy, tal vez nos veas y si andamos con el talonario de adscripción, hasta te podemos hacer socio del Club de los Colgaus.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Cielo lloró humanidad”


Anoche, en el cuarto piso de la madrugada, comenzó el cielo a estornudar lagrimas enojadas.
Empecinadas, las gotas kamikazes fenecían contra el vidrio, obligando a divorciarme de la sabana, levantarme y observar por la ventana.
Una desganada luz de neón del alumbrado público abría la posibilidad de ver la lluvia.
La sorpresa, no sin algo de miedo, me asistió.
No se trataban de gotas de agua, eran pequeños seres humanos del tamaño de las mismas. Sus miradas también denotaban cierto aire de sorpresa, pero no miedo.
Las gotitas humanas se estrolaban contra la calle, los techos de las casas y los autos. Vi algunos rostros conocidos. Puedo jurar que Chesterton y Leonardo Da Vinci fueron a parar a un charco, y dos o tres parientes de frente contra una bolsa de basura.
Anoche, en el cuarto piso de la madrugada, comenzó el cielo a estornudar lagrimas enojadas.
Cada tanto, el Tiempo y el Espacio son los dados con los que juega Dios. Precisamente, bajo esa oscuridad atravesada por el filo del neón urbano, tuve la oportunidad de asistir a una lluvia histórica.
Anoche, en el cuarto piso de la madrugada, el cielo lloró historia. Lloró humanidad.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Humo de estrella”


En el patio trasero de mis soledades, se erige la montaña de melancolías más alta del barrio de los poetas que tejen sombras y en las noches de licor sin labios cercanos, una estrella guacha de galaxias se posa sobre la pipa con memoria y, mientras fumo su luz tenue de cosmos lejanos, no le llego a los talones, pero al menos puedo oler el aroma del verso que dio vida al cauce de la existencia.

Dibujo de Troche.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“En la nariz de la punta”


En la punta de mi nariz anida una Mentira. Tiene alas, ojos grandes y una tela de araña anaranjada enredada en sus verbos y sustantivos.
Los días lunes, miércoles, viernes y feriados, remonta vuelo. Nada océanos de nubes en busca de una Verdad.
Las obreras de una colmena japonesa la iniciaron en la aventura. Según dicen, esta Verdad habita en cada mejilla de los niños que toman cacao y se embarran las zapatillas.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Lucrecia, la burbuja extraviada”


Lucrecia era una Burbuja de jabón que no conocía cómo, cuándo ni donde nació. Tampoco sabía hacia donde viajaba ya que el viento y la brisa no comprendían el idioma de las burbujas.
Cierta tarde de Abril, Lucrecia flotaba distraída por los aires cuando de repente chocó con un cactus en la Quebrada de Humahuaca. Las gotitas cayeron al suelo y las bebió una langosta ciega que pudo seguir su peregrinación en paz, en cambio, el alma de Lucrecia se elevó hacia el cielo hasta besar una nube gorda y remolona que la cuidó entre sus brazos de algodón.
En las tardes de tormenta, las gotas de lluvia que se estrellan en los charcos de las calles solitarias forman tribus de burbujitas revoltosas que repiquetean una melodía que sube al cielo indicando al alma de Lucrecia el camino de regreso a casa.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“A la plaza de mi barrio le duele la muela”


El dolor era espeso y agudo. Intuía que venía de muy, pero muy adentro. Até la muela que mastica los recuerdos al picaporte del inconsciente y esperé la llegada de Doña Sorpresa.
Al cabo de unos minutos, que aquí en este Pueblo duran ochenta segundos y dos peras en almíbar, alguien abrió la puerta con fuerza. Era la bandita de amigos de la plaza del barrio que en nuestra niñez estaba bajo el reinado de los niños, las aves, las flores y las mariposas solteras.
La muela saltó por el aire y detrás de ella una cola de cometa brillante, llena de chispas, pero en el extremo apareció una burbuja gris. En su interior lloraba una nena muy pequeña, Seis años tal vez. Su pena tenía el aroma de la cercanía. Recordé. Se trataba de la niña que leía poemas en el tobogán de la plaza y que nadie escuchaba. Todos se burlaban.
Tomé la muela, sostuve su extremo. Por favor, leé para mi una vez mas, le dije a la niña. Ella tomó un viejo cuaderno Laprida, lo abrió al medio y dijo:

“Las Plazas vuelan sostenidas por el canto de los colibríes. Las Plazas ríen, lloran y regresan como un dolor de muela para recordarnos, cuando adultos, que si las olvidamos las peras y las mariposas perderán el aroma de la niñez, ese aroma con sabor a magia que nos permite estar recordando, por ejemplo, el columpio de la Vida”.

El dolor de la muela se fue. Comí una rica pera con miel en el banco mas viejo de la Plaza de mi barrio.

Calaverita Mateos (Esquel)
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