“Sombrita de Luna”


Por detrás de las mejillas de la luna, allí donde los guaches del sol no alcanzan a enlazar las solitarias soledades, partió danzando una Sombrita en la noche infinita del cosmos.
Cuentan los planetas cercanos, que la Sombrita giraba sobre el eje de las esperanzas salpicando elegancia sobre la cabellera de los cometas, mientras estos agachaban sus vergüenzas en la vía láctea se para observar su pasar.
Dicen los asteroides, en sus grises rumores, que las estrellas brillaron menos esa noche, en parte por envidia que les generaba la belleza de la Sombrita, pero también por la la poesía sin símbolos ni destino que velaba la luz incomoda.
Aseguran, los astronautas jubilados, que la Sombrita de la luna, hace años camina entre los mortales.
Sus pies en giros y saltos marcan la hora de un reloj sin tiempo, sus ojos tallan las músicas lejanas, sus silencios hablan lo que las palabras no se animan a orar.

• Dedicado a la Sombrita que baila, Flor Retamosa

Calaverita Mateos (Esquel)
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“De domingos y de fiacas”


Este Domingo tiene lunares de lluvia en sus cachetes de nube.
Mi fiaca salió volando por la cerradura de la puerta de un bostezo, mientras aletea con las alpargatas de los sueños con resfrío, desde la copa de un pino que creció en la punta de la nariz de una montaña caprichosa, y les hace pito catalán a los restantes días de la semana.

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“Amanecer Esperanza”


Es temprano, el rocío melancólico nutre de recuerdos la piel de un trébol de cinco hojas en el jardín y desde el centro de tallo brota una bandurria arquitecta que vuela hasta e borde la ventana donde se posa, bosteza y de su pico emanan diez rinocerontes con el cuero color arco iris, vuelan has asentarse uno por uno en mis pestañas, entonces despierto antes de ayer y bajo a preparar unos mates en la corteza de un viejo tronco seco de ñire, con yerba traída de la cosecha que realizan cada mes trece los salmones tartamudos en el deshielo del Nahuelpan.
Bebo el primer mate y ya estoy en ayer, mientras el dulce de cosquillas de estrellas se esparce por el pan de harina de ralladura de luna llena.
Estoy en el día de hoy, el sol sale despacito por detrás del lomo de un piche que cava una cueva hasta el centro de la tierra de los cuentos sin fin, las aves que nadan en los ríos cantando sones de burbujas y los peces en fila en las ramas de los arboles luchan contra la corriente de los que aun no se atreven a fabricar sus propios sueños.
Buen día, dice mi hija desde su cama, sonrío y subo a abrazarla convencido que su voz es la voz de la esperanza.

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“Diálogo entre una pestaña y una lágrima”

(Brevísimo guión para teatro)

Pestaña: Niña, no te sueltes, resiste.
Lágrima: No me quedan fuerzas, lo juro.
Pestaña: No quiero ver más lagrimas caer.
Lágrima: No llores, recuerdame en el reflejo de los charcos.
Pestaña: Tu también, no me olvides, por favor.
Lágrima: El jugo de la tristeza jamás olvida el amor.
Pestaña: ¿en vano luchamos contra nuestro destino?
Lágrima: No, algún día seremos verbo en la tina heroica.
Pestaña: Disculpa, se resbalan tus dedos de los míos.
Lágrima: No llores, déjame ir.
Pestaña: Adiós, hasta siempre, pequeña gota de cristal.
Lágrima: Gracias, seremos poesía que vence destino.

– Fin –

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“Dialogo entre una gota de agua y una copa”


Agua: Es lo mismo contener el agua que el vino?
Copa: No, niña, son dos maneras de abrazar.
Agua: Qué sientes cuando hay llanto de uva en tu pancita?
Copa: La cosquilla de las raíces besando el cuello del sol.
Agua: Y cuando cuidas lagrimas del cosmos?
Copa: me doy un baño de eternidad.
Agua: Y cómo la pasa cada vez que está seca, a la sombra, en la espera?
Copa: Sed de los besos que vienen a beber cosquillas e infinito para vivir.
Agua: La voy a extrañar cuando sea nube.
Copa: Recuerdame cuando lluevas.
Agua: Lo prometo por los ríos y los océanos.
Copa: Salud.

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“Piedra libre”


Sopla el viento del Sur en el patio de la memoria.
Por el agujero de la cerradura de todas las veces que nos dijeron “pido gancho” en el juego de todas las escondidas durante la niñez, florecen dos esquinas, tres atrás del armario y media debajo de la cama que gritan en coro mudo y multicolor.
Dicen, mientras cabalgan el viento, “piedra libre para mi” y ahí nomas comienzan a corretear los fantasmas de los viejos juegos que antaño sembraron de imaginación las parcelas de estas palabras.
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, el que no se escondió se embromó.

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“Vida de manchas y puertas locas”

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Con temperas y acuarelas con diente de leche, tiraba con las manos manchas en las paredes. Manchas que eran puertas de otros mundos detrás de mundos,
que albergaban seres gigantes y duendes con aroma a yerba mate.
Luego, aparecieron las manchitas en las hojas blancas. Libros, le llamaban los padres, garabatos locos, portales de universos varios, monigotes de tinta, letras traviesas.
Llaves de monstruos lindos y feos.
Manchas y firuletes, tintas y papeles, penas, miedos, risas.
Universos nuevos que no paran de multiplicarse.
Hoy, panza con ego y personalidad propia, mañas de viejo choto, de repente un funcionario, con cara de culo, que no sabe mancharse y sólo conoce puertas rectangulares, verticales, me preguntó con ceños fruncidos:

– ¿Actividad, profesión, oficio?

Entonces, más rápido que la lengua del sapo que captura al saltamontes en la planta,
le contesté, sin despeinarme la cresta:

– fabrico manchas, puertas en el agua y ventanas en las estrellas.

El señor me miró por arriba de sus lentes. Debajo de su escritorio se tiró un pedo un duende chueco. Detrás del tintero, sonrió un monstruo verde y peludo.

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“Jirafas bilingües”


Cuando me despierto de los sueños que me imaginan, me doy cuenta que cuento seis jirafas. Tres de ellas ciegas de los oídos, Las otras tres sordas por las nubes en sus ojos.
Todas son bilingües. Diestramente manejan la lengua de los bostezos y las fiacas. Por sus cuellos suben sin cesar mis dudas hasta llegar a la punta de la nariz. Desde allí saltan y son libres.
Mis dudas son cogotudas, libres y bilingües.

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“El tiempo en Fofo Cahuel”

(Leyenda patagonica)

Sucedió en Fofocahuel, provincia de Chubut, hace unos años atrás, precisamente en la vieja tapera de Doña Edelmira Cañulef.
En la cocina de su casa, arriba de un viejo mueble que tiene varices en sus patas de madera, había un reloj heredado de su bisabuelo. Una noche fría de invierno y silencio, la aguja más grande del reloj de repente se detuvo, esperó a las otras, correspondientes a los segundos y a los minutos y les anunció que a partir de ese día emprenderían el camino inverso a su circular y rutinario recorrido.
Se cuenta que a partir de ese día, el reloj de Doña Cañulef, se dedicó a desandar la historia minuciosamente.
Desde la rebelión de las agujas, en Fofocahuel, el tiempo ya no es más tiempo. En Fofocahuel el tiempo es remanso, ayer y distancia.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Triste historia a la sombra de la tranquera”


Qué ardua e invisible la tarea del candado y su amante, la cadena.
Sostienen, ambos, la tensión de las fuerzas camperas que pujan por la libertad de la tierra y las fuerzas arrolladoras que desde antaño empujan, no cesan, con hambre de seguir fagocitando las migajas de una riqueza que otrora fue de los criollos, del originario, de la historia sin historia.
Tratados dogmáticos y escupitajos ideológicos de ambas margenes del río de las sospechas del capital y la propiedad privada, han caído con fiereza sobre el candado y la cadena. A ellos le adjudicaron, dolosamente, la división de los divididos.
Pero la tranquera y el palo del alambrado lo saben. Hablan en silencio, no quieren ser castigados. Qué miserable es el destino que le dio al candado y la cadena la fuerza de los hércules en las vastas extensiones de estas pampas, pero a la vez, los sometió a la impiadosa y denigrante tarea de partir en dos la historia y la posesión.
Llegará el día que ambos, cadena y candado, por la erosión del tiempo y el oxido, cederán sus fuerzas y caerán al pasto seco. Desde allí secarán sus vidas en el mineral que será el alimento de la madera que será árbol.
Arbol que, desde las alturas, soñará tierra sin cadenas ni candados.

Calaverita Mateos (Esquel)
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