“Fibras Sylvapén y algo mas”


Se me ocurrió limpiar el último cajón del bajo mesada de mis padres, lo quité y lo coloqué sobre la mesa, empecé a ver recetas viejas en papeles amarillentos, corchos viejos, mazos de cartas de varias marcas tratando de completar uno entero, broches y ruleros sin uso y, de repente, como agazapado al fondo del cajón cobijado por la sombra del olvido una pequeña caja de fibras de color Sylvapen sin usar. Miré hacia los costados para ver si alguien observaba y destapé la cajita, extraje la fibra de color negro y sobre un papel arrugado dibujé un garabato que intentaba ser un niño, lo adorné con plantas y arboles con la fibra verde, mientras usaba la amarilla y la azul para el cielo y el sol.
Cuando el dibujo, si se puede decir así, estaba casi terminado me di cuenta que el niño plasmado con la fibra Sylvapen estaba en un lugar muy parecido a la casa de mis viejos y hasta los arboles y el sol se parecían bastante al día que transcurría, también observé que en el borde inferior del papel había como una cajita y en la mano del garabatito humano una especie de lapicera o fibra que empezaba a dibujar un rostro, una silueta que me recordaba mi perfil por la prominencia de la nariz, me asusté, guardé las fibras en el cajón, metí los ruleros, broches y demás chucherías y lo puse nuevamente al final del bajo mesada sin decirle nada a mis padres.
Hasta el día de hoy me persigue una intriga existencial, no se si soy yo el que vivió para dibujar el garabato o el garabato es la vida real que me dibujó dibujando el garabato con las fibras Sylvapen en la casa de mis viejos.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Desiderio Calfupán y la Palabra”


Sorpresivamente, Desiderio Calfupán se detiene al costado de una vieja casa abandonada, una voz sin voz trae en sus manos una sola palabra, la misma proviene de las entrañas mismas de aquel montón de ladrillos que aun, estoicamente, sostienen la idea de una vieja estructura.
La Palabra no posee sonido, pero si espacio, no la constituyen las letras, pero si la imagen que su fuerza denota.
La Palabra se filtra por las grietas de los olvidos que Don Calfupán ha dejado que avancen como la maleza sobre la memoria, cuando de repente un recuerdo sin palenque ni destino abraza la Palabra.
Suena música sin sonido y la inercia de la vida despliega autoritaria huelga de movimiento hacia los cuatro puntos cardinales.
Sin letras ni signos reveladores, la lectura simbólica del sentir más la comprensión emocional de la historia no escrita, le permite a Desiderio apreciar la certeza de Dios en una Palabra, esa Palabra es, precisamente, Dios.
Dios es, simultáneamente, la Palabra. De pronto, la casa se derrumba.
La inercia y las cosas remontan su trabajo de tiempo y espacio y Desiderio Calfupán llora sin tristeza, es injusta la soledad del que ha comprendido. En los escombros de lo que otrora fue la casa descansa, agotada, la Palabra.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Buen día, Yo”


Hoy es un buen día para sacarse el sombrero por ese otro yo que se atreve a decir lo que quienes andamos por la vereda no nos animamos, pero que sin embargo coincidimos casi plenamente ante sus dichos; y de paso agradecer la sacada de sombrero de ese otro yo que anda por la calle quien no se atreve a poner la trucha de la cotidianidad y que, prácticamente, coincide con todo lo que decimos.
Que tal, Yo, lo saludo a usted y a Mi, que tengan un lindo día, se lo merecen.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Cementerio de platos voladores”


Las tapitas de gaseosas envases de vidrio, son viejos platos voladores que caducaron su vida útil en un planea lejano. Sus tripulantes, jubilados choferes interestelares cuyo carnet de conducir cósmico no les fue renovado en sus galaxias de origen y lo hacen aquí, en la Tierra, habitan en el interior de las burbujas de gas y suelen llorar cuando los humanos destapamos las gaseosas y arrojamos las tapitas lejos, dejándolos con la tristeza del destierro y la imposibilidad de seguir haciendo lo que les gusta, manejar diminutos platos voladores.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Nazco naciendo”

Tears of Joy_scan, 3/19/70, 2:18 AM, 8C, 7926×9890 (72+314), 100%, inside, 1/12 s, R82.9, G39.8, B53.3


En cada pensamiento nacen mis naceres que me nacieron desde el nacer, algunos han nacido en el sueño que se nace a si mismo, otros nacieron en la loca vigilia nacedora del pensar, algunos de los pensamientos, pensamientos tímidos, aún no se animan a nacer, pero hay muchos pensares que son socios vitalicios de los sentires y las libertades.
Un nuevo día con pensares de ayeres que me nacieron hoy, me ayudan a nacer naciendo hacia mañana, abrazandome a los nacimientos diversos de los pensares que no cesan de nacer.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Devoción”


Hoy voy a observarme desde la cima de un eucalipto, mientras duermo, como deshojando la cebolla, las capas de piel de los siglos que nos habitan.
Tengo fe que, entre el alba y el atardecer, cuando menos lo espere, me miraré a los ojos mirando el mundo, comprendiendo el universo, muriendo, al fin.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“De divanes y ventiladores”

Tears of Joy_scan, 3/19/70, 2:18 AM, 8C, 7926×9890 (72+314), 100%, inside, 1/12 s, R82.9, G39.8, B53.3


En la vereda sin baldosas de mi conciencia, las vecinas moralistas con ruleros, baldes y escoba en mano, entre chisme y lenguas afiladas, baldean las hojas secas de la memoria, las tucas de amores mal apagados hasta dejarlas en el abismo de la ochava de mi vida.
Por las dudas, me cuelgo de la medianera del inconsciente y al trepar salpico escombros de recuerdos mal arreados.
Una vez en la azotea, intento posesión del timón y empiezo a surfear la cresta de la ola, con una pata con talco del lado de la lógica y otra pata con uñas largas rasguña la tierrita de la locura.
Eso le dije a mi Psicoanalista, mientras daba vueltas aferrado al ventilador de su consultorio. El, con los lentes “resfalando” la punta de la napia, me dijo: “El problema radica en el enchufe del ventilador, tiene usted que comprarse uno para su casa”, y lo desenchufó.
No regresé nunca más al profesional de la capocheta; aunque algunos amigos que se creen napoleones de sus barrios, me dijeron que lo vieron vendiendo enchufes y ventiladores en una modesta casa de electrodomésticos.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Despertarse con caprichos en las pestañas”


Damas y caballeros, discúlpenme si hoy no los saludo al entrar a este nuevo día. Mientras me limpio el yute de las alpargatas de esta fiaca en el felpudo del amanecer, confieso que aun me anda mordiendo los talones de la lógica un sueño con fecha vencida.
Envidio al sol que nos interpela desde el horizonte y al árbol de la vecina que no se enoja con los pájaritos que le cagan sus ramas.
A veces pienso que no nos cepillamos los dientes por razones higiénicas, sino que la cerda del cepillo remueve los escombros oníricos que se acurrucan en los dientes y las muelas para ligar de rebote las sobras de los deseos no cumplidos.
Ya se, claro, no hace falta que me digan que este texto no tiene mucho sentido y carece de belleza estética, pero mientras me rasco un huevo, les aseguro que las pequeñas líneas con olor a tierra mojada que se doblan hasta ser líneas, que se retuercen hasta ser letras, que se aparean hasta parir palabras, no hacen mas que confirmar su previa existencia a la razón chabacana e ignorante que se falopea con la lógica, dirigiendo mis torpes dedos en el teclado que escribe esta inutilidad de la literatura que, de vez en cuando, a vos que lees hasta aquí, te sirve de espejo que escupe tus virtudes y miserias en tu jeta sin pedirte permiso.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“La Oruga Maruja”


En la maceta más vieja y sucia del jardín de mis broncas vive la vieja oruga Maruja, que no arruga ni se estruja
si me escondo en mi burbuja.
Cuando me enojo me convida te de hinojo, si me brota berrinche me canta canciones en cocoliche, cuando me pongo cabrón sopla una suite con su trombón; a veces se me pira la ira y me calma con un tango en su lira.
Señor jardinero, no se lleve la maceta más vieja y sucia
del jardín de mis broncas, la vieja oruga Maruja no es bruja
y me ayuda a salir de la burbuja.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“La noche de las palabras”

(Sueño surrealista sobre los medios de comunicación)

Noche de las palabras, fueron los dientes de las carabelas del viejo mundo, que mordieron las miradas que nos devolvían el universo en tantas formas como lenguas caminaban estos diversos suelos, hasta ahogarlas abajo de las sabanas del olvido de la historia oficial.
Regresan la noche y las carabelas vestida de hambre de dinero, chorreando grasa añeja, vuelven masticando con voracidad las miradas que nos multiplican, que nos crean, que nos complementan en el ser siendo con el ser es del otro ser que nos es siendo.
El capitalismo nos ha acorralado en el baldío del simbolismo, pero aun nos queda el fueguito en la esquina del barrio de las esperanzas de los Pueblos, desde donde empezamos a pensar, crear, amamantar los nuevos símbolos que nos contendrán y defenderán del avance de las inescrupulosas inmobiliarias uniformes de la distribución de la comunicación, y en el amanecer de los libres nutrirán nuestra lucha la savia de los sabios ancestros que muertos no han muerto y desde las esquinas de los barrios comenzarán a latir los tambores de las voces milenarias en comunión con las voces que gritan en silencio libertad y la palabra volverá a ser palabras y el todo volverá a ser todos y las carabelas levantarán las velas para regresar al viejo mundo asustadas por los rayos diversos del sol de las palabras.

Calaverita Mateos (Esquel)
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