“A pesar de mis cabronitudes”


Hay días, como aquel domingo, que se levantan con el pie izquierdo y nos pintan en la cara con acuarela vencidas un culo de Botero. Son las garras de la providencial cabronitud que no toma licencia ni se adhiere a los feriados de los calendarios pedorrianos.
Asoma la nariz de la mufa y no hace mas que estornudar ceños fruncidos que le echan el fardo a cuanto ñato pisa la vereda de nuestra escueta existencia. Hay días, como aquel domingo, que la mala racha nos da la mano y nos muerde el codo.
Apostamos los últimos patacones a todos los números en la quiniela y para colmo sale la letra U. El sol baja su perilla hasta piloto y las goteras de los fracasos no paran de salpicar vergüenzas en la frente marchita. Hay días, como aquel domingo, en los cuales Mormones y Testículos de Jehovà hacen fila india en la puerta de mi casa para tocar timbre y ofrecerme el último descuento con boleto para dos, sin estadía paga, al paraíso.
Se hierve el agua para el mate, la Cooperativa avisa suspensión de la luz, el gas se corta y me encuentra con la cabeza hecha un cordero de shampoo y las bolas envueltas en espuma. Hay domingos, como aquel, que me hago el Messi y le doy un derechazo descalzo a la pata de la cama con el dedo chiquito del pie.
Sin embargo, entre tantos golazos en contra y una cancha cuesta arriba, aun me queda mi bunker privado: Un cuarto en soledad, un mate amargo, libros que rascan la espalda de la imaginación, una radio am escupiendo un tango de Manzi y una lapicera que aun carga algunas gotas de tinta negra y ahí, colgada en la pared de mis Edenes, tu rostro que me salva.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Calhambre”


Parecías letra muerta
pero volvió la verba mala hecha carne
Hambre
sin carne que mate el hambre
ni matambre pobre que alivie el hambre
eres eso que hace no hombre al hombre
Hambre
duele hasta la carne escucharte
Hambre
cala hambre profundo en el hombre
que ata su hambre con alambre
y sin alarde mata de hambre
al comienzo a pocos, luego al enjambre
indiferencia grande de cobardes
hombres, hambre, carne,
Hambre
vuelve como rumiante e incesante
ese olor de antes
empezó a doler la panza de chicos y grandes
Hambre
para la dignidad del pueblo eres calambre.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Somos lo que caminamos”


Somos un enjambre de experiencias montado sobre dos pies ciegos que ven con el olfato el sonido de los sabores de la existencia.
Somos los que caminaron la historia para permitirnos caminar la nuestra.
Somos innumerables caminantes en un solo caminante que nos caminan para seguir caminando.
Somos una caminata encaminada a caminar caminos caminados y otros no tanto.
Somos las gambas del destino que se bifurcan en las decisiones trascendentales, como así también confluyen en la esquina de las sendas que el camino del azar a veces nos deja a pata.
Somos camino del mañana sin andar, somos el presente en el instante que se camina, somos lo caminado por el mapa de nuestros callos plantales.
Somos un enjambre de experiencias montado sobre dos pies ciegos que ven con el olfato el sonido de los sabores de la existencia.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Vieja pared de ladrillo”


A mitad de la cuadra de mi barrio resiste una vieja pared de ladrillos. Algunos masticados por la lluvia y el viento, otros rasguñados por el tiempo. Conviven en su ser amarillos ladrillos viejitos y enfermos, también los hay naranjas oxidados. Sobreviven estoicos unos desteñidos con barba vieja de cemento salpicada en sus rostros.
Sin embargo, a pesar de sus diferencias y ubicaciones en la pared, cada uno de los ladrillos saben que uno es la pared y la pared son todos.
A mitad de la cuadra de mi barrio resiste una vieja pared de ladrillos. Si aun usted cree, podrá leer en ella el sentido de la vida.

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“Taza Obrera”


Sea en uso abrazando un café con leche o medio descascarada en la despensa fría, como así también desdibujándose en el horizonte cercano de un viejo patio ejerciendo el oficio de maceta de algún helecho rústico y silencioso; cuando entro en una casa y puedo ver aquel fortachón jarrito de lata, me siento tranquilo y cómodo. Se que estoy en casa de trabajadores.

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“Nieve, la Dama bella y sabia”


La nieve, esa bella, fría, sutil dama que vino a invitarnos a su fiesta tan hermosa, también nos convida a no olvidar la pulseada de la lucha de clases que sigue vigente, aunque lo blanquito, lo puro, quiera disimular la injusticia de la morocha América.
Niños jugando felices en las calles, sabiendo que al regreso hay una estufa, agua caliente y una chocolatada fortachona, mientras en un rancho de madera del otro lado del arroyo, los copos se abren paso entre las tablas mal pegadas, dos niños con mocos al borde de los labios se aferran a su jarrito de mate cocido, estiran la braza como el aliento mirando los pocos troncos de leña que le sobraron al terrateniente que desforestó su estancia para que corran tranquilos, ibres y fuertes, sus caballos de polo.
Un matrimonio cogotudo, copa de champagne en mano, brindan despechugados desde adentro de su bunker la nevada y le envían por whatsapp una foto típica navidad yanqui desde Esquel a Miami a su cuñado que cuenta dólares de la bicicleta financiera bajo una sombrilla en la playa; mientras tanto una parejita joven de changarines, sin changas, en la barriada morena, ajusta el plástico hasta que pueda cerrar el orificio que oficia de ventana por donde entra el frío, por donde se exilian las esperanzas.
La nieve, esa bella, fría, sutil dama que vino a invitarnos a su fiesta tan hermosa, también nos convida a no olvidar la pulseada de la lucha de clases que sigue vigente, aunque lo blanquito, lo puro, quiera disimular la injusticia de la morocha América.

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“Viejo tornillo herrumbrado”


Ya no da vueltas como las agujas del reloj, viejo tornillo herrumbrado. Sostiene las quejas de aquel rancho y los huesos de los parroquianos que lo habitan; y aunque la lluvia, el sol y el viento le siguen añejando sus esperanzas, sigue trabajando su destino épico, viejo tornillo herrumbrado.

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“Desierto y color”


No he decidido nacer en este harto océano de gris sin contemplación, pues nadie decide sobre la que ya se decidió, pero a pesar de la sed y orfandad de colores mi savia no ha dejado fluir con esfuerzo su tradición ofreciendo al sol las oraciones sin voz ni tinta.
No es heroísmo ni urgencia de trascendencia lo que me mantiene en pie, pues nadie decide lo que ya se decidió, y en la soledad que expande la distancia de mis congéneres, seré la verdad que por un instante mermará el andar de tus zapatos, cesará la labor de tu pensamiento y esbozará la tenue sonrisa en donde nos encontraremos, finalmente, a ser.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Libertad”


Los platos con comida en la mesa, unos bigotes de cacao sobre el labio de los niños, tizas multiplicando conjuntos de inclusión en el pizarrón, overoles amaneciendo con el sol, unos abuelitos de la mano caminando sonriendo con la frente alta.
La Libertad no es una palabra, solamente, sino el verbo hecho carne en el plato de comida, el bigote de cacao, las tizas, overoles y las manos entrelazadas.

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“Los domingos a la mañana soy multimillonario”


Estuve sacando la cuenta de toda las ganancias que acumulo un domingo por la mañana y, la verdad, me da vergüenza ostentar, pero me veo en la obligación de compartir mi riqueza con ustedes:

• Racimo de sol derritiendo la escarcha guacha: 100.000 mimos al corazón.
• Mate amargo con vapores danzando alrededor de la bombilla: 500.450 mimos al alma.
• Vieja radio Noblex 7 mares de mi Abuelo bostezando tangos y milongas: 3.570.662 mimos a la memoria.
• Despelote de libros y discos hacia los cuatro puntos cardinales: 3.770.242 mimos al pensamiento.
• Tres hijos con legañas y fiaca, con manda de amor, antes de salir a jugar al patio a liberar América: 5.555.020 mimos al futuro.
• Gorriones, colibríes, chingolos, comesebos patagónicos, comiendo el alimento que los nenes le ofrecen cada mañana: 2.567.920 mimos a la Vida.
• Manada de arboles varios trotando el horizonte de Montañas con barba blanca: 3.890.207.2087 mimos al Ser.

Declaración jurada de Calaverita Mateos presentada ante el Órgano de Registro de Tarambanas Insulsos sin Vocación de Amor (O.R.T.I.V.A.), para enseñarles que cada uno de nosotros, si nos proponemos, podemos ser multimillonarios a nuestra propia manera.

Calaverita Mateos (Esquel)
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