“Labios guardianes de las lenguas patagónicas”

(Leyenda)

Quienes han pasado como simples turistas por esta zona, principalmente por Esquel o también han optado por estas tierras para vivir, suelen observar dos fuertes características. Una, el desbordante caudal de bellezas naturales que se multiplican con cada parpadear. Otra, la parla de los esquelenses con ese particular modo de hablar entre dientes dejando los labios prácticamente cerrados como puñalada de tacho por donde las palabras florecen a una velocidad notable.
Los puristas del lenguaje, el ala fundamentalista del ISER y el departamento de marketing de publicistas de la empresa de dentífricos Colgate no sólo se refieren a nuestra manera de hablar de manera peyorativa, sino que incluso algunos intrépidos han llegado más lejos aún, presentando denuncias penales contra todos los ciudadanos de Esquel por deformarel el idioma español y promover la incomunicación entre los patagónicos y el resto de la Argentina. Recordamos un tramo del prólogo escrito por el reconocido Locutor Eduardo Aliverti en su libro “Esos ñatos hablan para la mierda”:

“…Y al llegar a ese lugar en donde se dan la mano la estepa y la cordillera, estaban ellos, los esquelenses. Qué pedazos de hijos de puta, de modular los labios ni hablemos con estos conchudos…”

Si bien el libro tuvo un relativo éxito entre los alumnos más chupamedias del ISER, otro libro de menor tirada y prepotencia caló hondo en las nuevas escuelas teóricas lingüísticas de América Latina, escrito por Sergio Clitor Isabio, el Doctor en Lenguas de la Universidad de Esquel, Conches Upico, llamado “Eh, vó, Alivert ¿So pesao?” donde refuta una a una las posturas tendientes a legislar y uniformar el habla, esbozadas por el Locutor antes citado.
A continuación un extracto de la obra de Clitor Isabio, del capítulo XI, titulado “Con mi boca hago lo que se me canta el orto”:

“…En estas tierras, antes que la fauna intelectual del mundo comenzara a esbozar los peligros de la globalización, no sólo en la economía, sino en a cultura y principalmente en el lenguaje, nuestros ancestros, abuelos y padres supieron que el pensamiento único venía por nuestras simbologías, por nuestra oralidad, primer y último bastión de la identidad de los Pueblos. En virtud de este temor, por precaución, nuestros antiguos pobladores comenzaron a hablar con los labios cerrados para proteger las palabras, brindarles calor, prepararlas antes de ser evacuadas de la cavidad bucal, para que salieran con coraza y espada a defenderse del ataque globalizador y uniformante, como así también la verba rápida y ensimismada tiene su lógica en el crear lazos y unión, sin dejar mucho tiempo y espacio entre cada palabra, para que la unión y velocidad de las frases tengan más fuerza ante el embate de los malignos deseos de uniformar la lengua que el sistema globalizante ha decidido llevar adelante…”

En la actualidad, libros de Aliverti suelen verse en las bibliotecas de los gendarmes del lenguaje o como anotador de chin chon en algunos geriátricos del conurbano bonaerense. Lamentablemente, ejemplares de la obra de Sergio Clitor Isabio no se encuentran ya, tal vez están celosamente guardados en humildes y fortachonas bibliotecas populares o familiares de Esquel y la región.
Lo cierto es que el impacto de la teoría esgrimida en “Eh, vó, Alivert ¿So pesao?”, se puede saborear con la simple, exótica y bella forma de hablar de los esquelenses, en donde la verba viaja y se confunde con el mismísimo viento patagónico.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“La fotografía engualichada del Banco Nación de Esquel”

(Leyenda patagónica)

No es bueno mofarse de las supersticiones populares, menos aun si estas nos pasan por al lado, son obviadas o simplemente generan temor en la población hablar de ellas. He tomado la iniciativa de hablar de un hecho, una leyenda sobre la cual nadie quiere hablar o discutir: “La foto carnet del Banco Nación”.
Como todos sabemos, aunque muchos se harán los sotas, esta se encuentra en el ingreso al banco arriba de una tarima a mano derecha y sobre ella un fuerte vidrio que la protege de inescrupulosas manos de los negadores de leyendas que quieran arrebatarnos la esperanza esquelense de contar con una buena historia que nos permita generar mayor caudal de turistas a nuestra ciudad.
En las investigaciones históricas realizadas por el Historiador y Proctologo africano, Diego Federico Rodríguez cita en su libro “De esto nadie habla un choto” un párrafo que enuncia lo siguiente:

“…El Obrero y Albañil uruguayo radicado en Esquel hasta 1958, Washington Termo Matienzo, encargado de la construcción del ingreso al Banco Nación de Esquel, cuenta que antes de colocar el primer ladrillo en la institución bancaria ya había percibido que en el lugar había una fotografía pequeña que le llamó la atención por ser la primera vez que veía una a colores y que al intentar sacarla de allí, ésta regresaba por arte de magia al otro día ubicándose en el mismo lugar. Esta sucesión de hechos produjo tal miedo en Washington que decidió pedir el pase en la empresa constructora desde donde fue derivado a la ciudad de Tacuarembó donde vivió los últimos años construyendo capillas para el Gauchito Gil…”

En la Universidad de la Patagonia San Juan Bosco de Esquel, más precisamente en sus pasillos se rumorea que la foto retrata al Licenciado en Ciencias Económicas, Carlos Alfredo Baroli Según un informe de la Cátedra de “Cómo sacar la moneda sin romper el chochán” la perspicacia y obsesión por las estadísticas de Baroli lo habría llevado a colocar esta foto hace muchos años en ese estratégico emplazamiento dotada de un complejo y diminuto sistema de cámaras escondidas que transmiten hacia una computadora todos los egresos, ingresos y chusmeríos de quienes diariamente asisten al Banco Nación y por medio del cual Baroli manejaría una información sustancial a la hora de dictar clases con una base estadística de primera fuente, pero otros prefieren creer en hechos sobrenaturales. Citamos ejemplos:

* “Para mi esto es cosa de mandinga, si una vez logré sacar la foro carnet de debajo del pesado vidrio y cuando se la llevé al Licenciado Baroli al intentar sacarla de mi billetera noté como la misma estaba vacía y además me tiraba tarascones”
(Gonzalo Romano – Diario el Oeste, Abril de 1983)

* “Juro por dios y la virgen que una vez entré a a puro martillazos contra el vidrio hasta lograr sacar la foto y al llegar la policía a arrestarme quise mostrarles que se podía retirar esta fotografía y al entregarla en mano al comisario algo increíble pasó, en lugar de la foto del Licenciado Baroli, en mis manos había una una figurita de álbum del 89, exactamente la de José Luis Cucciufo en la mejor época de Boca. El comisario no me creyó o se hizo el otario y me colocó entre rejas injustamente”
(Rodrigo Gajardo – Diario Jornada, Octubre de 2003)

* “Es una señal de Dios y el Papa Francisco, nos está diciendo que deberíamos canonizar a Baroli y hacerle una gruta devocional en el ingreso del Banco Nación para dejar de hincharle las pelotas a San Cayetano que está hasta las bolas en estos tiempos y tener nuestra propia santidad del trabajo”
(Vero Bonifacio – Diario La Portada Diciembre de 2015)

Si bien ninguna de estas hipótesis ha sido corroborada por las autoridades municipales, desde Buenos Aires, jerárquicos del Banco Nacional estarían pensando y ya dando directivas firmes para trasladar el Banco Nación hacia terrenos nuevos en pos de desprenderse de aquella fotografía que, aunque han intentado incontables veces de retirarla y arrojarla lejos de Esquel, ésta misteriosamente regresa a la tarima en el ingreso al Banco Nación de Esquel a mano derecha entre la madera y el vidrio desde donde un hombre con barba medio canosa, camisa a cuadros ha despertado el interés de la comunidad científica mundial y entidades de investigación paranormal como la revista “Qué Julepe” dedicándole hasta dos editoriales.
Ver para creer. Usted, vecino de Esquel ¿pudo ver la fotografía?

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Cultrumcheros, calamares anfibios de la Patagonia”

(Leyenda patagónica)

Sin especificar la calle ni altura de la misma ni el nombre de la calle, es evidente que las descripciones amateur que adelantaré arrojarán unas pistas convincentes del domicilio en Esquel donde aún se encuentran dos especímenes de cultrumcheros vivos.
La primera vez que supe de la existencia de estos animales patagónicos fue de niño, hace mucho tiempo, en 1985, andaba un mediodía en bicicleta por un tradicional barrio de la ciudad cuando dos turistas me paran en la calle para que les saque una foto con una antigua y típica casa de fondo. Al encuadrar a la pareja parada feliz en la vereda, dese el otro lado de la calle, por el ojo mecánico de la cámara fotográfica me pareció ver que uno de los dos arboles se inclinó sutilmente como mirando a los retratados por mi, me sobresalté y miré por fuera de la cámara y vi, casi imperceptiblemente, como el árbol en cuestión regresaba a su postura erguida anterior. No me salieron palabras, ni siquiera un de nada ante el agradecimiento de los turistas que ya iban a media cuadra de distancia cuando desde una ranura de la ventana de la casa de los arboles, entre cortina y cortina, me chista haciendo un ademán con la mano invitándome a pasar. Caminé con unos pasos tímidos y alertas entre los dos gigantes e ingresé a la casa donde una viejita, sonriendo tiernamente, me arrimó una silla para sentarme, me convidó un mate y me reveló un secreto milenario.
No se tratan de arboles, aunque para los biólogos, especialistas en flora los llaman a simple vista, coníferas u otros términos científicos. Se trata de los últimos Cultrumcheos vivos de los que se tienen noticia entre los originarios de la Patagonia. Los Cultrumcheos fueron una especie de calamares gigantes y anfibios que habitan el planeta, tanto en tierra como en el agua, desde hace millones de años, casi como naciendo con el agua misma. Estos seres poseen un tronco flaco y largo salpicado de muchos pequeños y cortitos tentáculos más una cabeza tupida cubierta de filamentos verdes con puntas en los cuales cada uno de ellos posee una gota compuesta por una sustancia natural que el mismo Cultrumchero elabora en su organismo. Dichas gotas al caer sobre la tierra provocan en la misma fertilidad por mil años, pero si cae en la piel de los mamíferos, inmediatamente ejerce una sensación de estado risueño, ternura y una conexión eterna con el entorno.
Cuentan tradiciones orales de los originarios nómadas que en cada cambio de estación estos pueblos realizaban fiestas en las montañas junto con los Cultrumcheros que sacudían sus cabezas festivas salpicando de gotas a todos los hombres y mujeres que bailaban a carcajadas limpias alrededor de una gran fogata, mientras entre risa y risa, besaban el suelo, bebían agua y agradecían al cosmos los frutos de la tierra, el agua de los ríos y la risa que purificaba los espíritus nobles de este rincón del mundo.
Lamentablemente, con la legada de los europeos, más la sangrienta conquista del desierto, no sólo diezmaron pueblos originarios en la Patagonia, sino que se dedicaron a extinguir, casi por completo, a los Cultrumcheros, ya que estos brutos adjudicaban a los calamares anfibios de la Patagonia propiedades diabólicas que sumergían a los seres humanos en la lujuria, el ocio, el pecado y los alejaba del progreso, según la mirada colonizadora.
Luego de la charla con la anciana sobrevino inmediatamente la imagen de los dos turistas a los cuales les saqué la foto y como mientras se iban, escuchaba sus carcajadas a la vez que tomados de la mano danzaban entre risa y risa alrededor de los arboles y plantas de esa cuadra como si se tratara de ritual de agradecimiento a la tierra, a la vida. Supe que el árbol, perdón, el Cultrumchero si se había inclinado sobre la pareja y seguramente alguna de sus gotas había regado sus cuerpos.
Ya en la vereda despidiéndome de la anciana, juramos un pacto secreto del cual varios esquelenses conocen y fortalecen. Una vez a la semana pasamos por esta casa de Esquel y, asegurándonos que nadie nos ve, danzamos junto los Cultrumcheros en clara señal de gratitud a la risa y a la tierra, rogando día a día que alguna vez tendremos descendencia de Cultrumcheros esparcidos por la ciudad, la región, hasta volver a poblar de estos míticos seres la Patagonia devolviéndole a esta esquina del universo una cósmica risa que fue desterrada violentamente por los conquistadores.
Y así fue, amigo mio, que aquel mediodía no fue un mediodía común y corriente, sino una apertura en el conocimiento y un nuevo compromiso vital con la historia y la cultura olvidada. Todo esto lo intentaba pensar razonablemente, pero una cascada de carcajadas y amor sobrevenían en mi repentinamente bajo la mirada seria y asustada de algunos transeúntes a quien no les podía contar que el guacho de uno de los Cultrumcheros acababa de salpicarme con una gota de su magia, una gota de savia mística de esos dos últimos calamares anfibios que habitan en Esquel.
Atrévase, vecino, arrímese a los Cultrumcheros junto a su familia y amigos con respeto y deje que una de esas lagrimas lo riegue de risas, de amor y dance sin temor ni prejuicio, la Mapu reirá con usted en mutuo agradecimiento.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Columpio parca”

(Leyenda patagónica)

En la Plaza del Barrio Estación, en Esquel, la sobriedad es ley. Los arboles custodian el paso del sol, de las horas y los amores clandestinos. Pocos juegos la habitan. Un sube y baja desteñido, una hamaca que chilla y chilla al compás del viento y el típico tobogán de hierro y madera.
Pero la Plaza tiene su misterio, tiene su historia. Al lado del viejo y gordo maitén, casi escondido detrás de las retamas, se encuentra el Columpio Gris (como lo llaman los vecinos).
Es el único objeto lúdico que los niños por respeto no utilizan. Todos honran el viejo juego que es a la vez sabio como las golondrinas y las cerezas. En cada ocasión que algún abuelito o alguien aquejado por enfermedad terminal monta el Columpio es que se aproximan las horas finales de la vida.
Muchos afirman que el Columpio es un delegado de la mismísima Muerte en Esquel. La semana pasada el Viejo y querido linyera del barrio se despertó temprano. Dormía siempre debajo del banco largo de la Plaza. Dio tres tímidas vueltas a la Plaza y caminó suave, pero firme, hacia el Columpio. Se sentó en la madera roída por los años y tomó las cadenas oxidadas que con hidalguía aun sostienen el misterio.
El Viejito comenzó a hamacarse lento, cerrando los ojos ante la caricia del viento en la frente al ir y en la nuca al volver. Cada vez más alto hasta que su figura bañada de antiguas ropas se confundió con las sombras de las nubes y los vuelos de las bandurrias primaverales. Al día siguiente el Columpio ya no estaba.
El Linyera tampoco. Mi primo, que vive en el barrio Buenos Aires, me llamó recién para decirme que sucedió algo extraño en el baldío de su barrio, al lado de su casa, un viejo con harapos está trabajando solo para instalar un antiguo Columpio en ese predio.
Según parece, la muerte tiene mil caras…y mil juegos.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“El viaje de Amil”

(Leyenda Patagónica dedicada a Humberto Prane)

Sucedió en el valle de Lagmun, al sur de los sueños, allí donde el viento amaina su galope, persiste al paso del tiempo la aldea de los Sehcupam.
Las eras han cobijado ese pueblo sin esmerilar sus costumbres, la pesca de ilusiones en el lago de Los Misterios, la cosecha de melancolías fruto del árbol de los Recuerdos y la producción del licor de la dicha hecho a base de canciones de luciérnagas.
Una noche tranquila, mientras las lechuzas enseñaban filosofía en las copas de los árboles, la pequeña Amil, hija de las nobles hechiceras de Lagmun, guiada por las estrellas peregrinas que emigran todos los años a depositar los deseos de los hombres y mujeres que no olvidan el amor, en los anillos de Saturno, decidió que era la oportunidad para volar en su fiel libélula para recorrer las páginas del cosmos, leer sus secretos, estudiar los mensajes ocultos en el corazón de los cometas y mantener el brillo de la oscuridad infinita que embellece la luz de los planetas.
Los primeros días, los Sehcupam lloraron el viaje de Amil, pero tal lo presagiaba la leyenda escrita en la corteza del primer ciprés, la soledad que su vacío había dejado en las palabras y los anhelos de los aldeanos, corrió su velo para dar lugar a la revelación que salpicó, nuevamente, de sentido, felicidad e imaginación la vida del valle de Lagmun.
Esa noche, el lado visible de la luna volteó para iluminar su lomo, aquella siempre oscura espalda del satélite, para mostrar a los Sehcupam el sentido de su existencia.
Desde el cráter más grande, brotó un arroyo cristalino de las lágrimas que no fueron en vano cayendo en cascada de brincos y saltos, mientras el cosmos le hacía cosquillas en sus burbujas, transformándose en sonrisas de grosellas y llao llaos hasta depositar, en forma de nieve, sus gotas en las montañas contiguas al valle de Lagmun.
Los Sehcupam supieron, entonces, que el lago de Los Misterios tendría cardúmenes de secretos para pescar, riego para los arboles de los recuerdos y néctar para las canciones del licor de las luciérnagas, por los siglos de los siglos, gracias al viaje de Amil.

Calaverita Mateos​ (Esquel)
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“El beso de la Duquesa y el Sacerdote”

– Leyenda patagonica –

Si bien, los esquelenses somos respetuosos con las supercherías científicas y no nos andamos mofando de esas leyendas acerca de un tal Big Bang como nacimiento del universo y de su expansión, tampoco nos creemos la teoría de los Reyes Magos.
Pero cuesta hacerle entender a los turistas y vendedores de telas persas el verdadero origen del Universo y su mantenimiento.
No merece llamarse esquelense aquel que no conoce a Lialia, Duquesa de la Patagonia y Onirepep, Sacerdote orador de los distritos oníricos de los seres humanos.
Ella, tallada por las horas infinitas de las rocas arquitectas de los Altares, diariamente teje historias de ternura con los pétalos de las mutisias que cantan al viento.
El, dibujado por el pincel de la sutileza del felino que soñó Swedenborg, rasguña todas las noches el cielo oscuro para que los mortales no olvidemos la poesía de las estrellas.
Ambos, la Duquesa y el Sacerdote, cuando el Tiempo de arenas y agujas no había comenzado a girar ni caer, se besaron sin el permiso de las reglas metafísicas más conservadores e inventaron el Universo.
Tienen la fatigosa, pero honrosa tarea de custodiar la expansión del cosmos con su dinámica vitalidad.
Si usted no es fanático de las ciencias y sus fantasías, lo invito a acercarse cualquier tarde de sol a las confluencias de las calles San Martin y Volta, obviamente en Esquel, y arrimarse a hasta una de las esquinas donde habita orgulloso un colosal sauce. Tómese el tiempo de los bichos bolitas y siéntese a los pies del majestuoso árbol. agarre dos hojas, una seca y otras verde. cierre los ojos y frote sus parpados con ambas hojas.
Luego, paulatinamente levante los parpados y observe con los ojos entreabiertos el pico más alto del Cerro Veintiuno.
Exactamente a las 18:42 de la tarde, bañados por el sol, verá con sorpresa y emoción como la bella Duquesa Lialia y el Sacerdote Onirepep se funden en un beso tan perfecto, dulce y hermoso que el Universo recuerda su nacimiento y en virtud de ese amor se expande diez años luz mas por los confines de los confines.
Discúlpeme que interrumpa abruptamente este relato, son las 18 horas y me estoy yendo rápidamente a tomar mates abajo del Sauce y esperar las 18:42.
Me gustan los besos que nos dan sentido a nosotros y al Universo.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“El secreto cartón del misterioso telebingo sagrado”

(Leyenda patagónica de los Chasumá)

– Dedicado al Turquito Bestene quien mantiene, estoicamente, el noble oficio de vendedor ambulante en las calles de Esquel sin perder su sonrisa –

El curso de la historia de las culturas que emanan de los cinco continentes tienen sus divergencias, pero también sus puntos de encuentro, uno de ellos es la religión y en ella la relación de estas cosmovisiones místicas con la entidad o entidades más representativas, entiéndase dios o dioses. Los Teólogos y filósofos, como los religiosos, obviamente, han perseguido infatigablemente la verdad sobre este dios o causa primera del universo, infructuosamente.
Aquí nos detenemos un momento y prescindiendo de la tiranía uniformadora de las creencias del viejo mundo, vamos a acercarnos, no sé si a tomarle los pelos de la barba a dios, pero si, al menos, pegarle en el travesaño de las conjeturas acerca de la verdad mística universal y como línea de partida vamos a tomar el libro “Dios está en todos lados, pero atiende en Esquel” del Escritor Manuel Peralta, basado en las investigaciones realizadas en el pueblo de Esquel luego de una revelación mística vivida mientras jugaba un telebingo chubutense extraordinario:

“…Aquella noche, pasadas las veintiuna horas, me dispuse a jugar como cada domingo un cartón de telebingo, nada fuera de lo normal, salvo el hecho de haber comprado por primera vez el cartón al conocido Turquito Bestene en la calle 25 de Mayo y 9 de Julio. Promediando la segunda ronda, con apenas dos números marcados, uno en cada extremo superior del cartón, escucho un número, el tercero para marcar y era en la línea de abajo, curiosamente formando un triángulo con los apenas dos pobres aciertos anteriores, pero fue ahí donde un calor extraño me envolvió, los ojos se me fueron para atrás y sintiendo un coro celestial a lo lejos, como de la pantalla de la televisión apareció la silueta de un hombre con un gorro color oro que poco a poco fue constituyéndose en el rostro del vendedor de telebingos, Turquito Bestene que algo me manifestó…”

Este tramo del libro abre una puerta interesante para los amantes de lo paranormal o de los acontecimientos místicos ya que, por un lado se introduce un nuevo elemento mundano en lo religioso que es un cartón de telebingo y otro es que los milagros no sólo son potestad de los santos. Pero bien, continuemos unos párrafos más adelante del libro de Manuel Peralta:

“…Cómo una voz hija de un eco providencial, el Turquito Bestene me habló en ese trance y me digo – Hola, Tato, has sido bendecido con el milagro de la santa trinidad de los Chasumá, secta mística de Esquel que custodia el secreto divino del universo que yace en la combinación de tres números sagrados ubicados geográficamente en un plano horizontal y cuya conformación triangular oficia de llave para ingresar al santo grial o fuente de la sabiduría…”

Si bien se trata de un libro, varios testimonios dan fe que a partir de aquel supuesto telebingo contado por su autor, Manuel Tato Peralta no volvió a ser el mismo:

* “Me asusté ya que al entrar a casa lo vi con el telebingo en la mano, arrodillado, como orando frente al televisor, pero no había ganado ni si quiera una misera línea”
(Maria Huenu, para Revista Caras)

* “Si, Tato era otro, luego de aquella anécdota que nos contó, cada vez que jugábamos al truco en los asados el exigía cuatro cartas en lugar de tres, aparentemente el número tres algo extraño le provocaba”
(Aramis Loly Ventura, para Diario Página 12)

* “Juro por dios y por Artemio Bock que el mismo día y a la misma hora yo lo vi al Turquito Bestene vendiendo telebingos en el centro de Esquel y al mismo tiempo su cara brotando de la garita de la virgen del Barrio Ceferino.
(Cecilia Bagnato, en una de las cenas invitadas al programa de Mirtha Legrand).

Queda para la posteridad el análisis exhaustivo de las pruebas a corroborar sobre los dichos vertidos por Tato Peralta en el libro “Dios está en todos lados, pero atiende en Esquel”, aunque humildemente lo convido a sacudirse el polvo de sus creencias tradicionales y deje abierta la ventana de las dudas existenciales y permítase, de ahora en mas, cada vez que lo vea vendiendo o le compre algún telebingo al Turquito Bestene, observe con atención que cruza la calle sin ver, prácticamente, como si supiera exactamente la trayectoria y velocidad de los coches, también mire como su caminar cuerpo hacia adelante desafía la ley de la gravedad del eje corporal y, además, las suelas de sus zapatillas apenas rozan el suelo, atreviéndome a decir que cuando nadie lo ve, claramente hay una separación entre sus calzados y la superficie de las veredas, es decir que levita al andar.
Por último, no hago público este conocimiento en desmedro de las religiones oficiales y sus milagros en venta, sólo que lo conmino a darle libertad a su sensibilidad y tal vez, sólo tal vez, podamos ver que a veces las deidades pueden caminar a nuestro lado, quizás sin saberlo somos miembro de la secta de los Chasumá e incluso Dios mismo puede cantar Bingo! por el privilegio de elegir a Esquel como paraíso de la humanidad.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“La sabiduría del Choique”

– Leyenda patagónica –

En una esquina del tiempo me encontré mirando mi propia nuca. Recorridos del ser que se despliegan en varias direcciones, en varios planos, hoy me tope con la espalda que antes estaba detrás de mi.
Imaginé un teje y maneje propias de las normativas del Sutra del Loto, pero no lo acepté. Juzgo inadmisible una rueda de karmas que ya cumplieron los giros del destino. No es posible, murmuré, aun quedan muchos arcos por vencer, libros que esperan ser galopados, melancolías que llegaran rigurosamente, sonrisas que derribaran el tedio de las lejanas siestas norteñas.
Quedan muchas ellas por desvestir y beber. Todavía no!… grité, parado sobre el lomo de un choique que corría velozmente por la agitada serenidad de la meseta patagonica.
Era, según la intuición que talla en la percepción ligera de esa corrida, un animal mitológico que suele rescatar de las penumbras, de los charcos sin afluentes de la vida de los poetas que han perdido la brújula de sus musas. Llegamos hasta la orilla de un río de palabras, de sensaciones y de recuerdos. El choike se agachó a beber. Yo también. El reflejo de mi rostro cansado en la superficie de las aguas de la memoria y el porvenir se vio brevemente interrumpida. Una bella cara. Una Mujer. Ella, precisamente.
El Sutra del Loto se desató y los karmas se disolvieron junto a las estructuras leguleyas del destino. El choike ya corría feliz esquivando neneos tras su labor. Pensando en Ella, las palabras brotaron como el manantial en las arenas ancestrales.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Las gradas del gimnasio municipal de Esquel”

– Leyenda patagónica –

Hace poco tiempo advertí, con sorpresa, que en el Gimnasio Municipal de Esquel han sucedido algunas transformaciones. Todas ellas han mejorado el lugar, arquitectonicamente hablando. Lamentablemente, no han consultado si podían o no arrebatar las historias que se parieron bajo las sombras de las Gradas.
El lugar es ahora un sitio amable para las prácticas deportivas, culturales y sociales, pero una ausencia material me dejó notablemente triste. Acérquese, colega, le voy a contar algunas cositas sobre este Gimnasio, sobre este corazón.
En los años mozos de secundaria el Gimnasio Municipal poseía una cancha, como la de ahora, pero un tanto más austera. Voy a obviar en esta oportunidad una detallada descripción edilicia para detenerme en la materia prima de este entripado que aquí desembucho, para detenerme en un sector particular.
Las Gradas. Mientras en la cancha se debatían intercolegiales furiosos de Volley, Baquet, Fútbol y otros deportes, las Gradas sostenían hinchadas jolgoriosas que victoriaban a sus respectivos colegios con cantos que van desde el afamado “Olé, olé olé, olé, olé olá…” o el tan repudiado por las autoridades del Colegio Salesiano “Normal, compadre la shell de tu madre…”. Pero todos los esquelenses guardamos un secreto y que venga alguien a desmentirlo.
Todos, pero todos, sabíamos que debajo de las Gradas de madera y metal, allí donde las fuertes luces del techo no penetraban sucedían hechos que no quedaron documentados en la historia oficial del Gimnasio Municipal. Allí pululaban aquellos que no se sentían atraídos por las destrezas deportivas ni las infulas de protagonismo, aunque también los que eramos deportistas solíamos asistir con cierta asiduidad a aquel distrito.
Algunos atorrantes que andaban por ahí abajo se dedicaban a churrasquear bolsos y pertenencias de los desprevenidos; bajaban los pantalones de joggins de distraídos muchachos que dejaban al descubierto sus partes frente a un público que no reparaba en señaladas y carcajadas. Obviamente, no faltaban las parejitas que encontraban allí un hueco donde las reglas y las garras de las autoridades académicas y familiares no llegaban.
He aquí lo importante, compadre.
Una noche de Intercolegial, luego de una goleada propinada contra la Politécnica en el primer tiempo, fuimos a estirar los músculos. De repente, entre tablón y tablón de las Gradas, apareció Ella. Era la chica más bella que jamás había visto en Esquel. Curiosamente, leía un libro de Lewis Carrol acomodada entre la maraña de fierros donde había colocado su mochila de escuela a modo de respaldo.
Dejé a los muchachos sin decir nada e ingresé al mundo debajo del Mundo. Me acerqué con timidez. Me vio. Sonrió suavemente. Me senté a su lado y conversamos. Los gritos de las hinchadas y las puteadas de los jugadores parecían haber quedado en stand by. Contó que estaba obligada por los padres y, obviamente por la escuela, a asistir a las clases de gimnasia y a los intercolegiales. odiaba el deporte y los gritos del lugar, pero había encontrado debajo de las Gradas un oasis para satisfacer sus deseos de soledad y fantasía. Me enamoré de inmediato. Pronunció su nombre. Lía. Era alumna del Salesiano, dijo.
De repente el silbato del arbitro y el grito del entrenador nos convocaron al regreso a la cancha. La besé en la mejilla diciéndole que me esperase unos minutos hasta el final del partido. Sonrió. Sonó la chicharra que indicaba el final de la partida. Normal 7 Politécnica 2.
Sin saludar a mis compañeros de equipo rajé hacia las profundidades de las Gradas, pero no la encontré. Pregunté a los mismos sabandijas de siempre que andaban por ahí, pero todos juraban jamás haber visto una chica en aquellos lares. Incluso, describí a los alumnos del Salesiano sobre Lía y la respuesta fue idéntica. No existía ninguna Lía en el Salesiano.
Todos por aquí aún recordamos decenas de historias sobre el mundo debajo de las Gradas del Gimnasio. Ladrones de alta alcurnia. Seres mitológicos que se alimentan con los papelitos con cuento de los chicles Bazooka, fantasmas de jugadores de intercolegiales antiguos que desean regresar a convertir el gol que no concretaron en vida, pero nadie, absolutamente nadie menciona a Lía.
Hay noches en las cuales sueño que aquel encuentro con Lía fue lo más real que me pasó en la vida y que esta vigilia es sólo un mundo sombra de otro mundo. Tal vez sea así.
Quizás nuestra vida esté por debajo de unas Gradas gigantes que pertenecen a un Gimnasio Municipal del Universo y su Intendente, Dios, sólo juega historias picarescas en los entretiempos.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Neneos, movilidad y vigilia”

– Leyenda patagonica –

Registros históricos oficiales han fenecido en los estómagos de bibliotecas regionales, y la música con fritura que nos llega de las tradiciones orales, han optado por callar ciertas verdades.
Una de ellas, El Neneo. Su función en la Patagonia.
Comprender la importancia del Neneo no exige, en este caso, abocarse a las tradiciones académicas biologicistas ni tampoco a la efectiva rigurosidad de la metodología científica. Sino, en este caso, hablaríamos del Neneo sólo como un vegetal que ayuda a evitar la erosión del suelo estepario patagonico.
Para sumergirse en la comprensión del espinoso vegetal, juzgo necesario, optar por caminos alternativos.

Brindo aquí algunas técnicas básicas:

* Elegir un lugar en la estepa patagonica. Ubicarse estrategicamente y a una distancia prudencial de algún grupo de Neneos.
* anotar en una libreta, por medio del uso de GPS o coordenadas latitud longitud, la ubicación de los Neneos cada treinta minutos.
* La sorpresa, el entusiasmo, no deben entorpecer la observación y mucho menos interferir en el cotidiano desenvolvimiento de la vida Neneolistica.

Los resultados obtenidos por quien escribe están inscritos en la investigación de un frondoso grupo de Neneos que habita en la cresta del cordón montañoso que bordea el flanco derecho de la ciudad de Esquel.
A lo largo del trabajo y observación he logrado establecer jerarquías notables entre los Neneos, que varían en tamaño, color y cantidad de espinas.
Lo más sorprendente que descubrí es que el Neneo es uno de los pocos (tal vez el único) vegetal terrestre con capacidad de movilidad y traslado sobre la superficie territorial.
Ahora bien, otro de los puntos sobresalientes y me animo a destacar como central, es que los grupos de Neneos que van desplazándose, lo hacen en función de ordenes ilegibles a nuestros sentidos.
Pero si, he logrado establecer fehacientemente que, estos grupos se asocian, se movilizan y rodean sitios en aparente o concreto peligro. Focos de fuegos, instalación de proyectos forestales, mineros; en definitiva, reaccionan ante nuevos asentamientos humanos.
Los Neneos montan guardias diurnas y nocturnas.
Analizan, debaten, confrontan visiones y delegan la facultad de ejecución de decisiones en el Neneo más antiguo.
El trabajo realizado no es un compendio estático e individual, sino la apelación y convide a respetar a uno de los vegetales más adaptados y distribuidos por toda la Patagonia.
Otro modo de acercarse al conocimiento y sabiduría ancestral Neneoril, consiste en trasladar, con permiso de la Tierra, Neneos a los jardines de nuestros hogares y ubicarlos en sitios convenientes.
Su reproducción controlada permitirá no solo la transformación paradigmatica de la belleza en nuestros patios y jardines, sino la custodia mística de nuestros ambientes familiares y ciudadanos por medio de la interacción inteligente y sensible con estos soldados con los cuales la naturaleza dotó a la Patagonia.

Calaverita Mateos (Esquel)
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