“Triángulo de las desnudas”


Puertita de la industria natural de la vida
pirámide invertida con sed de faraón
copa de jugo que calma mi sed
jardín despeinado por los dedos caracol
planicie donde camina esta lengua ciega
aljibe que vierte jugo sin estallar
pedacito de cielo en busca de cometa
lenguaje de la madre luna
centro de la galaxia de nuestro cosmos
charquito de pecado y pasión
boca que me traga sin resistir
sombra donde engulle al sol cuando quema
puertita de la industria natural de la vida

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Un cabrón con remos de papel”


En estos días de oleaje cabrón, la suerte se ha tomado licencia por duelo, el ojo con parche tiene turno con el oftalmólogo y la pata de palo largó los primeros brotes. El loro se mudó a otros hombros mar adentro y el garfio ha comenzado a oxidarse.
En ronda de truco ligo pocker y en ajedrez mi adversario canta falta envido.
En estos días de sismos en las rodillas de la estantería hasta la soledad invade mi solitaria soledad, los grandes chistes se mudaron de barrio y los enanos del circo ya miden casi dos metros.
Juego a todos los números en la quiniela y sale letra.
La pluma quedó sin tinta y se voló, mientras crecen canas verdes hasta la entrepierna y ya ni mierda para pisar puedo encontrar.
Sin embargo, con este salvavidas de plomo en medio del océano de plumas duvet, el faro de tu voz con fiaca, el eco de tus ojos calibre cuarenta y cinco y los caprichos Prêt-à-porter son mi única certeza, aquí, donde latiste siempre.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Donde anidan los sueños”

* Dedicado al los grupos Cambia la Papa Artes Escénicas y Efectos Colaterales por creer y concretar los sueño de Arte llamado simplemente, Teatro La Juntadera *

Dice una leyenda patagónica que los sueños nacen y regresan a descansar, luego de haber cumplido su misión en el mundo, a unos nidos de amor y magia que habitan las ciudades y sólo pueden ser vistos por los seres cuyas almas entienden que el universo es un juego serio de los espíritus libres.
Noche atrás fuimos junto al Actor Javier Sança a una de las inauguraciones de un supuesto nuevo teatro en Esquel, pero en lugar de un teatro nos encontramos con un nido. Si, como leyó, un nido.
Al principio me pareció extraño, pero a lo largo del desarrollo de la noche fui comprobando mediante los análisis científicos de Giovanna Paola Toneguzzo y la corroboración de su equipo de Obreros “Nidólogos” que, efectivamente, estábamos en presencia de lo que comúnmente denominamos nido, pero en este caso de proporciones considerablemente mayores. Por suerte no asistimos a un foro supersticioso o místico en donde se cree que los teatros nacen de la conjunción entre ladrillos, cemento y chapa, sino según lo sostiene la ciencia en Esquel con dos hipótesis, primero la del repollo como madre de los teatros y segundo, la de la cigüeña peregrina que deposita sus bebés teatritos en los pueblos dignos de la poesía.
Bien, no quiero extenderme demasiado, sólo agradecer a la científica de las palabras Nené Guitart por poner en orden a aquellos que querían arrojar distracción racional sobre nuestras locuras como lo intentó en algunas ocasiones Nuria Etchegno Simlesa; como así también a los Obreros que asistieron al repollo artístico Sebastián J. Pellegrini Ortegai, Malena De Vita Juan Martín Carrique, etc…
No quiero dejar de mencionar, por supuesto, una bandada multicolor de aves exóticas que secundaban aparentemente a la cigüeña chasqui de teatros, que ingresaron revoloteando locas y locos con las plumas brillando de algarabía al tanto que entonaban canciones corales hijas de las migraciones de ayeres y de hoyses, Elda Victoria Griffiths, Graciela Bonansea, Cristina Zuppa, Marta Isabel Golletti, Luis Gómez, entre otros, acompañadas por notas musicales que emanaban de los bigotes tensados en las maderas mimadas por dos duendes serios, pero muy divertidos, padre e hijo, a quienes solemos ver en las esquinas de noche, luna y farol de nuestra ciudad que suelen ser llamados Mario y Federico Mansilla
Dice una leyenda patagónica que los sueños nacen y regresan a descansar, luego de haber cumplido su misión en el mundo, a los nidos de amor y magia que habitan las ciudades y sólo pueden ser vistos por los seres cuyas almas entienden que el universo es un juego serio de los espíritus libres.
Al retirarnos del lugar con Javier Sança nos miramos de reojo y, sin mediar palabra alguna, asentimos con un leve movimiento de cabeza que la leyenda, en realidad, era verídica.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Mi talón de Aquiles”


Experto en pifiadas del zurdo, ando linyereando los estropajos de viejos desengaños entre suburbios y polleras sin resentimiento, pero suele andar sin bozal este semen ciego al que te pido, por favor, no le des ni la hora si querés salir con el corpiño bien prendido, la moral bien arriba y las buenas costumbres sin despeinar.
No se te ocurra desnudar tu tobillo cerca de mi leche, que antes que canten tus muslos te escribo con mi perverso rush blanco dos poemas entre los labios de esas piernas que me beben, nos beben y dejan al desnudo mi talón de Aquiles.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Deportivo Saucelito y el señor de la casa del frente”

(Texto 2016, basado en un hecho verídico de la niñez, Homenaje a Duggy Berwyn)

Barrio Jorge Newbery casualmente hoy funciona una pequeña canchita de futbol 5 en el mismo lugar. Chacabuco, entre las calles Alberdi y Volta, baldío lleno de altos yuyos, sauces chicos y medianos, piedras, escombros y algunas chatarras que daban al galpón donde en la actualidad funciona la cancha del Molino. Años 80, mis primos vivían en la Alberdi a la vuelta del baldío y yo en la casa de mis viejos sobre la Chacabuco a media cuadra.
Obviamente, el baldío constituía territorio propicio para escondites, puntería a puto toscazo y pelotudeo entre los chicos del barrio. Cierto día, cansada la pendejada de jugar al fútbol en la calle Chacabuco con la interrupción de los autos y las puteadas de algunos vecinos decidimos juntarnos con mis primos más otros atorrantes del barrio e ir a proponerle al Señor Del Blanco (propietario del predio sin uso) hacernos cargo de la limpieza del baldío a cambio que nos deje jugar al “fulbito” en las tardes. La negociación fue rápida y excitosa.
Al día siguiente, de los 15 o 20 que solíamos andar fatigando el barrio con travesuras, sólo 7 o 10 pendejos quedamos comprometidos a arremangarnos y a pura pala, pico y carretilla, durante una semana aproximadamente logramos alisar bastante bien el piso del lugar (teniendo en cuenta nuestra corta edad), pelamos de yuyos y sauces todo el terreno, salvo un trozo a medio asomar del sauce más grande malogrador de varios tobillos de jugadores adversarios, que fue el que dio nombre a esa cancha y club barrial “El Saucelito”.
Curiosamente (o no tanto), concluida la ardua labor de limpieza del baldío de Del Blanco, regresó la muchachada del barrio nuevamente y esta vez acompañados de algunos pibes mas, jóvenes del barrio que antes no se arrimaban y también adultos que vieron atrás de aquel alambrado de antes una canchita interesante para jugar al fulbito. Justo, cuando ya dábamos comienzo al primer partido más o menos armado en el nuevo campo de juego, con arcos fabricados con ladrillos, mochilas del colegio y buzos apilados, irrumpe una camioneta al medio de la cancha que entra por el otro lado. Cagamos, dijimos, era el señor de la casa en frente donde por pifies y frustrados penales nuestras pelotas solían caerles en el techo, en el jardín e incluso llegaban hasta su patio. Era el fin de la hazaña barrial. La camioneta frenó en el medio de la cancha, se bajó este hombre mayor conocido por todos en el barrio como Duggy, serio, de pocas palabras, nos miró a todos los pendejos, abrió la compuerta de atrás de su camioneta, sacó una motosierra, la encendió y mirándonos a todos con gesto de capitán nos dijo (lo recuerdo perfectamente):

“Qué esperan, ayúdenme a bajar los postes che, una cancha sin arcos no es cancha”

Y nos obsequió postes de su campo engrasados, firmes, con las grampas que el mismo se encargó de armarnos, cavando los pozos a la par nuestra y en un par de horas el “Deportivo Saucelito” se había convertido en una canchita de barrio, pero de ligas mayores, gracias a la generosidad de un hombre que veía en los chicos la alegría del barrio.
Deportivo Saucelito fue durante años, hasta que mis primos, yo y otros chabones del barrio partimos a estudiar o trabajar hacia otras ciudades lejanas, un club barrial que concentraba no sólo a los chicos, padres y familias de alrededores, sino que llegó generar campeonatos que nuclearon a barriadas de todo Esquel donde no faltaban risas, golazos maradonianos, hinchadas memorables y alguna que otra trompada y pequeña guerra de toscazos (para que negarlo).
Había un baldío, los niños soñaron con un estadio de fútbol barrial, trabajaron incansablemente día y noche para verlo hecho realidad, pero fue la nobleza y amor por el deporte y el futuro de los niños en las manos trabajadoras y la mirada llena de surcos de años e historia de un hombre llamado Duggy Berwyn que dibujó con magia y generosidad la historia de los niños de un barrio que hoy, panzones y pelados, lloramos su partida debajo de un poste de arco de fierro que hoy es parte de una cancha profesional que corre perpendicularmente a la gloriosa canchita “Deportivo Saucelito” que llenó durante años de goles, risas y alegrías a un barrio de Esquel.

* Foto de Andrés Campos, Noticias de Esquel – Página Oficial.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Mi inconsciente se apellida Clítoris”


Qué lo tiró las patas, compadre, por mas cencia que usted le unte al pan tostado de mi sesera, no hay caso, la muy guacha es retobada y no hay riendas que se le puedan poner para encaminarla hacia otras pampas menos polleriles.
Mire que le han chamuyado a mi croqueta, siempre en vano, desde locólogos que juegan con los sacachispas de Freud hasta aquellos que esperan en el área chica de los deseos el corner de Lacán.
Algunas temporadas se han subido al ring de las refelxiones mi conciencia agujereada como el gruyere a tirar guantes con mi inconsciente, ya a esta altura alto gourmet, pero más que boxear se me piantaron ambos tres del cuadrilátero para rajarse de la tarea reflexiva en busca de la pechuga que daba la vuelta en el ring con un cartel en alto que decía primer round.
Debo confesarle, no sin un poco de vergüenza, que mi miopía se cura con unos corpiños puesto de gafas, que me ayudan a ver mejor la vida y fijar la atención hacia donde alumbran los sabios pezones de aquellas tetas bambolean sus guapezas sin pudor.
Sepa comprender, paisano amigo del supersticioso psicoanálisis, usted que trae en el bolsillo de su vacuna el remedio contra los que tenemos la idea fifa en el tercer ojo de la entrepierna, que aunque nos ponga el sello de chiflau en la frente de nuestras obsesiones, no es que andamos mirando el mundo ni plano, ni sostenido por elefantes, sino mas bien, no podemos concebir este planeta mas que como una maravillosa cadera providencial y latina que se mueve compadrita seduciendo satélites solteros que han perdido su órbita.
Le prometo, señor profesional del marulo y a los diplomas que me amenazan desde la pared, que no voy a revolcarme con su secretaria cuando usted se duerma detrás del diván. Eso si, no le firmo el contrato ni en pedo, sobre todo esa cláusula que dice “respete las normas sociales que fijan la monogamia”, ya que por mas camisa blanca con mangas unidas que me han colocado en el hospicio de los que andan enderezando mentes sinuosas, que al primer clítoris que se ponga a trinar en la madrugada de mis deseos, voy a hablarle con mi lengua, pegadita a su piel rosada, poemas secretos y obscenos que suelen hablar el mismo idioma de libertad.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“El lunar de Eva”


Eva tiene un lunar cerca de su boca, como un pequeño y discreto planeta que cae rodando desde el lagrimal hacia la pampa de su mejilla, para descansar. Ella dice que es una pena de barro que quedó aferrada a su piel la tarde de lluvia y calle de barrio, cuando su primer novio le dijo que ya no gustaba mas de ella, pero a mi me parece que no es barro ni es lágrima.
El sábado pasado, mientras tomábamos mates sentados en la plazoleta de la Avenida Fontana, una hojita pintada de amarillo melancólico cayó desde el lomo de una ráfaga de viento hasta posarse entre sus cabellos. En ese preciso instante, un rayo de sol rebelde tomó una curva misteriosa entre los cientos de rayos que no saben de curvas ni dobleces, besó la hoja seca y su rebote de luz iluminó el lunar de Eva. Sin que ella se de cuenta, alcancé a percibir unos signos ancestrales en el interior del lunar, como el lenguaje que escribían en las piedras grises del Lago Futalaufquen, los duendes en las temporadas de nacimientos.
En la superficie oscura de la lunita solitaria en el rostro de Eva, vi sus labios besando los míos en una plazoleta de la Avenida Alvear, mientras un otario bastante parecido a mi le toma la mano al tiempo que le dice que gusta de ella y quiere ser su primer novio.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Rio de lágrimas”


Río Chubut, transparente te llamaron los ancestros
tus aguas, deshielo de injusticias lejanas
frío de violencias presentes
agüita clara habla, por favor
que en tu cauce de verdad
nada la historia de los nadies
los callados por la historia oficial
que hoy cuidan tu tierra, tu transparencia
nuestro futuro
río Chubut, río de lagrimas, señala a los muertes
que se lo llevaron
quiero respirar en tus orillas como
mis hijos te beberán mañana
y desde tu superficie, cielo espejo en movimiento
nos mirarán sus ojos de ternura, lucha y libertad
río Chubut, tejido de hielo y penas
que serpentea esta tierra
como aquellos, te nombro transparente
con su permiso y el tuyo, hoy te llamo también,
Santiago Maldonado….

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Jaque mate en blanco y negro a la moral”


En un bar de poca monta y muchas montadas se plantó el tablero en una mesa de putas, ladrones de bancos y poetas. El elegante hábitat natural de los calaveras.
Sin levantar la mirada, pero con la frente alta, la Reina Morocha abrió la partida. Movió el muslo moreno por debajo de la mesa hasta rozar mi pierna entre la fila de los peones. Disimulé ante los demás, pero la Reina pálida advirtió la primeriada de la adversaria.
Adelanté mi caballo cansado hasta el centro del tablero como para dominar territorio, entonces la Morocha se abrió paso entre las dos torres de mis piernas y su pie izquierdo descalzo se posó sobre mi erguido alfil en casillero caliente.
La Blanca Reina no dejó de mirarme y arriesgó una jugada de pizarrón para dejarme a la intemperie de los demás. Se levantó para ir al baño y dejó caer una servilleta doblada sobre mi falda al pasar. Al desplegarla, una frase escrita con lápiz labial color rojo labio vagina al estilo agresivo de Kasparov rezaba:

“Dos cuadras del bar a mi departamento y 64 casilleros para intercambiar 64 combinaciones en una noche”.

Estaba en jaque. Pedí enroque inmediatamente para quedar al lado de la gringa y lejos del ataque de la Negra.Todo en vano.
La Morocha no desperdició estrategia y comiendo al paso sacó del tablero al borracho al mi lado y copó el flanco derecho. La partida se complicaba ante el avance de las negras y las blancas, entonces decidí mover mis últimas fichas, mandando los peones vivos al frente, un caballo tuerto a patear la mesa llena de esqueletos de botellas, una torre gorda hizo de muralla entre la los compañeros de la mesa y nosotros tres, uno de los alfiles amenazó a los parroquianos si alguno se atrevía a seguirnos, el otro se aprestó entre las piernas a seguir jugando al ajedrez.
Saltamos de la taberna al departamento de la Reina Blanca junto a la Reina Negra.
Dos casilleros después de cerrar la puerta detrás de nuestras espaldas, tropezamos con una añeja botella de whisky y un par de porros con fragancia a sala de espera en la clínica del kamasutra.
La cama de plaza y media no era un continente, pero al menos una linda isla para darle libertad a las perversiones en blanco y negro.
El reloj de arena ya estaba corriendo y la Reina Negra pateó el tablero, sin perder tiempo pero si ropa, de un solo movimiento se comió el alfil. La Reina Blanca ya dibujaba tácticas y estrategias con sus tetas sobre mi rostro.
El buchón amanecer nos mimó la resaca y en un guiso de seis piernas y seis brazos se burlaba del sushi sin carne de los moralistas.
Muerto el Rey, vivan las Reinas y entre las sabanas arrugadas que envuelven el recuerdo de aquella noche asoma una sola moraleja a calzón quitado:
A veces, ser víctima de un jaque mate con sabor a pecado es más delicioso que una victoria con olor a rancia moral.

Calaverita Mateos (Esquel)
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