“Sylvapén y algo mas”


Se me ocurrió limpiar el último cajón del bajo mesada de mis padres, lo quité y lo coloqué sobre la mesa, empecé a ver recetas viejas en papeles amarillentos, corchos viejos, mazos de cartas de varias marcas tratando de completar uno entero, broches y ruleros sin uso y, de repente, como agazapado al fondo del cajón cobijado por la sombra del olvido una pequeña caja de fibras de color Sylvapen sin usar. Miré hacia los costados para ver si alguien observaba y destapé la cajita, extraje la fibra de color negro y sobre un papel arrugado dibujé un garabato que intentaba ser un niño, lo adorné con plantas y arboles con la fibra verde, mientras usaba la amarilla y la azul para el cielo y el sol.
Cuando el dibujo, si se puede decir así, estaba casi terminado me di cuenta que el niño plasmado con la fibra Sylvapen estaba en un lugar muy parecido a la casa de mis viejos y hasta los arboles y el sol se parecían bastante al día que transcurría, también observé que en el borde inferior del papel había como una cajita y en la mano del garabatito humano una especie de lapicera o fibra que empezaba a dibujar un rostro, una silueta que me recordaba mi perfil por la prominencia de la nariz, me asusté, guardé las fibras en el cajón, metí los ruleros, broches y demás chucherías y lo puse nuevamente al final del bajo mesada sin decirle nada a mis padres.
Hasta el día de hoy me persigue una intriga existencial, no se si soy yo el que vivió para dibujar el garabato o el garabato es la vida real que me dibujó dibujando el garabato con las fibras Sylvapen en la casa de mis viejos.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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