“Semilla de conciencia inconsciente”

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Una semana atrás, en la penumbra silenciosa recibí el beso primero del agua, fue entonces cuando comprendí fatalmente mi destino circular.
En los primeros días fueron las convulsiones interiores que precipitaron en el desgarro de mi piel que hoy ya no es ni siquiera eso, luego comenzaron las vibraciones y aprendizaje de las lenguas propias de los espíritus que rigen el subsuelo, aquellas que habían permanecido dormidas en mi sueño de nada. La tierra y yo inaugurábamos un mutuo estar, un nacimiento del ser.
Fruto de una metamorfosis esperada, la extensión de la conciencia (si se me permite llamarla así), se vistió de verde y en una delgada arteria de sangre verde, nueva, la elevación entre la oscuridad logró luego de algunos días rajar la superficie permitiéndome ser encandilado por el primer abrazo de dios.
Hoy, puedo ver a mi alrededor, hay seres similares a mi, algunos más robustos y otros adornados por colores maravillosos que jamás imaginábamos en las profundidades. Estoy vivo, lo se, y estas sensaciones permiten abrazar la existencia, esa que también e inevitablemente algún día será despedida de dios, sed, ceguera y regreso al interior de la tierra donde olvidaré la lengua del nacimiento, pero no la memoria trascendente y circular.
Hay movimiento a exageradas distancias hacia arriba, como un caleidoscopio de formas blancas, grises y casi negras danzan enfervorizadas, mientras su llanto comienza a gotear en las cercanías, es tiempo de crecer.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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