«SE SECÓ LA ÚLTIMA COPA»

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Algunos ven en las paredes sólo un montón de ladrillos, hierro y cemento, pero otros, tal vez aferrados a esa mística idea en que los objetos también son portadores de una energía vital propia, seguramente hoy dejaremos una lágrima en charquito de agua que corre pegado al cordón de la calle 9 de Julio.
Hoy, dos carteles que oficiaron de dagas al corazón, me clavaron sus ofertas en la memoria. «Se Vende», rezaban dos latas blancas con letras rojas.
Si, compadre, aquella esquina se está secando como las hojas desnutridas por el otoño y una vez mas el implacable progreso nos chupa un pedazo de Pueblo, nos churrasquea un pedazo de estética de esas que pintan con oleos puros donde la modernidad enchastra con eficaces plásticos relucientes.
Sobre que estaños apoyarán sus copas los Paisanos de la región.
En qué sillas de antigua madera, las bombachas pampera dejarán su olor a leña quemada de rancho de puestos inhóspitos de la Patagonia.
Qué tristes estarán las mesas marrones que, con hidalguía, soportaron tantos «quiero vale cuatro» y «falta envido» por una botella de vino o quizás por un cuarto de capón.
Ya bajaron sus persianas, cual parpados cansados, las ventanas que otrora miraban orgullosas la bocacalle esquelense. Ya dio su último suspiro la puerta, como una boca que nos da su silencioso adiós.
Entonces, esta noche, cuando estemos cenando con nuestros amigos y familiares en nuestras casas, levantemos nuestros vasos y brindemos, con agradecimiento por resistir al embate del tiempo, gritemos a los cuatro vientos de esta tierra:

«Hasta siempre, Bar La última Copa»

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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