“Raimundo Armando Cartagenas y el Cyranito esquelense”

– Leyenda Patagónica –

En Esquel, en los primeros años de la explosión de Internet y los correos electrónicos, existió un hombre con un oficio. Cartero.
Raimundo Armando Cartagenas era su nombre.
Advirtió con una futura melancolía que la carta manuscrita iba a ceder frente al avance impúdico del correo electrónico.
Pasaban los días y el bolso que albergaba las cartas cada vez pesaba menos. Las computadoras y las conexiones a Internet se incrementaron llamativamente. Cartagenas apeló a una incomoda, peso necesaria decisión si es que quería mantener el trabajo que había heredado de su abuelo a su padre y de éste a sus manos.
Cada mañana al salir del trabajo, escondía en el interior del bolso de los sobres a repartir a su hijo, Matias Anibal Cartagenas, a quien había adiestrado en el uso y técnicas de las artes, especialmente la pintura y las letras.
El niño, mientas caminaban por las calles de Esquel aprovechaba la penumbra que lo albergaba para abrir los sobres, leía las cartas y las adornaba con dibujos memorables. Además, sin perder el sentido original del texto del destinatario, el niño apelaba a su creatividad Shackespereana para meter bisturí en el asunto.
Así, de este modo, cartas de novios abandonados que se arrastraban espantosamente para pedir disculpas a su amada, llegaban a ésta (luego del trabajo de Matias), convertidas en obras literarias que producían en la despechada el retorno a su novio en llantos de emoción y amor.
También metía la mano en cartas de solicitudes laborales que, al ser recibidas por los patrones o dueños de comercios y estancias, estos en realidad recibían pinturas de paisajes cordilleranos realizados a lápiz negro y pedidos de laburos que rozaban las complejidades universales de la imaginación Borgeana. Los jefes sucumbían inmediatamente no solo llamando al desempleado, sino, en muchas ocasiones, nombrándolo subgerente o subdirector inmediatamente.
Así pasaron los años, el E-mail siguió progresando vertiginosamente y la correspondencia en el resto del mundo se desinfló prácticamente hasta desaparecer en algunos casos.
Pero en Esquel y alrededores, aunque utilizamos asiduamente el correo electrónico, aun somos devotos de la carta manuscrita. Esa que lleva el aroma de la tinta y el papel.
No hemos perdido el gesto de sorpresa al recibir un sobre, leer el remitente, cortar uno de los extremos del sobre y extraer el contenido esperando ser favorecidos con las destrezas de Matias Anibal Cartagenas.
Raimundo Armando Cartagenas se jubiló. Vive en una casa del Barrio Don Bosco. Según cuentan rechazó ofertas laborales de Bill Gates y Steve Jobs para mejorar la calidad artística de los correos electrónicos y mensajes de textos, pero Don Cartagenas se resistió estoicamente.
Cartagenas juniors, sigue hoy en día con el oficio de su padre e imparte clases en la cátedra de “Mejoramiento sustancial de la correspondencia” en la universidad Conches Upico.
Algunos aseguran que en realidad esta es una leyenda, un mito urbano, pero seguramente lo dicen de puro envidiosos por no haber sido beneficiados con alguna de las obras de los Cartagenas.
Si usted es un escéptico, ya es hora que tenga fe en estas palabras. Y si no me cree, le juro que esto que está leyendo es en un principio una invitación para un te bingo organizado por las Amas de casa divorciadas del Club Independiente. Realmente no se que en que se transformará al llegar a su mano. Qué estará usted leyendo, el original de mi puño y letra o la obra maestra de Cartagenas.
Por las dudas no tire este texto a la papelera de reciclaje. Guárdelo, estimado lector. Sus nietos e historiadores se lo agradecerán.
Aparentemente, Matias Anibal Cartagenas ha trasladado su labor al mundo de Internet, también.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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