“El secreto cartón del misterioso telebingo sagrado”

(Leyenda patagónica)

* Dedicado al Turquito Bestene quien mantiene, estoicamente, el noble oficio de vendedor ambulante en las calles de Esquel sin perder su sonrisa *

El curso de la historia de las culturas que emanan de los cinco continentes tienen sus divergencias, pero también sus puntos de encuentro, uno de ellos es la religión y en ella la relación de estas cosmovisiones místicas con la entidad o entidades más representativas, entiéndase dios o dioses. Los Teólogos y filósofos, como los religiosos, obviamente, han perseguido infatigablemente la verdad sobre este dios o causa primera del universo, infructuosamente.
Aquí nos detenemos un momento y prescindiendo de la tiranía uniformadora de las creencias del viejo mundo, vamos a acercarnos, no sé si a tomarle los pelos de la barba a dios, pero si, al menos, pegarle en el travesaño de las conjeturas acerca de la verdad mística universal y como línea de partida vamos a tomar el libro “Dios está en todos lados, pero atiende en Esquel” del Escritor Manuel Peralta, basado en las investigaciones realizadas en el pueblo de Esquel luego de una revelación mística vivida mientras jugaba un telebingo chubutense extraordinario:

“…Aquella noche, pasadas las veintiuna horas, me dispuse a jugar como cada domingo un cartón de telebingo, nada fuera de lo normal, salvo el hecho de haber comprado por primera vez el cartón al conocido Turquito Bestene en la calle 25 de Mayo y 9 de Julio. Promediando la segunda ronda, con apenas dos números marcados, uno en cada extremo superior del cartón, escucho un número, el tercero para marcar y era en la línea de abajo, curiosamente formando un triángulo con los apenas dos pobres aciertos anteriores, pero fue ahí donde un calor extraño me envolvió, los ojos se me fueron para atrás y sintiendo un coro celestial a lo lejos, como de la pantalla de la televisión apareció la silueta de un hombre con un gorro color oro que poco a poco fue constituyéndose en el rostro del vendedor de telebingos, Turquito Bestene que algo me manifestó…”

Este tramo del libro abre una puerta interesante para los amantes de lo paranormal o de los acontecimientos místicos ya que, por un lado se introduce un nuevo elemento mundano en lo religioso que es un cartón de telebingo y otro es que los milagros no sólo son potestad de los santos. Pero bien, continuemos unos párrafos más adelante del libro de Manuel Peralta:

“…Cómo una voz hija de un eco providencial, el Turquito Bestene me habló en ese trance y me digo – Hola, Tato, has sido bendecido con el milagro de la santa trinidad de los Chasumá, secta mística de Esquel que custodia el secreto divino del universo que yace en la combinación de tres números sagrados ubicados geográficamente en un plano horizontal y cuya conformación triangular oficia de llave para ingresar al santo grial o fuente de la sabiduría…”

Si bien se trata de un libro, varios testimonios dan fe que a partir de aquel supuesto telebingo contado por su autor, Manuel Tato Peralta no volvió a ser el mismo:

* “Me asusté ya que al entrar a casa lo vi con el telebingo en la mano, arrodillado, como orando frente al televisor, pero no había ganado ni si quiera una misera línea”
(Werken Huenun, para Revista Caras)

* “Si, Tato era otro, luego de aquella anécdota que nos contó, cada vez que jugábamos al truco en los asados el exigía cuatro cartas en lugar de tres, aparentemente el número tres algo extraño le provocaba”
(Aramis Loly Ventura, para Diario Página 12)

* “Juro por dios y por Artemio Bock que el mismo día y a la misma hora yo lo vi al Turquito Bestene vendiendo telebingos en el centro de Esquel y al mismo tiempo su cara brotando de la garita de la virgen del Barrio Ceferino.
(Cecilia Gabriela Alvarez, en una de las cenas invitadas al programa de Mirtha Legrand).

Queda para la posteridad el análisis exhaustivo de las pruebas a corroborar sobre los dichos vertidos por Tato Peralta en el libro “Dios está en todos lados, pero atiende en Esquel”, aunque humildemente lo convido a sacudirse el polvo de sus creencias tradicionales y deje abierta la ventana de las dudas existenciales y permítase, de ahora en mas, cada vez que lo vea vendiendo o le compre algún telebingo al Turquito Bestene, observe con atención que cruza la calle sin ver, prácticamente, como si supiera exactamente la trayectoria y velocidad de los coches, también mire como su caminar cuerpo hacia adelante desafía la ley de la gravedad del eje corporal y, además, las suelas de sus zapatillas apenas rozan el suelo, atreviéndome a decir que cuando nadie lo ve, claramente hay una separación entre sus calzados y la superficie de las veredas, es decir que levita al andar.
Por último, no hago público este conocimiento en desmedro de las religiones oficiales y sus milagros en venta, sólo que lo conmino a darle libertad a su sensibilidad y tal vez, sólo tal vez, podamos ver que a veces las deidades pueden caminar a nuestro lado, quizás sin saberlo somos miembro de la secta de los Chasumá e incluso Dios mismo puede cantar Bingo! por el privilegio de elegir a Esquel como paraíso de la humanidad.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

“Las gradas del gimnasio municipal de Esquel”

(Leyenda Patagónica)

Hace poco tiempo advertí, con sorpresa, que en el Gimnasio Municipal de Esquel han sucedido algunas transformaciones. Todas ellas han mejorado el lugar, arquitectonicamente hablando. Lamentablemente, no han consultado si podían o no arrebatar las historias que se parieron bajo las sombras de las Gradas.
El lugar es ahora un sitio amable para las prácticas deportivas, culturales y sociales, pero una ausencia material me dejó notablemente triste. Acérquese, colega, le voy a contar algunas cositas sobre este Gimnasio, sobre este corazón.
En los años mozos de secundaria el Gimnasio Municipal poseía una cancha, como la de ahora, pero un tanto más austera. Voy a obviar en esta oportunidad una detallada descripción edilicia para detenerme en la materia prima de este entripado que aquí desembucho, para detenerme en un sector particular.
Las Gradas. Mientras en la cancha se debatían intercolegiales furiosos de Volley, Baquet, Fútbol y otros deportes, las Gradas sostenían hinchadas jolgoriosas que victoriaban a sus respectivos colegios con cantos que van desde el afamado “Olé, olé olé, olé, olé olá…” o el tan repudiado por las autoridades del Colegio Salesiano “Normal, compadre la shell de tu madre…”. Pero todos los esquelenses guardamos un secreto y que venga alguien a desmentirlo.
Todos, pero todos, sabíamos que debajo de las Gradas de madera y metal, allí donde las fuertes luces del techo no penetraban sucedían hechos que no quedaron documentados en la historia oficial del Gimnasio Municipal. Allí pululaban aquellos que no se sentían atraídos por las destrezas deportivas ni las infulas de protagonismo, aunque también los que eramos deportistas solíamos asistir con cierta asiduidad a aquel distrito.
Algunos atorrantes que andaban por ahí abajo se dedicaban a churrasquear bolsos y pertenencias de los desprevenidos; bajaban los pantalones de joggins de distraídos muchachos que dejaban al descubierto sus partes frente a un público que no reparaba en señaladas y carcajadas. Obviamente, no faltaban las parejitas que encontraban allí un hueco donde las reglas y las garras de las autoridades académicas y familiares no llegaban.
He aquí lo importante, compadre.
Una noche de Intercolegial, luego de una goleada propinada contra la Politécnica en el primer tiempo, fuimos a estirar los músculos. De repente, entre tablón y tablón de las Gradas, apareció Ella. Era la chica más bella que jamás había visto en Esquel. Curiosamente, leía un libro de Lewis Carrol acomodada entre la maraña de fierros donde había colocado su mochila de escuela a modo de respaldo.
Dejé a los muchachos sin decir nada e ingresé al mundo debajo del Mundo. Me acerqué con timidez. Me vio. Sonrió suavemente. Me senté a su lado y conversamos. Los gritos de las hinchadas y las puteadas de los jugadores parecían haber quedado en stand by. Contó que estaba obligada por los padres y, obviamente por la escuela, a asistir a las clases de gimnasia y a los intercolegiales. odiaba el deporte y los gritos del lugar, pero había encontrado debajo de las Gradas un oasis para satisfacer sus deseos de soledad y fantasía. Me enamoré de inmediato. Pronunció su nombre. Lía. Era alumna del Salesiano, dijo.
De repente el silbato del arbitro y el grito del entrenador nos convocaron al regreso a la cancha. La besé en la mejilla diciéndole que me esperase unos minutos hasta el final del partido. Sonrió. Sonó la chicharra que indicaba el final de la partida. Normal 7 Politécnica 2.
Sin saludar a mis compañeros de equipo rajé hacia las profundidades de las Gradas, pero no la encontré. Pregunté a los mismos sabandijas de siempre que andaban por ahí, pero todos juraban jamás haber visto una chica en aquellos lares. Incluso, describí a los alumnos del Salesiano sobre Lía y la respuesta fue idéntica. No existía ninguna Lía en el Salesiano.
Todos por aquí aún recordamos decenas de historias sobre el mundo debajo de las Gradas del Gimnasio. Ladrones de alta alcurnia. Seres mitológicos que se alimentan con los papelitos con cuento de los chicles Bazooka, fantasmas de jugadores de intercolegiales antiguos que desean regresar a convertir el gol que no concretaron en vida, pero nadie, absolutamente nadie menciona a Lía.
Hay noches en las cuales sueño que aquel encuentro con Lía fue lo más real que me pasó en la vida y que esta vigilia es sólo un mundo sombra de otro mundo. Tal vez sea así.
Quizás nuestra vida esté por debajo de unas Gradas gigantes que pertenecen a un Gimnasio Municipal del Universo y su Intendente, Dios, sólo juega historias picarescas en los entretiempos.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Oriana Junco en Esquel”


Gracias a la famosa vedette Oriana Junco por visitar nuestra ciudad y promocionar laguna La Zeta junto a toda su familia. Al respecto Junco declaró: “En la Zeta los Juncos nos sentimos como en casa”.

Próximamente, entrevista con Oriana Junco a orillas de la Zeta.

– Fin –

Gracias Fabian Hernandez
Y Gráfica Muñiz por la colaboración y excelente vibra.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar @ Chubut Esquel

“La agonía de una vieja pala”

(Dedicado a los Obreros sin trabajo)

Los arboles del barrio parecen corcovear ante el ladrido del viento sobre el lomo verde de las calles de tierra, las chapas que no han logrado aferrarse lo suficiente a las maderas de algunas casas, luchan con vigor para no divorciar su arquitectónico amor.
Mis pensamientos se han declarado en retención de servicios, mientras el combustible del termo alimenta con calor el entrevero de yerba que suda mate, exhala melancolía, cuando la mirada con fiaca en las pestañas se enreda en los sonidos junto a la voz de nylon de un señor que se agazapa en la oscuridad de los cables y engranajes de mi vieja radio y dice, no hay otra opción, este es el camino, cuando de repente, un grito agónico interrumpe las plásticas palabras para despertarme de un mal sueño en vigilia.
Alzo la vista e intento prestar atención al llamado que nace en el terreno chico en frente de mi casa, el que aquel obrero logró comprar con años de yugo y recuerdo, como una fotografía antigua, pero cercana, que hace un par de años las manos del trabajador de la construcción no unta de mezcla el pan ladrillo que esbozan una humilde casita de barrio.
Quien me habla, me murmura sus últimas palabras, tal vez, está allí, en frente, el rincón más austero de la obra en pausa, con su quijada de metal aun mordiendo la tierra para no doblegar su orgullo de clase, al tiempo que los escombros asociados a los yuyos van rodeando sus esperanzas toreándolo para que se entregue ante el avance del colonialismo del olvido.
Una vieja pala oxidada, con el mástil de madera dibujado de llagas que las lluvias y el sol le han tatuado con fervor rutinario en estos años sin obreros, sin ladrillos nuevos, no creo que las herramientas sean sólo herramientas, sino también, una voz del pasado, un rumor del futuro, que sigue soñando ser abrazado por las manos nobles de la clase trabajadora, olvidada, ninguneada, que en madera, tierra y metal quieren regresar a construir vida y esperanza.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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