“Mi inconsciente se apellida Clítoris”


Qué lo tiró las patas, compadre, por mas cencia que usted le unte al pan tostado de mi sesera, no hay caso, la muy guacha es retobada y no hay riendas que se le puedan poner para encaminarla hacia otras pampas menos polleriles.
Mire que le han chamuyado a mi croqueta, siempre en vano, desde locólogos que juegan con los sacachispas de Freud hasta aquellos que esperan en el área chica de los deseos el corner de Lacán.
Algunas temporadas se han subido al ring de las refelxiones mi conciencia agujereada como el gruyere a tirar guantes con mi inconsciente, ya a esta altura alto gourmet, pero más que boxear se me piantaron ambos tres del cuadrilátero para rajarse de la tarea reflexiva en busca de la pechuga que daba la vuelta en el ring con un cartel en alto que decía primer round.
Debo confesarle, no sin un poco de vergüenza, que mi miopía se cura con unos corpiños puesto de gafas, que me ayudan a ver mejor la vida y fijar la atención hacia donde alumbran los sabios pezones de aquellas tetas bambolean sus guapezas sin pudor.
Sepa comprender, paisano amigo del supersticioso psicoanálisis, usted que trae en el bolsillo de su vacuna el remedio contra los que tenemos la idea fifa en el tercer ojo de la entrepierna, que aunque nos ponga el sello de chiflau en la frente de nuestras obsesiones, no es que andamos mirando el mundo ni plano, ni sostenido por elefantes, sino mas bien, no podemos concebir este planeta mas que como una maravillosa cadera providencial y latina que se mueve compadrita seduciendo satélites solteros que han perdido su órbita.
Le prometo, señor profesional del marulo y a los diplomas que me amenazan desde la pared, que no voy a revolcarme con su secretaria cuando usted se duerma detrás del diván. Eso si, no le firmo el contrato ni en pedo, sobre todo esa cláusula que dice “respete las normas sociales que fijan la monogamia”, ya que por mas camisa blanca con mangas unidas que me han colocado en el hospicio de los que andan enderezando mentes sinuosas, que al primer clítoris que se ponga a trinar en la madrugada de mis deseos, voy a hablarle con mi lengua, pegadita a su piel rosada, poemas secretos y obscenos que suelen hablar el mismo idioma de libertad.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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