“Mesita de luz, caja de pandora”


Desvelado tal vez por un sueño al que el inconsciente celoso no le permite develar sus códigos secretos me vi obligado por un extraño impulso a darme vuelta en el colchón. Eran las tres y cuarenta y dos de la madrugada.
Casi como un dictamen foráneo, abrí el cajón de la mesita de luz sin saber bien el motivo de tal acto, introduje mi mano como buscando algo que no entendía por y para qué. Tuve la percepción que mi mano se sumergía más y más en la garganta de madera y que a la vez mi brazo se estiraba de manera anormal hasta perder un tanto la sensibilidad del mismo, pero si la sensación que seguía avanzando.
Al cabo de unos minutos (probablemente segundos) me asusté ya que una mano me tocó el hombro, me di vuelta abruptamente y la perplejidad se convirtió en parálisis. Se trataba de mi propia mano emergiendo del cajón de la mesita de luz del otro lado de la cama. Como si se tratara de un ser vivo ajeno a mi, la mano se desprendió de mi hombro y serpenteando la sábana retrocedió en dirección de donde había salido, pasó un instante y mi brazo regresó a su tamaño habitual y pude retirarlo de la mesita donde había ingresado, azorado observé el techo, la ventana y el reloj que marcaba las tres y cuarenta y dos de la madrugada.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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