“Luisa y la ventana mágica”


En la joroba de la montaña está su hogar, confundiéndose con la vegetación que lame las nubes en busca de rocío.
En la cocina con aroma a pan casero con manteca y café con leche hay una ventana con el vidrio quebrado que da al bosque, lugar donde Luisa desayuna todos los días mirando como la vida florece adentro suyo, pero sin despegar su vista de ese rasguño que atraviesa el cristal de arriba hacia abajo con una atención budista. Sus padres se preparan para la rutina cotidiana, mientras Luisa y la ventana dialogan en silencio.
Por la huella modesta de tierra llegamos hasta la casa de mis amigos con mi familia por primera vez. Bajamos del auto con las facturas y torta fritas que iban a acomodarse entre mate y mate. Nos abren la puerta de la entrada, pasan mi mujer e hijos en primer lugar y cuando doy mi primer paso dentro de la casa inmediatamente me llama la atención una ventana en la cocina y un gato parado junto al vidrio del lado de afuera, pero al volver a centrar la vista, el gato no está. Continuamos la charla, mientras nos acomodamos.
Durante toda aquella tarde, por lo menos en tres o cuatro ocasiones me pareció ver nuevamente al gato en la ventana de la cocina, pero no me animaba a comentar nada por vergüenza a ser tratado de loco. Las chicas dieron vuelta el living y repasaron los juguetes una y otra vez, en tanto salimos a caminar un rato y visitar el taller artístico contiguo a la casa.
La noche extendió su primera sabana suave anunciando la hora del regreso a Esquel. Saludos, agradecimientos, ganas de volver. Cuando íbamos saliendo no me aguanté mas y les conté que durante toda la jornada me llamó la atención en la ventana con el vidrio quebrado de la cocina la visión de un gato que desaparecía cuando le fijaba la vista, pensando que llegarían los obvios chistes de ocasión, pero la respuesta de los padres me descolocó, dijeron que Luisa también ve en esa ventana un gato, siempre.
Los amantes de la lógica y la razón levantarán, ante este texto, las banderas de la ilusión óptica. Los más poéticos dirán que los locos y los niños dicen la verdad.

(Dedicado a Luisa, Belit y Jose Badiola​, por la foto del lugar exacto que dio origen a este texto y por esa verdadera “ilusión” compartida con Luisa que llega hasta este día hecha palabras)

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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