«Lucecita en mi tinta»


Ni los tangos huérfanos se acercaron aquella noche a manguearme un puñado de soledades, el garguero de la lapicera agonizaba de sed y el mundo se había hecho tan, pero tan chiquitito, que las metáforas de las mutisias migraron a tintetos más engreídos.
Fue entonces que di el paso que tenía que dar de una buena vez por todas, subí a la parte más alta del techo y me puse a atrapar estrellas. En la madianoche, cerca de la hora que dejamos de existir, para existir, alcancé a atrapar la más chiquitita de una bandada de estrellas, la acaricié, la bañé, alimente, dormí y le conté cuentos de cometas peregrinos, y en la mañana siguiente la dejé en la punta de la nariz de una casa de ladrillos, desde donde emprendió vuelo junto a las otras estrellas.
Esa noche supe que si podía tomar una estrella con la mano y vivir un día con ella, también podría escribir alguna que otra palabra que no se vaya y me deje solo.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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