“Los Chumbotalu y la libertad de las lenguas”


En la Aldea de Archamacay, situada según los mapas apócrifos del Comandante Nahuel Millanelahual, en las costas del río Chumbotalu, en lo que hoy es la región de sur América, sus habitantes llegaron a conformar una civilización altamente avanzada en las artes y las ciencias. Para llegar a tal elevado grado social, consensuaron durante siglos un modo de vida basado en los rituales de adoración, respeto, siembra, riego y cosecha de la lengua oral y la escrita en las hojas de los arboles robustos, ya que creían que cuanto más y diversas formas en que los dioses se comunicaran a través de sus brujos, la pesca, la caza, la fecundación serían prosperas para sus descendientes.
Pero un invierno llegaron miembros de una tribu nómade (sin nombre conocido hasta el momento), que adoraban a dioses sombríos y advertían en las lenguas orales y escritas las garras de paganos ídolos que desviaban la moral de los hombres, en este caso, los Chumbotalu.
Durante algunos años empobrecieron los sembradíos, entristecieron los ríos y lagos, las artes y las ciencias se redujeron a clandestinas actividades realizadas solamente por algunos brujos y brujas en cuevas escondidas en inhóspitas regiones montañosas, hasta que una primavera brava, el cielo se cargó de tantas penas y pérdidas y en siete días y siete noches llovieron tantas lenguas como emplazamientos geográficos existían, mientras las extrañas y suavemente coloridas gotas de agua salpicaban el barro y las cabezas de los habitantes de la tribu, el habla volvió a renacer con mayor fortaleza y junto con el la diversidad para, posteriormente, parir las tradicionales artes y ciencias que engendraron a su vez nuevas y estas multiplicaron hacia otras originando un caudal infinito de libertades que convirtieron a esta tribu en el faro de la sabiduría en esta parte de la Tierra.
Más allá de estos registros, no se conoce cuando desapareció esta tribu, aunque algunos historiadores y antropólogos aseguran que los Chumbotalu decidieron dividirse en cien tribus para llevar el fuego de la libertad de las lenguas hacia otras tierras, hacia otras comunidades originarias.
En el capítulo XI del libro “Chumbotalu” del aventurero y cronista Heraldo Contius, asegura haber sido participe de una secreta reunión de artistas y científicos que oraban, adoraban, custodiaban y divulgaban la libertad de las lenguas y sus expresiones en las sociedades que vivían y trabajaban.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

Deja un comentario