Las Echechienias

(Leyenda patagónica)

Sólo pueden ser vistas a mediados de la temporada de otoño, únicamente en los días donde el las garras sol desgarran las nubes y sus dedos de luz tejen arcoíris con las gotas de la lluvia.
Son las Echechienias, espíritus que nacen de la cópula entre las raíces de los viejos árboles y el trinar de las aves cordilleranas.
Su sutil labor es vital para la continuidad de las demás estaciones, es por eso que solamente pueden ser observadas, de tanto en tanto, por los animales del bosque, por l@s niñ@s aún no bautizados y les ancian@s que han perdido la visión.
Las Echiachienias recogen las hojas secas en la superficie del bosque, las colocan en vasijas de piedras de cuarzo, las mezclan con espuma de las crestas de las olitas de las correntadas de ríos y arroyos y las condimentan con greda, algunas lágrimas de llao llao y después de pisar el mejunje, todas en ronda, durante las noches de luna llena, colocan el brebaje en pequeñas alforjas de barba de ramas de los árboles y volando en plumas de cóndores, llegan a las poblaciones en horas noctámbulas, ingresan por las chimeneas o grietas en las maderas y, sin despertar a las personas, pintan los párpados dormidos con la amarilla sustancia creada en el bosque, para luego retomar el vuelo hacia los bosques cordilleranos.
Aunque no nos percatemos del suave amarillo en nuestros párpados, dicho ritual anual de las Echechienias, nos riega y nutre los recuerdos, encendiendo los engranajes de la melancolía, cuyas lágrimas se canalizan año tras año hasta los altos bosques hasta toparse con los árboles, sumergirse en la tierra y abrazarse con las raíces, preparándose para el otoño venidero ser parte de un nuevo y tradicional ritual de las Echechienias.

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