“Las Culturas, Según La Mirada De Un Boló”

Columna De Opinión en Diario la Portada.

Bienvenido, pase, siéntense, estaba terminando de tomar un mate con yerba de hojas de maitén, mientras lo invito a quitarse el viejo gamulán del concepto “Cultura” que huele un poco a talco y naftalina y cuélguelo en el perchero de los ayeres, tal vez más ratito cuando deba irse quiera prescindir del mismo. Por unos minutos colóquese estas pantuflas tejidas con los dreadlocks de los duendes de nuestros bosques, verá que son livianas, suaves y cómodas para pensar. Tome, sírvase una copa de licor de libertad.

De vez en cuando nos hacemos eco del vocablo Cultura al referirnos a las actividades tradicionales artísticas, llámese pintura, música, literatura y hasta el cine si se anima a ser aún más guacho pulenta

Esta simpática descripción, en realidad, omite algunos inconvenientes para el flujo y desarrollo de los discursos simbólicos que articulan una sociedad, que interpelan a sus habitantes y estructuras, no permitiendo un avance más saludable desde las diversidades que componen una comunidad que se precie de democrática. Entonces, mientras bebe un poco más de licor, le arrimo una posible idea, la de imaginar la Cultura como un organismo vivo compuesto por muchas culturas que la alimentan, no sólo desde su centro, sino formas de expresión que aportan, transforman, movilizan desde variados ángulos y perspectivas; cosmogonías originarias, tradiciones orales y criollas, costumbres de los inmigrantes, como así también y con la misma atención aquellas acciones que provienen de las riberas de lo establecido, identificado en muchas ocasiones con el under.

Le confieso que prefiero hablar de Culturas.

Aquella concepción de Cultura viene ligada hace casi un siglo a las garras del mercado que entiende a la misma como show y no como una serie de pasos, de trabajos, aprendizajes, contradicciones, luchas que fluyen en la savia que amamanta el crecimiento de las identidades en constante movimiento de las sociedades. Apostar económicamente a lo ya establecido (únicamente) es tener miedo al riesgo, a lo nuevo, a permitir que otros engranajes sociales comiencen a motorizarnos.

Una sociedad debe invertir recursos en programas que acerquen, generen y estimulen la igualdad de oportunidades sobre todo de aquellos que están más alejados de los centros de decisión, si al fin las estructuras convencionales de la cultura occidental conocida ya poseen sus propios resortes que históricamente vienen reproduciendo la mirada constante de sus propio ombligos.

Mientras destapo un vino del estío de la primavera anterior, cosecha de Cajón de Ginebra Chico City, le advierto que no estoy peleado con la idea de la economía y las culturas, sino todo lo contrario. Mire, cierre los ojos, sólo visualice por unos segundos su ciudad, Esquel y haga este esfuerzo, fíjese que prácticamente cada hogar posee, al menos, uno de sus integrantes (seguro que mas) que ejerce, enseña, practica algún oficio artístico de manera individual o colectiva. Escuche ese lindo bullicio, son miles de niños, jóvenes, adultos y mayores que son parte de la vida de las ciencias y las artes, Universidad y sus facultades respectivas, Ciefap, Investigadores del Conicet reunidos, Institutos de Formación Artística y formación Docente, centros culturales y teatros municipales e independientes, productoras y realizadores audiovisuales, particulares que comparten sus conocimientos a través de sus clases, boliches de Esquel que se esfuerzan hasta el cansancio para que sus locales sirvan a las expresiones del arte como así también a los debates que se generan en nuestras calles, más estudios de grabación que los dedos de esta mano, grupos de teatros y bandas de músicas en cada esquina, colectivos undergrounds que experimentan con hambre de vanguardia, antiguos y nuevos espacios políticos disputando sus lógicas perspectivas discursivas y podría seguir toda la noche, pero veo que está bostezando y no quiero aburrirlo.

Sólo piense qué sería de este Esquel si, seriamente, sin olvidar nuestra alegre y colorida identidad latinoamericana con esta fuerte e infinita fuerza patagónica, reconoce de una buena vez y por todas que somos una ciudad tradicional y extraordinariamente cultural.

Una vez que nos aceptemos como tal deberíamos, entre todos, fomentar el mercado interno de las producciones culturales fortaleciendo nuestra economía y expandiéndola fuera de nuestras fronteras en la oferta turística. En un solo pestañeo podrá usted ver que convenciones, festivales, ciclos, etc pueden constituir a nuestra ciudad en un polo de conocimiento y de las culturas de toda la Patagonia y con ambiciones nacionales, generadora de recursos económicos unidos al turismo que borre de una vez el estancamiento de las temporadas bajas.

Ups, sepa disculpar, creo que es tarde y los tragos han hecho lo suyo. Le recomiendo no manejar y tómese el vuelo de la bandurria migratoria que pasa en diez minutos por la otra esquina. Ah, con respecto a lo que escuchó, no me de bola, soy sólo un soñador con overol, pero tal vez no sea el único, dijo alguna vez el cantante de la banda esquelense The Picles, Juan Lemmon

Gracias por la visita y ayudarme a pensar bastantito, vuele con cuidado, chau Boló.

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