“La ventana que llora una gota de sonrisa”

(Leyenda patagónica)

– Dedicado a Lucia Paredes & Familia –

Las paredes hablan y las ventanas nos susurran imágenes que dicen más que lo que las palabras quieren decir.
La arquitectura no es un mero conjunto de cálculos, proyecciones y conceptos artísticos plasmados en una obra, sino también la construcción de la identidad de los pueblos por sus habitantes. Así lo refleja esta breve historia que escuché contar a un albañil en la parada del colectivo del barrio Badén, en Esquel.
De profesión Albañil, Don Américo Catrimán trabajó desde muy jovencito en la construcción, principalmente de la mano del Maestro mayor de Obras, Walter Armando Cristiani. Juntos levantaron edificios de instituciones, hogares, monumentos de la localidad siempre con una fuerte impronta artística y moderna, tal vez con la intención que las fauces del tiempo no fagocitaran la historia escrita en los muros de Esquel, pero una obra particular es la que Don Catrimán siempre recuerda como si fuera el primer día. La casa y sobre todo la ventana de la esquina de Avenida Ameghino y Alberdi.
En las décadas que ya cayeron del almanaque, en el siglo XX, se encontraban Américo y Cristiani dirigiendo y colocando los primeros materiales encargados para realizar el diseño del proyecto de aquella vieja, pero tan actual casa cuando una mañana de otoño el Walter se acercó a Catrimán y le dijo en voz muy baja que algo misterioso sucedía con los planos, básicamente con un sector del mismo. Contó que había rediseñado decenas de veces la pared que daba a la calle Alberdi para que la ventana grande y rectangular encargada por los dueños quedara correctamente, pero que todos los días al reabrir los planos para continuar misteriosamente esos cálculos estaban cambiados y expresaban una forma no convencional para una ventana y sobre todo para una casa de un pueblo patagónico tradicional. Don Américo recordando historias orales de sus ancestros le contó a Cristiani que para los antiguos pobladores de estas tierras, las constelaciones son el reflejo, el trazo de la historia de las comunidades que escriben sus memorias en las obras creadas con amor por las manos del hombre y que éstas manifestaciones son tan misteriosas como diversas en sus traducciones edilicias. Recuerdo las palabras de mi abuelo, dijo Américo al respecto:

“…el adobe trabajado a mano es como la escritura de las estrellas y las lunas que nos quieren hablar del futuro que a veces está mudo de memoria y el presente sordo de amor, por eso querido nieto, cada vez que tus manos levanten un rancho, una obra, deja que tu intuición sea la que mande, el universo quiere enseñarte cosas más allá de las fronteras de los sentidos…”

No hizo falta más explicación para dar cierre a la discusión y finalizar la obra según lo planeado, salvo la ventana sobre la cual tuvieron que dar unos vericuetos explicativos a sus dueños a la hora de convencer a los propietarios del cambio en aquella pared, en esa ventana:

– Cristiani: Señora, esa ventana mira hacia los inicios del nacimiento de nuestro Esquel y esa lágrima que desciende suave es la melancolía de un pasado que se desvanece, pero que refleja al mismo tiempo el porvenir de una nueva ciudad.
– Catrimán: Nunca deje, querida señora, tanto usted como sus hijos de observar el paso del tiempo a través de ese ojo cristalino, seguramente encontrará en el respuestas a preguntas que vendrán.

Ambos argumentos sellaron la obra y la casa culminó en tiempo y forma. Pasaron años y en aquella esquina familias vieron nacer, desarrollarse, emigrar y volver a muchas generaciones. Alegrías de vida bañaron desde sus veredas cada ladrillo, como así también el viaje eterno de alguno de sus habitantes a temprana edad. Todo grabado en sus cimientos, todo trazado en las constelaciones, todo reflejado en sus enormes vidrios.
Aquella pérdida había hecho que no sólo sus habitantes, sino los chicos y chicas, muchos de nuestra ciudad perdieran un lugar para las travesuras, para las correrías, para esa mirada clara y cómplice que entre locuras y locuras regalaba una sonrisa, una carcajada de juventud que nos salva para siempre.
La casa a pesar de estar siempre intacta, fue destiñiéndose en su aura que empapaba la avenida, fue enrejando la tristeza en una memoria sin faro, hasta que una tarde primavera, Lula estaba tomando unos mates, mirando a través de aquel cristal con pena que justo en el instante que recibe un llamado a su celular. Se trataba de un escritor de Esquel, bastante insolvente por cierto, que le pedía un favor. Si era posible obtener unas fotografías de esa ventana en particular para poder realizar un texto al respecto. Lula accedió de manera inmediata ya que se encontraba frente a la misma. Previo a enviar las fotos por whatsapp, al levantar la mirada y observar por la ventana, comenzó a sentir que estaba realizando una tontería, algo que sonrojaría a cualquiera ¿A quien le puede interesar una ventana y todavía mas, que se puede escribir sobre algo tan simple? Y comenzó a reír, primero suavemente y luego a carcajadas casi volcando el mate, cuando de pronto entre risa y risa sobrevino el sonido de las carcajas de la niñez, correteando con su hermano al perro grande que custodiaba el lugar desde atrás de las rejas guardianas, le pareció sentir a muchas chicas y chicos jugando, cantando, preparando fiestas, pero sobre todo riendo al compás del director de orquestas de la alegría, su hermano.
La casa hoy ha recuperado el verde y el color. Lula y el escritor de poca monta no han hablado jamás del tema luego de aquella conversación telefónica. Ambos no conocen la historia de Walter Augusto Cristiani ni Don Américo Catrimán. No sabemos si el escritor finalmente trabajó sus líneas sobre la ventana, aunque si conocemos de buena fuente que a partir de aquella tarde de primavera Lula supo, sin saber que las constelaciones escriben las historias de los pueblos sobre sus muros y las reflejan a través de sus cristales, que la ventana no llora más de tristeza, llora sonrisas de juventud.
Las paredes hablan y las ventanas nos susurran imágenes que dicen más que lo que las palabras quieren decir.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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