“La plaza de los recuerdos”

(Leyenda patagónica)

Aunque los arquitectos, urbanistas, ingenieros y odontòlogos marxistas no han logrado confirmar su empírica existencia, todos en Esquel sabemos que existe o al menos un abuelo, algún tío de amigo nos contó de su existencia.
En el Barrio Ceferino de Esquel existe una plaza diminuta. Unos hablan de de cuatro metros cuadrados, sin embargo algunos tuertos dicen que no mide más de metro y medio. Lo significativo de este espacio recreativo es que cuenta con un solo juego y su emplazamiento varía de acuerdo a la luz del sol, la migración de las bandurrias y el precio del arroz integral. Motivos los nombrados que dificultan una tranquila búsqueda.
Los vecinos más viejos del Ceferino dicen que el columpio es modesto. Construido con madera de alerce y en lugar de cadenas posee hilos fuertes trenzados hechos de fibra de achicoria.
Los libros de historia ningunean la plaza y su columpio, pero quienes defienden el valor ético de la tradición oral, afirman que este juego recreativo aparece siempre frente a los ojos de quienes han olvidado un recuerdo.
El parroquiano olvidadizo suele sentarse en el columpio hamacándose suavemente para ser ayudado enseguida por un viento prudente de la patagonia, que lo empuja hasta una altura tal en concordancia con las latitudes y longitudes ocultas produciendo el ingreso a una dimensión paralela en la cual, una sonriente mara patagonica, recibe a los forasteros del otro plano existencial.
La liebre con lentes y sombrero elegante da la bienvenida a los ludicos buscadores de recuerdos perdidos. Mediante una parla propia de las maras patagonicas conduce al recién llegado hasta una biblioteca diminuta ubicada en el interior de una grosella. Ésta contiene en sus entrañas los recuerdos de todos los humanos ordenados por orden alfabético de atrás para adelante.
Una vez que el forastero dimensional, una vez que recupera su recuerdo, debe dejar una colaboración voluntaria afuera de la grosella, en una cajita. Generalmente, las donaciones son frambuesas, frutillas o caramelos de miel.
De regreso al columpio, el individuo emprenderá el trabajo inverso para volver a la dimensión correspondiente.
Si bien, los abogados, escribanos, profesores de geografías peronistas niegan la existencia de tal plaza y su columpio, un quinielero llamado Don Oscar Curuñanco, dice que este juego existe realmente. Se encuentra ubicado en la ochava de la retina de nuestros ojos y quienes aun no tienen vergüenza de reír y llorar cuando sobreviene un recuerdo, con sólo mover la pupila hacia esa esquina de nuestros ojos, produce la inmediata aparición de la plaza, y en el centro de la misma, el columpio de madera de alerce.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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