“La Murga del Barrio Ceferino” – (Leyenda Patagonica dedicada a la Murga Tricolor)

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Es sabido que la música gestiona milagros en las almas con cierta cuota de sensibilidad, pero pocos son los entendidos en el asunto y fuera de él, los que advierten el impacto que tiene esta disciplina artística en la materia de la cual todo el universo, con nosotros incluidos, estamos compuestos.
Caso más patente y manifiesto es el de la afamada Murga del Barrio Ceferino, cuyo número de integrantes merma o sube de acuerdo a las estaciones del año y a la migración de las bandurrias, pero según la cuenta aritmética realizada por King Kong Rivera con un ábaco de madera de maitén guacho, la cifra oscila entre los diez y las treinta y ocho mil personas, dato ultimo que indicaría determinados momentos del año en donde todos los habitantes de Esquel seriamos miembros de la Murga del Barrio Ceferino, aun sin darnos cuenta.
El prodigio de dicha Murga radica en los materiales de los instrumentos que le dan vida, como por ejemplo el parche de los tambores que son de cuero de lomo del Cuero, animal aparentemente mitológico para los historiadores y biólogos, no así para los músicos de la Murga que aseguran conocerlo desde las épocas de sus ancestros, llegando a asegurar que el mismísimo arroyo Esquel mantiene en su cauce un Cuero aun vivo que custodia el Barrio ante el posible avance de inescrupulosos emprendimientos inmobiliarios.
Cuando el río de chicas y chicos de la Murga del Ceferino cae en cascada por las calles hasta llegar a la Plaza San Martin, el repiqueteo del tu tam tu tam va, poco a poco, contagiando los corazones de los vecinos que la escuchan, mientras sus corazones empiezan a latir al mismo ritmo, que es el ritmo con el cual laten los arboles de las plazas y esos colosos de las plazoletas contiguas. Aunque no lo adviertan todos, en ese pestañeo con sonido de los tambores y los corazones existe una conexión no visible, pero firme, entre las raíces de los mencionados arboles, las plantas de los pies de los músicos y la de los vecinos de Esquel que alcanzan a oir el la mistica música sin amo ni patrón.
Cuentan los comerciantes de la zona y el vendedor de pochoclos de la plaza que, con certeza, cada vez que la Murga del Barrio Ceferino encuentra la sintonía rítmica con un número de habitantes de Esquel en comunión con cierta cantidad de arboles de la plaza y las plazoletas, una parejita distraída es alcanzada por el palpitar de los tambores y enciende sus corazones con tanto fuego que inmediatamente se funden en un beso apasionado sellando, de esta manera, un nuevo vinculo amoroso en el Pueblo. Dicen los ancianos que los noviazgos hijos de la magia murguera son de carácter indisoluble, aunque otros dudan de tal dato leguleyo, pero si todos afirman que hay un par de atorrantes todos los domingos en las inmediaciones de la plaza esperando la llegada y arranque del tu tam tu tam para arrebatarle besos a las mujeres que caminan desprevenidas por los alrededores aduciendo una hipnosis murgueril apasionada.
Lo cierto es que la Murga del Barrio Ceferino existe y es ya el paisaje dominguero de Esquel en sus fines de semanas y feriados y, aunque a ciencia cierta no sabemos si tales prodigios realmente articulan los lazos amorosos de nuestro Pueblo, quienes somos fervientes creyentes de las supersticiones científicas y ortodoxos racionalistas de las certezas mitológicas, preferimos creer esta idea por la cual las artes ejercen una influencia incuestionable en los engranajes amatorios de los bípedos patagónicos, especialmente quienes fatigamos las baldosas de Esquel, y no pensar que una novela mexicana de la siesta puede ostentar dicha noble tarea.
Tal vez, al pensar de este modo, nos arrincone la modernidad en una hoja amarillenta de su comercio vil, pero creemos que al menos es una manera muy nuestra de mirarnos a nosotros mismos y mirar así el mundo, no con aires de superioridad, pero si con la autenticidad de quienes aun queremos ser los fabricantes de nuestros propios lazos sociales, y en el caso que de aquellos que no lo crean así deben ser cuidadosos de emitir blasfemias contra nuestras creencias, sobre todo si andan a orillas del arroyo Esquel ya que es sabido el Cuero tiene el sentido auditivo y sus colmillos muy afilados.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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