«LA CIUDAD SEGURA»

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En la ciudad de Ewils, en la costa Oeste de Irlanda, existe una ciudad que construyó el entramado social a través de una sólida y profunda inclinación hacia la seguridad. Absolutamente todas las actividades y pensamientos de sus habitantes estaban regulados y orientadas hacia una vida ayuna de riesgo.
Los toboganes en las plazas eran horizontales. El fútbol se jugaba con un solo equipo en la cancha por temor a las peleas, y los ciudadanos estaban obligados a salir a las calles con el paraguas abierto para prevenir eventuales lluvias.
La ciudad de Ewils no conocía los robos, los accidentes ni riñas entre vecinas que baldean veredas en horas muy tempranas.
Pese a la avalancha coercitiva de normas jurídicas que obligaban a los Ewilenses a vivir bajo una estricta vida sin sobresaltos ni sorpresas, pero un día todo cambió.
Una tarde el joven Chris Dolber sufrió una profunda tristeza ante el rechazo de la mujer que había amado desde pequeño. Su psicoanalista le dijo que no había problema, ella no era la única mujer, el dolor pasaría y otro amor ocuparía ese lugar.
La explicación le pareció tan vacía a Chris que rechazó semejante argumento con hidalguía. Salió corriendo hacia afuera sin abrir el paragua, corrió hacia la plaza ante la vista atemorizada de los transeúntes. Al llegar al lugar, arrojó el paraguas al suelo, subió al cartel que decía «Prohibido subir a los arboles» y desde ahí trepó hasta lo alto de la copa de un nogal desde donde observó que la ciudad toda se había convertido en un monocordio mar empapado de ausencia de diversidades. Desde la altura, obviando las reglas sociales de buen comportamiento, comenzó a gritar que su rostro era acariciado por una brisa libre, que su corazón palpitaba a causa de la adrenalina que le producía la altura. Por primera vez había escuchado el latido de su corazón. Alentaba a los jóvenes a abandonar los paraguas y mirar hacia arriba donde existían las nubes, el sol y las aves que migraban en verano.
Una vez arribada la tarde, Chris descendió y la plaza se había convertido en un océano bullicioso de jóvenes y algunos viejos.
Por vez primera en décadas el conflicto, el intercambio de pareceres había revivido. Todos debatían acerca de la inmoralidad o valentía del arriesgado joven.
Hoy, luego de aquel día, los niños juegan en toboganes aptos para el descenso. Los equipos de fútbol gozan de buena salud y varios equipos juegan torneos ante públicos que alientan con canciones a veces subida de tono. El riesgo es un valor recuperado en los textos de manuales en las escuelas y el concepto seguridad se debate semanalmente en asambleas barriales.
El Intendente de la ciudad que a su vez era Juez, Comisario y Concejal perdió todo el poder, además de quebrar económicamente ya que la fabrica de paraguas de la cual era dueño entró en quiebra.
El conflicto está presente en Elwis, pero no como valor negativo, sino como el sonido del latido del corazón que nos hace saber que estamos vivos, en movimiento.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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