“El viejo apóstol del río”


Ni las nubes que vuelcan lluvia ni los soleados días que fabrican, sin quererlo, sombras, detienen su orillero andar por las márgenes del río, por las márgenes de la vida. Come lo que le alcanzan periódicamente los vecinos y bebe del mismo cauce.
Algunos aseguran que perdió la cordura hace tiempo en otra ciudad, otros afirman que nació sin el habla, pero algo me dice (sin decir), que su metódica e incansable tarea periódica de levantar cientos y cientos de piedras en la costa del río no es otra cosa que la búsqueda de la palabra divina, aquella que nombra y es la piedra al mismo tiempo, la palabra que nace y da muerte a la palabra, la arquitectura del signo que Dios ha dejado escondida, humildemente, en este rincón del planeta y sólo los elegidos o los valientes osan buscarla.
El viejo del río, en su vagar diario, revela su origen y destino profético, es el apóstol que se reitera siglo tras siglo en las escrituras no escritas.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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