“El turismo místico en Cushamen”

(Leyenda patagónica)
cushamen
El espacio y el tiempo son caprichos del destino. Esta afirmación se hace carne en un pueblo de Chubut, Cushamen, arrojado por la historia en las entrañas de la meseta patagónica.
Quienes conocen la localidad saben que existen dos rutas en sus imaginarios extremos, el ingreso a Cushamen es un camino de ripio y arena que se confunde, al poco tiempo de adentrarse, con la calle principal. Otra, la que oficia de egreso del pueblo, también la constituye la misma materia prima, pero la diferencia entre ambas arterias está dada por el efecto que produce en los peregrinos que llegan al lugar, como las consecuencias al partir del mismo.
La ruta que desemboca en Cushamen, cuentan, proviene de una línea recta desde el sol, aunque nadie se ha atrevido a buscar su origen. El camino que se exilia del caserío al parecer concluye su estático recorrido en el lado oscuro de la luna.
Quienes llegan a Cushamen perciben místicamente el momento exacto del nacimiento, de la concepción propia, en cambio aquellos que dejan atrás el pueblo por la única ruta que vierte la despedida sueñan despiertos con el último suspiro de sus vidas.
Los pobladores de Cushamen son maestros en el conocimiento del karma, pero los turistas desprevenidos se encuentran en la bifurcación de la existencia, ya que la razón no alcanza a rasguñar la comprensión del tiempo y del espacio sin el bozal del tradicional saber.
En Cushamen, aun no se sabe con precisión si la muerte es el nacimiento y si éste es el ocaso de la vida. En el transitar de sus caminos principales, tal vez, está el secreto celosamente guardado por todas las religiones de la historia.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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