“El tren de los Calaveras”

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Para ser sinceros, en esta bandada de gorriones bien paridos no rescatamos ni medio Brad Pitt, pero inflamos el pecho, y la barriga también, cuando sacamos cuentas en el ábaco de estas braguetas con bozal vencido.
No es para hacer roncha en el barrio, señora, pero le aseguro que en el entretiempo de la semifinal contra los Billetera Mata Galán, tuvimos que prestarles dos jugadores y jugarles el segundo tiempo con una pierna sola y un par de noviazgos de hándicap para que el picado sea parejo.
No renegamos del aceite que perdimos en el camino, pero siempre hay un whisky que completa el tanque de nuestras serenatas a balcones con ventanas a medio cerrar y faldas a medio levantar. Ayunos de equipo de marketing, solemos anunciar nuestra llegada sin golpear la puerta ni tocar el timbre, pero se darán cuenta por la fragancia dulce del humo que arroja la chimenea del tren cannabico que nos lleva de un puerto a otro sobre unos rieles sinuosos en busca de princesas cansadas de príncipes azules que se destiñen al primer hervor.
La luna nos sigue alumbrando la sed de besos y las estrellas aun nos dictan poesías que dan en el blanco y, aunque le ponemos varias veces ambas mejillas a los desengaños que no cesan de cachetear, en la libreta del almacén del barrio de los enamorados nos siguen fiando esperanzas por kilo.
No meamos agua bendita, claro está, y a veces hemos abierto la canilla de las lágrimas de algún corazón abandonado al cual nos olvidamos de ponerle curita; pero nos animamos a asegurar sin cruzar los dedos detrás de la espalda, que hemos cosechado más sonrisas libres y sábanas arrugadas que cuando caminamos para atrás con las patas de ranas de nuestras torpezas, sabemos que la luz oscura de un pezón solidario nos iluminará la senda y, al final, habrá un abrazo tierno esperándonos en los labios que no cesamos de besar.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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