“El regreso de las noches de televisión y fuegos artifisangres”

(Imperialismo, el apodo de la muerte)

Casi como un deja vu del infierno, otra vez mi televisión se vistió de luto, pero ese negro extraño con lunares verdes pálidos, como una navidad desteñida que se nos invita desde lejos a festejar lo infestejable.
Qué curiosa son las cosas, me soplan la nuca los alfileres de la memoria que vienen con los ejes sin engrasar haciendo ruido cada diez años aproximadamente, tienen la métrica del loop que repite incesantemente. Ahí anda la pantalla de televisión , nuevamente hipnotizando pupilas trabajadoras, mientras vociferan los “opineitors” profesionales poniéndole títulos sumamente intelectuales a las ya conocidas invasión, destrucción, muerte.
Curiosamente, mientras los platos en las casas achican su sopa, los bolsillos del obrero se vuelven desierto de monedas y la violencia de los mismos dueños del alambrado de siempre saca pecho y se desprende del bozal, los medios de comunicación juegan a ser un casal de teros que gritan como locos llamando la atención para llevarnos hasta ahí, lejos del nido, del origen de las verdaderas causas donde nacen los arquitectos del mal.
Tomando de la punta de un hilo con sangre de pueblos sometidos hoy por Trump, ayer por Bush y así in eternum, pego un tirón y veo que se mueven, también, las estructuras conservadoras de Europa, los nuevos liberales de Norteamérica y las oligarquías de la américa del sur, que cada década salen del letargo con hambre de guerra, colmillos de odio, para succionar las gargantas de los pueblos que siguen aguantando el látigo en la espalda de sus esperanzas.
Y en la pantalla del televisor, nuevamente, se opaca la realidad, se vuelven difusos los enemigos y los aliados, mientras regresan las noches de los fuegos artifisangres.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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