“El pastito con frío en la helada de mi patio”

Hace días que el manchoncito verde en el patio de casa resiste al abrazo frío de la nieve, no le tiene miedo a la helada que le aplasta el lomo hasta hacerle tiritar los dientes de semilla, hay otros pastos, arboles, plantas diversas en este patio, pero quien sabe que ruleta de la vida ha hecho que ese, particularmente ese pastito llame mi atención. 
Tomé dos amargos, salí al patio, cacé la pala y empecé a abrir camino entre la puerta de entrada y el galponcito del fondo, mientras gorriones, siete colores, chingolos, zorzales, se alborotan alrededor pensando que les voy a tirar migas de pan, como de costumbre, pero pierden la algarabía ante el tronar de la pala contra el hielo.
De repente, siento como que observan de atrás, no hay nadie, sólo el omnipresente silencio del invierno ante el descanso de la pala, lo único que me despierta interés es, curiosa mente, el cachito de pasto que hacía un rato miraba desde la ventana. Dejo la pala contra la pared, camino pisando escarcha, llego hasta el lugar, me agacho, respiro y el vapor de mi nariz fabrica fantasmas alrededor del pastito, que tiene dos filamentos largos que parecen antenas, o tal vez son antenas que usó para contactarse de algún misterioso modo conmigo. Vuelvo a seguir paleando huellitia en el patio.
Mañana tengo que ir a trabajar, no creo que ni a mis compañeras ni compañeros de laburo, ni a mi familia les diga que en la mañana fría de este domingo por vez primera en mi vida, tuve la sensación, casi la convicción, que pude hablar con la Ñuke Mapu y ese cachito de pasto en el patio helado de casa, su embajador ante un simple hombre en algún rincón de la Patagonia.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel) 
www.calaveralma.com.ar

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