“El oráculo y lata de dulce de batata”

(Dedicado a aquellos que han sido expulsados del siestema)

Una vieja lata de dulce de batata amorochada por los fuegos en esquineros baldíos, es esta noche olla y también oráculo. Diez fideos mostacholes luchan en la superficie aceitosa contra algunos trozos de papa y un caracú calvo que oficia de mentira en el sabor de los desposeídos.
La mano mugrienta, temblorosa de frío, aquella que no hace mucho tiempo sostenía la máquina en aquella fábrica del pueblo que ya hoy es una mas en las necrológicas de la industria nacional, mete de prepo un cacho de pan entre el rojo sangre de poco tomate que hierve borbotones de bronca. Quiere probar el sabor del tuco que honrará el guiso de los desempleados otra jornada más en la cena de los pobres en la esquina del baldío.
Saca el pan rojo, correando, lo lleva a la boca y se detiene, mientras mastica lento. La luna llena lo ilumina de atrás y alcanza a ver el reflejo de su rostro superficie de la precaria cena dentro de la vieja lata de dulce de batata. Se reconoce en sus propios ojos mirándose desde el calor infernal que lo observa entre las papas y el caracú. Luego de tanto tiempo, recordó su humanidad y la dignidad que el sistema capitalista le arrebató a el, a su familia, su barrio. Mira hacia atrás en donde los demás linyeras esperan emponchados en cartones, bolsas y afiches de campañas políticas con rostros sonrientes, blancos, impolutamente impúdicos de codicia disfrazada de alegría.
Traga con firmeza, disfrutando la delicatessen de este guiso de pobres. Vio algo en el interior de la olla que ya no es olla, sino oráculo. Huele a esperanza el aroma del tomate en la noche del baldío.
Una vieja lata de dulce de batata amorochada por los fuegos en esquineros baldíos, es esta noche olla y también oráculo. Mañana temprano emergerán desde los baldíos de esta tierra millares de soldados, envueltos en estropajos, con olor a tabaco barato, vino en caja, pero van a dejar su dignidad en las calles, tomarán las fabricas, los latifundios, volverán a darle a sus familias una sombra de material para dormir en una cama y sus hijos dibujarán en hojas de canson blancas y nuevas, en la escuela, latas de dulce de batata amorochadas por el fuego de la rebelión junto a corazoncitos, soles, ríos y montañas, recordando que nunca jamás volverán esos afiches impúdicos de codicia a arrebatarles la humanidad.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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