“El ocaso de los bebederos de las plazas”

(Leyenda patagónica)

Junto a un grupo de amigos del barrio: el Chuleta Sosa, el Gringo Camerún, el Zurdo Guevara y el Chicato Casimiro, acostumbrados a enlazar silencios y chistes fáciles en la puerta del almacén de la esquina del barrio, fuimos asistidos abrubtamente y al mismo tiempo, por una cruel revelación, mientras bebíamos una botella de cerveza.
Según Jorge Torres, la revelación consistió más en la consecuencia de la ingesta de media docena de tubos de Quilmes y tres botellas de Resero tinto acompañado sólo de medio salamín y un cuarto de pan felipe, que de la prodiga manifestación de alguna deidad pasajera.
Todos, nosotros (menos Jorge Torres, obviamente), identificamos en una de las migas de pan que cayó al suelo y fue llevada a vuelo ligero en el pico de un gorrión, unas palabras inquietantes:

“Nos han garcado los viejos bebederos de las plazas”

Ante semejante mensaje providencial, todos decidimos salir a realizar inmediatamente un pormenorizado relevamiento de bebederos en las plazas de Esquel, no sin evidenciar cierto andar zigzagueante de los exploradores en cuestión; que según los vecinos, se asemejaba a una patota de rufianes arreando pollos hacia el gallinero.
Al anochecer, luego de recorrer e investigar cinco plazas y once plazoletas, el resultado fue aterrador. Los antiguos bebederos habían sido birlados por el tiempo, por alguna insensible ordenanza municipal o bien por algún mercader de nuevos bebederos de lata, aprovechando el sueño de los vecinos en las noches frías de invierno.
Sólo un bebedero sobrevivió. Por suerte llegamos a tiempo. Está ubicado en una plaza a la cual no delataremos, por miedo a avispar perejiles.
El mismo se encuentra atrás de un banco de madera, oculto por una vieja retama.
Al acercarnos, a paso lento, mitad por la intriga y mitad por la borrachera, nos percatamos de algo maravilloso, el gorrión aquel que nos churrasqueó la miga de pan para luego revelarnos el misterio de los bebederos, estaba, precisamente, en el borde del ultimo bebedero de Esquel.
El valiente gorrión dejó caer suavemente el pedacito de miga sobre el seco y oscurecido mármol, momento en el cual una gota, pequeña, casi sin fuerzas, huía agónica del grifo que fenecía, también.
En el instante que el agua y el pan se besaron, otra vez sucedió un hecho fantástico, observamos una nueva y borrosa frase en esa húmeda migaja:

“Apurensen, che otarios, fabriquen bebederos para humedecer las felices gargantas de las plazas”

Hoy, tras arduos meses de negociaciones con autoridades municipales, aquel viejo grupo de amigos de la esquina del almacén del barrio, sin haber abandonado el gusto por los tubos y el tinto, pero si con un objetivo altruista en nuestros corazones, hemos logrado constituir una cooperativa de trabajo, especializada en construir bebederos de mármol para las plazas de Esquel.
Gracias al esfuerzo mancomunado, también exportamos a localidades vecinas y, antes de ayer, una carta del gobierno de Londres nos mandó un encargo de doscientos bebederos para satisfacer la melancólica demanda de las plazas con neblinas del viejo mundo.
Sumándose a las miles de plazas que han recobrado la humedad necesaria para alegrar el garguero de los niños futboleros, las niñas campeonas del elástico y las aves migratorias que ven en los viejos bebederos, el oasis vital de sus cíclicos viajes eternos, creemos estar en el horizonte de nuestras vidas.
Siempre hay que estar atento a las señales del universo. Ese, justamente, es el lema de nuestra Cooperativa: “Bebederos, al Pan Pan”.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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