“El milagro del huevo de Pascual”


Don Pascual es el obrero más antiguo de la empresa de chocolates “Gula” que, como para estas fechas, todos los años, trabajan a destajo para lograr sacar la mayor cantidad de huevos de chocolate para Pascuas, pero este año en particular, debido a la crisis económica social, la venta ha disminuido, los obreros trabajan de mas, cobran menos, no tienen paritarias y, peor aun, el viernes cinco de los laburantes con más trayectoria, como Don Pascual que trabaja desde la mismísima fundación de la empresa, recibieron el telegrama de despido.Don Pascual, ya sin fuerzas para pelear a la patronal, temprano el domingo, antes que se levantara su hijo, se fue en bicicleta hasta la fabrica que lo echó y le pidió al dueño si le podía regalar un huevo para su hijo, ya que todavía no había cobrado el dinero por el despido. El dueño de “Gula” buscó entre los cestos de basura donde se arrojan los huevos de chocolate que salieron fallados y, dándose vuelta hacia Pascual, le dice que no había ninguno en estado aceptable, que lo lamentaba. Atentos a la escena, los pocos obreros que aún sostenían en un hilo su trabajo, mordiéndose los labios, apretando los dedos y alguno llorando, dejaron sus puestos, juntaron unos pesos, se lo arrojaron en la mesa de la oficina del jefe y sacaron el huevo más colorido, lleno de confites y con un bello juguete en su interior y se lo entregaron a Don Pascual, quien entre sollozos y gracias entre cortadas, los abraza, los saluda, les agradece y les dice que los espera siempre en su casa, que es chica, pero de corazón grande, y emprende a pedaleada firme el regreso a su casa.Estacionó la bicicleta en la reja, entró, y su hijito venía en medias, lleno de legañas hacia la cocina cuando se encuentra con su papá, Don Pascual, atrás de un enorme huevo de pascua, colorido, lleno de chirimbolos. El niño toma un mate cosido, Pascual unos mates con galleta y llegan a un acuerdo, ir a la vereda a compartir el huevo de chocolate gigante con los demás pibes y pibas hijos de obreros y desempleados de la barriada. Salen, en un par de minutos hay un hermoso alboroto en la vereda, muchas niñas y niños con la jeta llena de chocolate juegan y sonríen, cuando de repente, Oscar Robles, el dueño del almacén del barrio, conmovido por lo sucedido con el despido y con el gesto de Don Pascual para con el barrio, se acerca, se limpia las manos con el buzo, sucias de trabajar en el deposito de mercaderías , le chifla al viejo ex obrero de la fábrica “Gula” y le dice:
– Don Pacual, estoy muy cansado para estar al frente del almacén, necesito que alguien responsable y confiable se haga cargo ¿Quiere el laburo? Hay buena paga, eh.- Oscarcito, es muy amable de su parte, sería un honor ¿Cuándo empezaría?- Aproveche hoy a su hijo y no se canse mucho con la pendejeada del barrio que comienza mañana, tempranito, apenas deje a su hijo en la escuela.- Gracias, Oscarcito, allí estaré.
Esa noche, Don Pascual durmió la mejor noche de su vida. El dueño de “Gula” aquella noche llegó a su casa, como un zombie, por vez primera se sintió inhumano, besó fríamente a su esposa, casi sin mirar le regaló un huevo de pascua, el más chiquito, a sus hijos y se acostó a intentar dormir, pero lloró toda la noche.Los milagros, de vez en cuando, florecen en las barriadas más populares.


– Fin –


Calaverita Mateos (Esquel)

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