“El lunar de Eva”


Eva tiene un lunar cerca de su boca, como un pequeño y discreto planeta que cae rodando desde el lagrimal hacia la pampa de su mejilla, para descansar. Ella dice que es una pena de barro que quedó aferrada a su piel la tarde de lluvia y calle de barrio, cuando su primer novio le dijo que ya no gustaba mas de ella, pero a mi me parece que no es barro ni es lágrima.
El sábado pasado, mientras tomábamos mates sentados en la plazoleta de la Avenida Fontana, una hojita pintada de amarillo melancólico cayó desde el lomo de una ráfaga de viento hasta posarse entre sus cabellos. En ese preciso instante, un rayo de sol rebelde tomó una curva misteriosa entre los cientos de rayos que no saben de curvas ni dobleces, besó la hoja seca y su rebote de luz iluminó el lunar de Eva. Sin que ella se de cuenta, alcancé a percibir unos signos ancestrales en el interior del lunar, como el lenguaje que escribían en las piedras grises del Lago Futalaufquen, los duendes en las temporadas de nacimientos.
En la superficie oscura de la lunita solitaria en el rostro de Eva, vi sus labios besando los míos en una plazoleta de la Avenida Alvear, mientras un otario bastante parecido a mi le toma la mano al tiempo que le dice que gusta de ella y quiere ser su primer novio.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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