«EL LIMÓN Y EL ALEPH»

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No se inmutaron las luciérnagas que vigilan las nueces verdes que cuelgan de los nogales en el valle de innombrable. Tampoco se sorprendieron los chucaos, que añoran el sabor de la brisa peinando al viejo ciprés.
Lo cierto es, que sucedió cerca del alambrado que divide el terreno de la vigilia del campo donde las reglas oníricas rigen sin cesar. Me vi sorbiendo el jugo de un limón gigante, tan grande que los textos antiguos no osaron imaginar el árbol que lo sostendría. Las lágrimas, hijas de la acidez, en cascada galopaban las mejillas buscando cauce. Haciendo cauce.
La saliva salvaje brotaba sin tabú de mi boca que no era boca, sino el entramado mitológico de las vastas culturas que fueron, que son, como aquellas que no han sido pensadas, aún.
Desperté, entonces.
El limón en el patio de la casa de mi abuela parió el Aleph.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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