“El Fulbito & el Football”

(Insolvente reflexión sobre nuestro actual juego)

No suelo escribir mucho sobre fútbol, salvo ocasiones que movilicen el ejercicio de la palabra y en este caso frente a la derrota de nuestra selección ante Francia lo hago casi como una necesidad del pensamiento ante la interpelación del corazón.
Quiero acotar un par de cosas antes de mover la pelota en este texto, no soy una persona que mire mucho fútbol por televisión (casi nada), ni sigo campeonatos. Si, obviamente, partidos que contengan en sus disputas jugadores que van a poner en funcionamiento la rebeldía frente a la uniformidad de juego. La razón por la cual no veo fútbol por televisión es que el recorte de la parcela del juego me impide, necesariamente, concatenar las estrategias que están sucediendo en el verde rectángulo, a veces lejos del esférico, pero no por ello con el mismo valor que la portación del mismo, es decir, la transmisión de un partido de fútbol me priva, justamente, del goce del partido de fútbol propiamente dicho. Quien lee el comienzo de estas insolventes letras con justa razón objetará que la mirada sobre este deporte carece de conocimiento del mismo, a lo que inmediatamente quiero aclarar para despejar dudas, que soy un asiduo visitante de las canchas de mi pueblo, tanto las oficiales como aquellas que nacen de algún potrero esquinero, como mero espectador que busca en esos momentos los destellos de arte. Además, de jugarlo con cierta regularidad, puedo jurar sin temor alguno que el campo de juego de fútbol es uno, sino el único territorio donde me siento naturalmente cómodo y con la seguridad de poder desenvolverme mayormente con la dignidad suficiente como para abrevar en sus entramados y de ellos verter algunos conocimientos para compartirlos con quizás dos o tres personas que se tropiecen con esta publicación.

Aclaro, también, que no deseo para nada se lleve usted de aquí un elogio a la melancolía de los jugadores que dibujaron nuestras humildes destrezas de calle y clubes de ciudad, sino todo lo contrario, un intento por no deslindar el juego más popular del mundo de los contextos en los cuales se ve inmerso históricamente y para ello, puedo acudir por ejemplo a la idea de la transmisión de un juego bellamente complejo por televisión que sirve como único nutriente a quienes se forman y educan en el fútbol trasladando de esa manera ese recorte de la realidad a la práctica en sus clubes y escuelas.
Dos alusiones de dos grandes pensadores me son necesarias para apoyarme en esta observación. Pese a que algunos como Borges (A quien admiro profundamente) se refiriera al fútbol como 22 hombres atrás de un pedazo de cuero palabras más palabras menos, ciertamente es que una breve recorrida por la estructura permite ver rápidamente que se trata de dos sociedades, cada una de ellas con sus propias pulsiones de fuerza, jerarquías en conflicto, virtudes y miserias humanas, que conviven constantemente y, como si esto fuera poco, esas dos sociedades deben entrar en conflicto por la posesión sin las manos (Detalle que agrava la complejidad) de una pelota a la cual deben trasladar hacia el territorio adversario para colocarla en el interior de tres caños que forman un arco. Válgame dios si no estamos frente a una enorme complejidad.
La segunda referencia es sobre Messi, quien Dolina acertadamente ha descrito como un jugador extraordinario por su eficacia de estar siempre donde hay que estar para llevar adelante una efectiva colocación del gol y, previamente, no recibir el esférico en situaciones de dificultad, más aún en su club Barcelona donde está rodeado de notables jugadores. Pero Messi, pese a su brillantez eficaz, no florece, no nace de situaciones adversas o complicadas en donde la resolución rápida de conflictos lo amerita.

Regreso a mis torpes reflexiones y agrego que desde la irrupción voraz de la maquinaria comunicacional de las nuevas tecnologías (No estoy en contra de ellas para nada) en las transmisiones de fútbol, sus repeticiones, trailers e infinidad de programas que centran sus escasos minutos al aire en los tres segundos previos a un gol y el gol propiamente dicho, como así también en faltas de jugadores que se arrastran por el suelo abriendo surcos y tajos, como una proliferación de caras desbordadas de odio y resentimiento insultando, buscando pelea e incluso cercenando partidos en virtud de la gresca misma. Todos estos hechos si bien están dentro del fútbol, sólo conforman un porcentaje ínfimo, muy ínfimo de lo que la belleza y complejidad estructural del juego nos ofrece.
Bien, veamos si podemos continuar un poco mas, los sistemas político culturales de las naciones “desarrolladas” basan sus “logros” en la ortodoxia de sus políticas tanto económicas como culturales, ya que salirse de ellas no sólo está fuera de si quiera un simple planteamiento, sino que dependen de esa ortodoxia atada a un sistema global que no permite, salvo raras ocasiones en la historia, el despegue de otras naciones en “vías de desarrollo”. Entonces, cuando alguno de estos países se rebela frente a la ortodoxia dominante, surgen nuevas alternativas de crecimiento y desarrollo basados en la creatividad, en la imaginación, en la autónoma herramienta que tienen las sociedades (cuando se animan al riesgo) de pensarse desde sus propias capacidades, inyectando nutrientes de estímulos en las virtudes y capacidades, utilizando lo “errores” pasados como monolitos de observación y memoria y no como faros únicos a los que debe volver una y otra vez como los zapatos que tropiezan con la piedra.

Dejemos descansar a los países y, sin olvidarnos de las ayunas reflexiones anteriores, centrémonos en el juego de la Pelota como linkeada a las realidades contemporáneas y traigamos a esta mesa a jugadores que marcaron la historia, la transformaron, crearon escuelas, teorías, re fundaron las estrategias e incluso han dejado abierta la puerta a destellos de la magia para algunos. Podría citar muchísimos en Latinoamérica, pero a los efectos de no aburrir y ser más sintético en este poco sintético ejercicio del pensamiento, traigo al pasar a los más contemporáneos para ser más efectivo en la ejemplificación ya que hay documentos visuales a los que se puede acudir para acreditar o refutar Bochini, Ronaldo, Neymar, Ronaldinho, Francescoli, Riquelme y cientos de etcétera, pero me centraré, como ya seguro lo imaginarán, en ese petiso engreído y cheronca que se rebeló ante la injusticia del hambre y la desigualdad, como así también ante el amo que dictaba de que manera se debía jugar y cuales eran los límites de las posibilidades deportivas. Diego Armando Maradona.
Diego es el ejemplo perfecto de como una identidad determinada de repente decide rebelarse frente a las normas que, aparentemente, se nos presentan como inamovibles, inquebrantables. Qué nos encontramos en sus piernas, pues bien, de esa zurda aceitada a los engranajes de todo su cuerpo, provenía la tinta con la cual escribió y trazó la historia de la rebeldía y la esperanza con algunas herramientas que están escondidas, oprimidas. La propia imaginación, la prpia creatividad, el propio arte de la innovación que conlleva consigo, también, el ensayo y el error, no sólo la eficacia como mérito primero y último, ya que ésta tiende a privar las singularidades de sus desarrollos productivos. En Diego Armando Maradona (Reitero son miles mas, pero en el 10 es más fácil la visibilización de la idea), brotan nuevos mecanismos de resolución de conflictos jamás antes descubiertos y puestos en práctica y no solo eso, sino que la puesta en marcha de esa nueva inteligencia, mescla de razón, pasión y emoción, pone en jaque y hasta hace tambalear las estructuras preconcebidas de la uniformidad y hace proliferar los caminos de la imaginación y la resolución de problemas en inmediato, mediano y largo plazo.
A que me refiero, dejemos de imitar las frases dichas y repetidas de los “sabios de la pantalla y el micrófono” esas tales como “vamos para adelante” – “Hay que correr como los europeos” – “Aquellos son unas maquinas efectivas”; sino más bien, paremos un cacho la pelota, miremos el campo de juego, miremos a nuestros compañeros, observemos a nuestros adversarios, el tiempo tiene que ser el nuestro, no importa si debemos vlver con la pelota hacia atrás para pensar alternativas de desarrollo y encarar así, con mayor imaginación nuevas posibilidades de ingresar al territorio adversario sin perder la posesión de la pelota. No le tengamos miedo a no transitar la senda que otros marcaron, sintámonos vivos de despejar de maleza el enmarañado cumulo de información que nos llega desde, me arriesgo a citar una película extraordinaria, “La Mátrix” Creo profundamente en el ejercicio de la Creatividad unido inexorablemente a la Identidad (o identidades) como mecanismo de producir unos resultados (y no me refiero específicamente al triunfo) que nos permitan pararanos frente al adversario con mayor seguridad, orgullo y epica.

Para finalizar, le aseguro que muchas veces, entre el barro y las piedras de la cancha detrás de la escuela politécnica he visto más esperanza, imaginación e hidalguía que aquellos soldaditos de la play station y la televisión que, curiosa mente, nos entregan los problemas y las soluciones ya digeridos. Disculpe, se que lo aburrí, no era mi intención, pero tenía que hacerlo antes de salir afuera a la calle con nieve de mi querido Esquel a patear una pelota mientras me “resfalo” en estas palabras que no son más que un cúmulo de peloterías y tontudeces sobre el fulbito.

– Fin –

* Ilustración de Pablo Lobato.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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