“El eterno regreso del batallón de las ni en pedo me olvidas”


De vez en cuando, casi siempre en las noches lijadas por la soledad, descorchan sus mañas los fantasmas de añejos amores.
Hacen fila india para clavar sus colmillos de marfil en el cogote de la Bic que tose y tose tinta con ganas de buscarle camorra al cuore retobao. Así, montadas en las alas de colibríes quilomberos, regresan ellas a hacerle pito catalán a los alzheimer del corazón.
Vuelve la Doctora en Caprichos a erosionar la siesta de las tranquilidades. Bailando murgas aparece por la esquina la chismosa envuelta en su lengua filosa. Remando en contra de un río de lagrimas viene la Poeta en su velero de versos y prosas.
Montando guardia en la puerta de entrada de mi libertad hace pucheros la Licenciada en celos. Se dan un beso de lengua furioso la morocha que se viste los cuernos que le regalé en una voltereta de burdel con la gringa que me dejó la sabiola como un alce cada vez que se me daba por parpadear.
Sacan pecho las desopilantes arquitectas de las bombachas con entrada libre y gratuita, pero vienen también las calladas y tímidas que destapan sus perversiones cuando renguean las luces y los barullos.
Salta por detrás de un poste de luz la Princesa sin reino, pero enseguida la taclean las del grupo de Bagartos con el Si a en la punta de la lengua. Vienen rezagadas, pero vienen las que derrochan belleza por doquier junto a esas con aletas y bigotes bautizadas como bagres en el registro civil de los atorrantes. Pensé que se había olvidado, pero no, otra vez me guiña el ojo la que me dice ni en pedo te enamores de mi, mientras le paga mi viaje de ida al taxista.
Y en un unicornio azul con lunares amarillos, viene al galope con una bolsa de justos reclamos la Filosofa con la semilla para plantar un niño, escribir un árbol y tener un libro. Hacen bochinche en mi capocha y alborotan el corazón tantas polleras inquietas, pero le ruego dos oraciones y media a la Santa Melancolía para que no las deje ahogarse en el mar de los olvidos.
Sin ellas no hay tinta, no hay palabras, no hay arte. No soy.
Con tropiezos y pifiadas, juro cuidarlas a capa y espada en estas pobres manchas llamadas palabras.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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