«EL ADIÓS A UN GRANDE»

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Son bravos los años que llevan ahí, firmes. omnipotentes gigantes de madera con la cabellera verde, pero, como diría el Zorzal, algo plateada por las nieves del tiempo.
Hija de la imaginación de quien diseñó el trazado de las tres avenidas principales, las ramas de estos colosales guardianes de la tierra y los cielos de nuestra ciudad, han sostenido estoicamente su pecho de corteza y savia, frente al embate del viento, la caricia fresca de la nieve y los tajos imprudentes de recién enamorados tallando con navaja, en la piel antigua, un corazón y en su interior un «Carlos y Matilde».
Muchos, como ignorando la vida misma, pasan a diario al lado de de nuestros bellos gigantes vivos. Van hacia sus trabajos. Deben facturar un poco mas hoy. Tal vez no han tomado el café con leche, como el ayuno de sueños e imaginación en el que se encuentra la memoria de sus pupilas.
Pero hoy, mientras veía al coloso, ya manco de sostener nidos y chimangos peregrinos, durmiéndose al fin, frente al cordón Esquel que lo crió y lo vio crecer, lo supe con certeza.
Otro hijo de hojas y ramitas vendrá a ocupar el lugar del Padre. Los vecinos de la misma plazoleta e incluso los de otras avenidas, lo adiestrarán en la disciplina de afrontar los inviernos y cuidar de los pichones escondidos en sus follajes.
Pero nunca debemos olvidar que, por debajo de la ciudad, las raíces de todos estos soldados del verdor, se nutren del agua, los minerales y la historia de un valle que sigue aprendiendo a cuidar sus montañas, sus ríos, el aire que respira.
Que las raíces de ellos son las raíces de la misma ciudad y que mientras las cuidemos, cada muerte de estas torres de madera, implicará la llegada de uno o más hijos a las plazoletas y, nuestros hijos, cuando dejen de lado lado por un rato la playstation podrán observar como, los Colosos de las avenidas de Esquel siempre se miran y dialogan con las montañas y, si uno afila el oído, escuchará el murmullo de las leyendas que atesoran sus ramas, convidando historia sabia en la savia de sus vidas.
Hoy, cuando pasé caminando por Alvear y Sarmiento, no pude más que mirar con tristeza, pero con emoción hacia el futuro y decir, solo, al viento de la ciudad tal vez:
«Adiós a un Grande»

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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