“Domingo extraño”


Tengo una mañana con legañas en el bolsillo trasero del pantalón, y un domingo con dentadura postiza mordiéndole el pescuezo a la resaca.
Los murciélagos del barrio, entonan una opera con los violines de los fantasmas de los grillos que murieron sin saber que murieron. Saben que no saben que saben.
Las veredas, aunque se esfuercen, no son rectas ya. Pero me animo a imaginar una puerta, un picaporte, un viejo piso, una sola silla y la vieja mesa de madera en la que Charles Bukowski escribió su último verso antes de marcharse para siempre, en una borrachera de letras y angustias.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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