“Discursos dis cursos”


Adentro, en el salón calefaccionado de conferencias, se sube al atril, acomoda el micrófono, bebe agua de la copa y cual pastor de medianoche en la televisión ensaya una sonrisa de plástico en rostro de roca, escondiendo detrás de la calma new age los colmillos de los lobos de Wall Street. Sus palabras enjuagadas en lavandina, inodoras, insípidas, adormecen, distraen la atención de lo central, mientras internamente desea el fin de la conferencia para ir a jugar al más cínico con los amigos hienas que ríen, feas, sin lograr saciar su gula de sudor y lágrimas trabajadora. Sabe que hay poco tiempo entre el atril, el auto alta gama, el hoyo de la cancha de golf, el caviar y el champagne extra brut, antes de tapar a su hijo con la colcha suiza, suave, comprada en el último viaje a Europa, ya que mañana el niño debe jugar con sus caballos importados en la estancia.
Afuera, en la vereda, se sube al cajón de manzanas vacío, acomoda en el paredón un tetra con algo de vino barato, cual acomodador de góndola de supermercado, al cual ya hace mucho no entra. Sus labios tiritan de frío, ese frío que no deja hablar ni putear, mientras desea que una changa milagrosa le llueva hoy para poder echarle un caracu al guiso del rancho de familias sin trabajo que habitan la esquina, para luego tomarse un Toro tinto en caja, un cacho de pan, y cubrir con lonas y trapos viejos a su hijo que mañana debe levantarse temprano a jugar que maneja un camión, que en realidad es el carro para cartonear y llevar el puchero a la esquina fría, otra vez.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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