“Desierto de palabras”

(La comunicación incomunicada)

En una lejana cercana aldea llamada sin ningún nombre, cierto día llegaron unos seres que se alimentaban del lenguaje, devorando los litros de tintas que inundaban los libros, fagocitando las palabras que galopaban a lomo de la oralidad.
Los aldeanos, primero perdieron la memoria, luego la poesía que los nombraba en colores, los nacía en olores, los vivía en sabores, los moría en diversas diversidades que los amanecía en el alba de las identidades que su identidad; pero un día los voraces se quedaron sin tinta, sin papel y sin las voces de los aldeanos y se vieron obligados a comerse sus propias lenguas y por ende sus recuerdos que al mismo tiempo eran su pasado y su ser presente existencia.
Al cabo de un tiempo no había aldeanos ni intrusos, sólo masas amorfas que deambulaban de aquí para allá cumpliendo apenas siquiera las funciones vitales. Murió la palabra, falleció la memoria, el olvido se olvidó de olvidar a los olvidados y la niebla cegó hasta las causas que movían la razón de la existencia de los adversarios, siendo todo tan monolíticamente igual que hasta los iguales dejaron de ser siendo.
Siento el viento del desierto que borra la fertilidad del habla, tal vez somos una sombra de una lejana aldea llamada sin ningún nombre que sin nombrarnos nos nombra.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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