“Desiderio Calfupán y la Palabra”


Sorpresivamente, Desiderio Calfupán se detiene al costado de una vieja casa abandonada, una voz sin voz trae en sus manos una sola palabra, la misma proviene de las entrañas mismas de aquel montón de ladrillos que aun, estoicamente, sostienen la idea de una vieja estructura.
La Palabra no posee sonido, pero si espacio, no la constituyen las letras, pero si la imagen que su fuerza denota.
La Palabra se filtra por las grietas de los olvidos que Don Calfupán ha dejado que avancen como la maleza sobre la memoria, cuando de repente un recuerdo sin palenque ni destino abraza la Palabra.
Suena música sin sonido y la inercia de la vida despliega autoritaria huelga de movimiento hacia los cuatro puntos cardinales.
Sin letras ni signos reveladores, la lectura simbólica del sentir más la comprensión emocional de la historia no escrita, le permite a Desiderio apreciar la certeza de Dios en una Palabra, esa Palabra es, precisamente, Dios.
Dios es, simultáneamente, la Palabra. De pronto, la casa se derrumba.
La inercia y las cosas remontan su trabajo de tiempo y espacio y Desiderio Calfupán llora sin tristeza, es injusta la soledad del que ha comprendido. En los escombros de lo que otrora fue la casa descansa, agotada, la Palabra.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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