“Deportivo Saucelito y el señor de la casa del frente”

(Texto 2016, basado en un hecho verídico de la niñez, Homenaje a Duggy Berwyn)

Barrio Jorge Newbery casualmente hoy funciona una pequeña canchita de futbol 5 en el mismo lugar. Chacabuco, entre las calles Alberdi y Volta, baldío lleno de altos yuyos, sauces chicos y medianos, piedras, escombros y algunas chatarras que daban al galpón donde en la actualidad funciona la cancha del Molino. Años 80, mis primos vivían en la Alberdi a la vuelta del baldío y yo en la casa de mis viejos sobre la Chacabuco a media cuadra.
Obviamente, el baldío constituía territorio propicio para escondites, puntería a puto toscazo y pelotudeo entre los chicos del barrio. Cierto día, cansada la pendejada de jugar al fútbol en la calle Chacabuco con la interrupción de los autos y las puteadas de algunos vecinos decidimos juntarnos con mis primos más otros atorrantes del barrio e ir a proponerle al Señor Del Blanco (propietario del predio sin uso) hacernos cargo de la limpieza del baldío a cambio que nos deje jugar al “fulbito” en las tardes. La negociación fue rápida y excitosa.
Al día siguiente, de los 15 o 20 que solíamos andar fatigando el barrio con travesuras, sólo 7 o 10 pendejos quedamos comprometidos a arremangarnos y a pura pala, pico y carretilla, durante una semana aproximadamente logramos alisar bastante bien el piso del lugar (teniendo en cuenta nuestra corta edad), pelamos de yuyos y sauces todo el terreno, salvo un trozo a medio asomar del sauce más grande malogrador de varios tobillos de jugadores adversarios, que fue el que dio nombre a esa cancha y club barrial “El Saucelito”.
Curiosamente (o no tanto), concluida la ardua labor de limpieza del baldío de Del Blanco, regresó la muchachada del barrio nuevamente y esta vez acompañados de algunos pibes mas, jóvenes del barrio que antes no se arrimaban y también adultos que vieron atrás de aquel alambrado de antes una canchita interesante para jugar al fulbito. Justo, cuando ya dábamos comienzo al primer partido más o menos armado en el nuevo campo de juego, con arcos fabricados con ladrillos, mochilas del colegio y buzos apilados, irrumpe una camioneta al medio de la cancha que entra por el otro lado. Cagamos, dijimos, era el señor de la casa en frente donde por pifies y frustrados penales nuestras pelotas solían caerles en el techo, en el jardín e incluso llegaban hasta su patio. Era el fin de la hazaña barrial. La camioneta frenó en el medio de la cancha, se bajó este hombre mayor conocido por todos en el barrio como Duggy, serio, de pocas palabras, nos miró a todos los pendejos, abrió la compuerta de atrás de su camioneta, sacó una motosierra, la encendió y mirándonos a todos con gesto de capitán nos dijo (lo recuerdo perfectamente):

“Qué esperan, ayúdenme a bajar los postes che, una cancha sin arcos no es cancha”

Y nos obsequió postes de su campo engrasados, firmes, con las grampas que el mismo se encargó de armarnos, cavando los pozos a la par nuestra y en un par de horas el “Deportivo Saucelito” se había convertido en una canchita de barrio, pero de ligas mayores, gracias a la generosidad de un hombre que veía en los chicos la alegría del barrio.
Deportivo Saucelito fue durante años, hasta que mis primos, yo y otros chabones del barrio partimos a estudiar o trabajar hacia otras ciudades lejanas, un club barrial que concentraba no sólo a los chicos, padres y familias de alrededores, sino que llegó generar campeonatos que nuclearon a barriadas de todo Esquel donde no faltaban risas, golazos maradonianos, hinchadas memorables y alguna que otra trompada y pequeña guerra de toscazos (para que negarlo).
Había un baldío, los niños soñaron con un estadio de fútbol barrial, trabajaron incansablemente día y noche para verlo hecho realidad, pero fue la nobleza y amor por el deporte y el futuro de los niños en las manos trabajadoras y la mirada llena de surcos de años e historia de un hombre llamado Duggy Berwyn que dibujó con magia y generosidad la historia de los niños de un barrio que hoy, panzones y pelados, lloramos su partida debajo de un poste de arco de fierro que hoy es parte de una cancha profesional que corre perpendicularmente a la gloriosa canchita “Deportivo Saucelito” que llenó durante años de goles, risas y alegrías a un barrio de Esquel.

* Foto de Andrés Campos, Noticias de Esquel – Página Oficial.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

Deja un comentario