“Dedos y engranajes”

(Leyenda patagónica)

Todos los domingos en la mañana, Don Atilio Dotoievski, se sienta en una vieja silla deshilachada en el jardín del geriátrico.
En soledad, extiende sus arrugadas manos hacia el Este.
Los rayos del sol se escurren por entre los dedos y besan los surcos de su rostro, de su barba.
Cada una de las yemas de sus dedos representa un planeta del sistema solar más el Sol y un cometa que divaga rumbos en el universo y jamás hemos visto.
Una vez, Don Atilio le dijo murmurando a su hija, ya fallecida, que mientras el movía los dedos, movía también, estrategicamente, los planetas y el Sol para confundir al gran cometa que, según los antiguos, en alguna noche de la historia colapsará contra nuestro planeta.
Los vecinos que pasan por la puerta del geriátrico se hacen los otarios. Lo saludan amablemente, pero ruegan que sus dedos nunca dejen de jugar.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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