“De ladrillos, puentes y pompas de jabón”

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En el mismo pueblo, de vez en cuando, la ironía maneja los hilos y las tramas.
Las esquinas de algún barrio la soñaron en vida, construyendo con ladrillitos y burbujas, casas locas, castillos de arena que obviaban la aritmética y la geometría.
También los arboles de algunos baldíos lo vieron a él, edificando torres con semillas de grosella y corinto, avenidas con el agua del rocío tempranero.
Durante más de tres décadas, sus laboriosas islas fantásticas estuvieron separadas por el mar severo que los mantuvo a distancia prudente.
Vecinas enemistadas con la sensualidad y carpinteros racionalistas dudaban del equilibrio de ambos.
Pero fue así, que los puzzles del corazón también ejercen su autonomía, finalmente. Y tras innumerables ejercicios de la alquimia y la mística, lograron trazar puentes sobre aquel mar, encontrándose en un nuevo pueblo que recién comienza a diagramarse.
Hoy, Ella, teje risas locas y jardines sin espinas. Él, pinta narices rojas en las narices de los sacerdotes, policías y funcionarios desprevenidos.
Ambos, se construyeron a si mismos y, de tanto en tanto, cuando caminan de la mano suspendidos a diez centímetros sobre el suelo, suelen escucharse algunos aplausos tímidos desde el interior de algunas hogares y algún vecino con vergüenza, esboza una sonrisa mientras les dice:
Gracias, por no permitir que estas historias no mueran en las fauces de los océanos de la lógica y la razón.
Gracias por seguir arrojando al mar salvavidas de Amor, rescatando a quienes, vencidos, bajan los parpados de la esperanza.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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