“Chocolate con sorpresa”


Bastó detenerme en un quiosco cualquiera a las diez y media de la mañana, en un rincón del mundo, sólo para comprar un chocolate con sorpresa, para que ella siga entre mis fragancias visuales como una cereza corazón de paloma a la orilla de un pequeño y travieso hilo de agua cristalina galopando cuesta abajo desde una montaña sin nombre.
Esa mañana me comí el chocolate, ella se llevó la sorpresita, el quiosquero siguió vendiendo y su ausencia no es muerte, sino todo lo contrario, sonrisa, comisura con barro dulce y los aromas de la mañana que entran sin permiso por la ventana de la cocina saboreando el anhelo de la fragancia de una cereza corazón de paloma a la orilla de agüita fresquita que vendrá, algún día, a decirme quiero la sorpresita y un beso tuyo.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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